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El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se prepara para defender mañana su voto en contra de la investidura de Pedro Sánchez, una decisión que adoptó la dirección incluso antes de las elecciones generales y de la que no se ha movido ni un milímetro a pesar del coste interno que ha tenido.

Un coste que ha desencadenado la mayor crisis del partido naranja, con bajas importantes como la del portavoz económico, Toni Roldán, la salida de la Ejecutiva del eurodiputado Javier Nart o la marcha, aunque sea sobre todo simbólico, de Francesc de Carreras, uno de los fundadores de Cs.

Dirigentes que también han sido muy críticos con el giro a la derecha del partido que se define como liberal y de centro y que han censurado los pactos indirectos con Vox.

Otros miembros destacados que han discrepado abiertamente con la negativa de la dirección a facilitar una investidura estable de Sánchez han sido el jefe de la delegación europea de Cs, Luis Garicano, y el vicepresidente de Castilla y León, Francisco Igea, pero hay más integrantes de la Ejecutiva, según han dicho a EFE, que piensan que Ciudadanos no tenía que haber dejado escapar la "oportunidad histórica" de negociar un pacto con el PSOE.

Se trataría así de evitar, lo que todo apunta como probable, que el Gobierno -recalcan- "quede en manos de populistas e independentista" con un apoyo que no sería gratis sino a cambio de contrapartidas como el ejecutivo de Navarra, "aislar a los secesionistas" o una agenda de reformas fiscal.

Algunos además se quejan de que Rivera no se haya molestado en responder a las llamadas de Sánchez y ni siquiera quisiera acudir a una nueva ronda de contactos con el jefe del Ejecutivo en funciones.

Dentro de la dirección de Cs hay también miembros que no dudan en que hay que había que mantener ese "no" al candidato socialista pero sí dejan caer que Sánchez tampoco ha hecho ninguna propuesta ni ha tenido ningún gesto con ellos para atraerse su respaldo.

Sánchez solo quiere apoyos a cambio de nada, explican a EFE, recordando que tras las elecciones de 2015, lo primero que hizo Mariano Rajoy fue ofrecer una gran coalición (PP, PSOE y Cs) y luego, en 2016, después de que el entonces líder popular declinara someterse a la investidura por no tener los apoyos necesarios, Sánchez y Rivera alcanzaron el "pacto del abrazo".

Pero desde el 28 de abril "no ha habido ni un solo papel" de por medio, ni a Podemos hasta el último minuto ni a nadie, aseguran.

Y utilizan ese mismo argumento para justificar que no hay ninguna contradicción en negar la abstención que les pedía Sánchez cuando el partido naranja ha requerido eso mismo a Vox en algunos territorios o al PSOE en Navarra.

La mayoría de los dirigentes consultados por EFE en este sentido sostienen que lo que Cs está pidiendo es una abstención para una propuesta de gobierno, con medidas concretas y firmada entre dos fuerzas, y no un cheque en blanco como -dicen- han pretendido los socialistas.

En todo caso, el veto a Sánchez, sustentado en cómo ha manejado la crisis de Cataluña y en el rechazo a sus "aliados" de la moción de censura, se adoptó por estrategia, para taponar las fugas de votos que detectaron hacia la derecha antes de las generales.

Si Sánchez tuviera que volver a someterse a la investidura en septiembre, algo que parece ya difícil, y se dirige a Cs con un planteamiento de negociación para evitar una repetición de las elecciones, habrá que ver cómo Rivera justifica mantener el "no".

Por Alicia López