EFEJerusalén

Colonización, colonización y más colonización. Esa es la base de las promesas electorales del primer ministro en funciones de Israel, Benjamín Netanyahu, en esta última semana para hacerse con el voto colono al tiempo que apela a contrarrestar el voto árabe.

Netanyahu pide "un mandato claro" para poder ejecutar su plan. Lo repitió hoy con una de sus últimas promesas: anexionar el asentamiento de Kiryat Arba, a las afueras de la ciudad cisjordana de Hebrón (donde viven más de 200.000 palestinos y unos 800 colonos israelíes, fuertemente protegidos por el ejército) y las colonias judías que están en el mismo casco histórico de esta ciudad, donde se encuentra la Tumba de los Patriarcas, un lugar de enorme valor simbólico para musulmanes y judíos.

El Gobierno de Netanyahu, aprobó ayer, domingo, la legalización de una de los asentamientos del Valle del Jordán, en Cisjordania ocupada, y su expansión fuera de los límites que hoy ocupa.

Lo hizo durante un Consejo de Ministros que se reunió de forma excepcional en esta fértil zona palestina sobre la que el pasado martes, durante una "comparecencia de emergencia", anticipó que será anexionada "inmediatamente", si es reelegido.

Todo pese a que este tipo de acciones unilaterales han sido reiteradamente condenadas por la ONU, no tienen base legal para la comunidad internacional y constituyen una violación del derecho internacional y un obstáculo para una paz justa y duradera.

No es la primera vez que Netanyahu juega la baza de la anexión del territorio palestino. Lo sugirió en las elecciones de 2015 y lo repitió en las del pasado abril. Pero en esta ocasión ha detallado áreas y plazos e, incluso, induce a pensar que lo hará con el respaldo de la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump. De hecho, aseguró que este presentará el llamado Acuerdo del Siglo en los días siguientes a las elecciones.

"Le dije a Trump que planeaba aplicar la soberanía (israelí) a todos los asentamientos" de Cisjordania, señaló hoy Netanyahu sobre un objetivo último para el que la anexión del Valle del Jordán, que hace frontera con Jordania, sería un primer paso.

Más de 130 colonias, con más de 413.000 israelíes ( tradicionales votantes de los partidos de ultraderecha), pasan así a acoger a potenciales votantes del partido derechista Likud, liderado por Netanyahu, que mañana, martes, se juega su quinto mandato como jefe del Ejecutivo, y el cuarto consecutivo.

El Likud se ha mostrado preocupado ante la posible baja participación en sus feudos que reflejan los sondeos internos y que podrían hacer peligrar la reelección, sobre todo cuando las cifras lo igualan en escaños a la coalición centrista Azul y Blanco, que lidera el ex jefe del estado mayor Beni Gantz.

Las encuestas muestran una probable dificultad de los dos principales bloques políticos (derecha, ultraderecha y religiosos por un lado y centro e izquierda por otro) para formar gobierno con amplio apoyo, y abren la puerta a la posibilidad de un ejecutivo de unidad.

Para prevenir el aumento de votos en otras listas que podrían debilitar su liderazgo, Netanyahu ha aumentado las acusaciones de "fraude" electoral entre el sector árabe y este domingo convocó otra "comparecencia de emergencia" para elevar la alerta, después de que el Comité Central Electoral rechazara reunirse con él para abordar este asunto.

El Gobierno israelí pretendió legalizar el uso de cámaras en colegios electorales durante la jornada de votación después de que en abril miles de sus interventores las usaran en centros de votación de poblaciones árabes. La Cámara rechazó el proyecto de ley la semana pasada.

Pero el Likud ha seguido señalando a esta parte de la población - palestinos y descendientes que se quedaron dentro de las fronteras de Israel tras su creación - y que hoy constituyen el 16% del electorado. La reunificación de los partidos árabes en la Lista Unida les posiciona en las encuestas como la tercera o cuarta fuerza más votada.

El cabeza de la Lista Unida, Ayman Odeh, ha sugerido que estaría dispuesto a recomendar al centrista Gantz para la formación de un Gobierno, aunque este no ha manifestado su intención de incluirlo en una coalición.

Gantz parece apostar en los últimos días más por un Gobierno de unidad con el Likud, que podría forzar el exsocio de Netanyahu, el ultraderechista y laico Avigdor Lieberman, de Israel Nuestro Hogar, quien ha dicho que no aceptará demandas de los ultraortodoxos, lo que ya impidió la formación del Ejecutivo después de los comicios de abril.

Cerca de 6,4 millones de israelíes están llamados a votar mañana, en la segunda cita electoral que vive el país en cinco meses, en la que cada voto emitido y también cada abstención contarán para configurar un variado parlamento de 120 asientos.

Laura Fernández Palomo