EFEGinebra

La activista somalí Nimco Ali, abanderada contra la mutilación genital femenina (MGF) y galardonada con el Premio Internacional de los Derechos de las Mujeres 2019, denuncia en una entrevista a Efe el "genocidio en cámara lenta" que supone esa práctica y el cambio de mentalidad necesario para eliminarla.

En Ginebra, donde esta semana recibió el premio durante su participación en la Cumbre de Derechos Humanos y Democracia, Ali, de 36 años y víctima de la MGF cuando tenía siete, subraya que esta práctica "crea pobreza, violencia e inseguridad" y contribuye a discriminar "el recurso más desaprovechado de África, sus mujeres".

Ali, que emigró con su familia al Reino Unido cuando era niña, fundó en 2010 la organización "Hijas de Eva", tanto para ayudar a que esa práctica desaparezca entre las comunidades migrantes como en países como su Somalia natal, donde se calcula que aún afecta al 98 por ciento de las mujeres.

Antes de todo ello, Ali atravesó un duro camino personal en el que tuvo que superar el hecho de que su familia la sometiera a este tipo de ablación, lo que hicieron en Yibuti, en una escala regresando de Somalia, a donde habían ido de vacaciones cuando ya vivían en Reino Unido.

"Había un muro de silencio alrededor, no creo que mi madre o mi abuela lo quisieran justificar pero al mismo tiempo no podían ir contra ello", recuerda, y también rememora cómo la comunidad de inmigrantes africanos en la que vivía veía mal que se quejara del dolor sufrido.

Lecturas como "La cara oculta de Eva", de la feminista egipcia Nawal el Saadawi, ayudaron a Ali a entender que la MGF "era una forma de violencia que en ningún caso te puede definir como mujer" y que era una de las 200 millones de mujeres que vivía con ella.

Ver la injusticia de esta práctica ancestral, que busca que las mujeres no sientan placer sexual y además las pone en riesgo de sufrir infecciones potencialmente mortales, le obligó a afrontar el hecho de que su madre y su abuela fueran responsables de que la sufriera.

"Tuve que llegar a la treintena para entender que no se trata de que mi madre me pida perdón, sino que soy yo la que la tiene que perdonar", señala, y opina que su familia, como muchas, era víctima de la presión social, de provenir de un país donde se veía como raro e incluso daba miedo que una hija estuviera libre de la MGF.

La reconciliación con su familia se demuestra en el hecho de que Ali dedicó el premio no sólo a activistas contra la ablación que le marcaron el camino, como Edna Adan (la que acuñó el acrónimo MGF ante la Organización Mundial de la Salud), sino también a su abuela.

"Vivió en un mundo muy diferente al mío pero a su manera tenía visiones revolucionarias", señala: "Es un ídolo para mí, alguien que me dijo que creyera en mi propia voz".

A través de "Hijas de Eva", Nimco Ali quiere colaborar en el objetivo que la OMS se ha fijado de eliminar la mutilación genital femenina hacia 2030 -una meta que ella considera "tangible"- y salvar con ello de esta práctica a 70 millones de niñas.

Menores de países como Sudán, Egipto, Etiopía o Guinea, donde más del 70 por ciento de las jóvenes sufren la ablación, mientras que en menor porcentaje la práctica también persiste en lugares como Kenia, Nigeria o Chad, y fuera de África, en Yemen o Irak.

"Acabar con la FGM no es sólo poner fin a un acto físico sino también al concepto de ver las mujeres como inferiores", señala, subrayando que los países deben empezar a comprender que "no hay nada que temer de una mujer empoderada".

"La clave no es suplicar en una conferencia que se acabe con ella, sino mostrar a los padres que si quieren que sus hijas tengan éxito eso significa librarlas de la FGM, o no casarlas siendo menores de edad", argumenta.

La activista, implicada también en la política británica, recuerda que en el Reino Unido hay 137.000 mujeres que como ella sufrieron la ablación, y que aunque las cosas están cambiando con su generación, que ya cuestiona la práctica, hay que seguir alerta.

Recientemente, la justicia británica condenó a una mujer de origen ugandés por someter a ablación a su hija de tres años, en la primera condena en el país relacionada con esta práctica, considerada delito en buena parte de Occidente.

Antonio Broto