EFESan Sebastián

"Nunca debió haberse producido". Cuatro palabras que implican un nuevo paso, una década después del silencio de las armas de ETA, en la posición de la izquierda abertzale respecto a la violencia y las víctimas del terrorismo.

"Hoy queremos hacer una mención específica a las víctimas causadas por la violencia de ETA. Queremos trasladarles nuestro pesar y dolor por el sentimiento padecido. Sentimos su dolor y desde ese sentimiento sincero afirmamos que el mismo nunca debió haberse producido, a nadie puede satisfacer que todo aquello sucediera, ni que se hubiera prolongado tanto en el tiempo", reza la que la izquierda abertzale ha denominado "Declaración del 18 de octubre", hecha pública este lunes por el coordinador de EH Bildu, Arnaldo Otegi, junto con el líder de Sortu, Arkaitz Rodríguez.

No se trata de la primera vez que la antigua Batasuna hace públicas manifestaciones de cierta "empatía" con las víctimas de ETA, aunque en esta ocasión, al señalar que su dolor "nunca debió de haberse producido", comienza a aproximarse a lo que el resto de sectores políticos e institucionales exigen la izquierda abertzale: que reconozca la injusticia del dolor causado por ETA y que asuma que matar estuvo mal.

No ha ido tan lejos la declaración de hoy, ni ha sido tan explícita, ya que habla de "un dolor que nunca debió haberse producido", refiriéndose a las consecuencias y no a los actos que las causaron, aunque pueda interpretarse como lo más parecido a un reproche a ETA procedente de ese mundo hasta la fecha.

La declaración leída hoy en el Palacio de Aiete ha incluido otro término que no es habitual en la literatura de la izquierda abertzale: "Ética".

"El compromiso con vías exclusivamente pacíficas y democráticas por parte del independentismo de izquierdas respondía y responde a profundas convicciones éticas y políticas. Es una decisión inamovible y para siempre", sostiene la declaración hecha púbica con motivo del décimo aniversario de la Conferencia de Aiete.

Son expresiones que manifiestan una evolución -diez años después- respecto a anteriores declaraciones más o menos formales sobre el daño causado a las víctimas.

El 26 de febrero de 2012, cuatro meses después del fin de la violencia de ETA, la izquierda abertzale expresó de nuevo con solemnidad su "profundo pesar" por las "consecuencias derivadas de la acción armada de ETA" (hoy ya le denomina "violencia") y también por sus propias posiciones políticas "en la medida en que hayan podido suponer, no de manera intencionada, un dolor añadido y un sentimiento de humillación hacia las víctimas".

Ese mismo año, en septiembre, Arnaldo Otegi, aún encarcelado, pidió sus "más sinceras disculpas" a las víctimas de ETA y afirmó que sentía de "corazón" haber podido añadir, con sus declaraciones, "un ápice de dolor, sufrimiento o humillación a sus familias".

Lo hizo en el libro "El tiempo de las luces", en el que además sostenía la necesidad de utilizar "vías de lucha pacífica y desobediente, tanto por cuestiones éticas como políticas".

Tanto en la declaración de febrero de 2012 como en el libro de Otegi sus disculpas se referían al daño causado por sus manifestaciones públicas y en ningún caso, a los atentados que las convirtieron en víctimas, a las que sí reconocieron, ya entonces, su dolor.

Para entonces, la recién estrenada marca Bildu había dado también algún paso con hechos, como la presencia del diputado general de Gipuzkoa, Martín Garitano, en la celebración del Día de la Memoria en noviembre de 2011 y la asistencia de la alcaldesa en funciones de Zumaia, Arritxu González, al homenaje a Joxe Mari Korta, víctima de ETA, en agosto, dos meses antes de la histórica declaración de la organización terrorista.

Tres años después, el hoy eurodiputado Pernando Barrena acudió al acto de recuerdo a Korta en nombre de Sortu, el núcleo duro de la izquierda abertzale.

Más allá fue en junio 2017 el alcalde de Errenteria, Julen Mendoza, el primero de EH Bildu que organizó y presidió un acto de memoria y homenaje a tres víctimas de ETA, expresamente para ellas, sin disolver el reconocimiento mezclándolas con afectados de "otras violencias", algo habitual en la retórica de la antigua Batasuna.

Pasos, algunos más personales y otros más oficiales, que han contrastado con otras posiciones que han seguido ahondando en las heridas de la víctimas, como la tibieza -cuando no defensa abierta- expresada respecto a los "ongietorris" a los presos de ETA o el rechazo a la pretensión de que se esclarezcan los atentados aún no resueltos.

El problema de los recibimientos a presos de ETA parece estar en vías de ser reconducido, atendiendo a algunas pistas aportadas por organismos como el Foro Social, mientras que la colaboración para esclarecer los asesinatos no resueltos sigue constituyendo una línea roja que difícilmente se traspasará.

Otegi ha dicho hoy a las víctimas que nada de lo que diga podrá "deshacer el daño causado", pero que aún "es posible al menos aliviarlo desde el respeto, la consideración y la memoria". "Queremos decirles de corazón que sentimos enormemente su sufrimiento y nos comprometemos a tratar de mitigarlo en la medida de nuestras posibilidades", ha añadido.

Los hechos futuros confirmarán o desmentirán la sinceridad y el calado del mensaje contenido en esta llamada "Declaración del 18 de octubre".

Rafael Herrero