EFERibeira (A Coruña)

Un policía jubilado. Su nombre, Jesús Millán, aunque todos lo conocen como Suso Carolo. Su misión: recorrer Ribeira (A Coruña), previa petición de las familias, para felicitar a todos los niños que cumplan años en este encierro. Es la mejor encomienda, dice, que haya tenido jamás.

Ya estaba retirado, pero es una persona querida y su rol es más importante de lo que parece ante tamaña crisis sanitaria. El que fuera agente de la Local en esta ciudad de 26.000 habitantes, a la sazón uno de los ejes económicos y turísticos de la comarca del Barbanza, también ejerció como árbitro de fútbol sala. Razón doble para ser de sobra conocido.

Por eso hoy vuelve a ser uno más en el cuerpo municipal de seguridad, en cuya sede se siente otra vez, y no es de extrañar, como en casa.

Sus compañeros lo llaman, voz en alto, para que atienda cualquier requerimiento. Exactamente, como en su vivienda. Si el telefonazo es de un medio de comunicación, primero se muestra escueto y después más profuso en detalles; en todo caso evita el protagonismo, resta esa carga personal a una labor relevante.

Ha optado, cuenta sucinto, de forma "voluntaria" por echar una mano y felicitar a menores en plena cuarentena al no poder salir de sus casas. Las armas para ello caben en un coche policial, si bien no intimidan a nadie.

No hace falta verle la cara a Suso, pues contagia su optimismo cuando se le pregunta por la reacción de los pequeños, que no son los únicos beneficiarios de esta propuesta.

La agenda de Carolo tiene citas "todos los días", desde su jornada de estreno, con trece paradas en el primer sábado de debut. "Y subiendo". Millán tenía en su agenda nueve domicilios, en menos de veinticuatro horas, cuando atendió a Efe, por la vía telefónica.

Los guardianes del secreto son las familias de los que soplan velas, que solicitan previamente su presencia ante sus ventanas.

El éxito de la iniciativa ha llevado a abrir el abanico a los mayores: "Mujeres de 80 años, por ejemplo; están aisladas y avisan sus hijos".

Abundan, en todo caso, los escolares, a los que no "dicen nada sus padres" y que, sorprendidos, le piden "otra más" cuando deja de sonar su principal canción. Porque es llegar y hacer sonar los acordes "de los Pitufos" y es "todo algarabía".

Bajarían si pudiesen a dar el abrazo que merece Suso Carolo, que va "solo, solo en el coche", provisto de caramelos, y que aparece en fotografías y vídeos que graban, mientras él procede, los allegados del homenajeado u homenajeada en cuestión.

"Llevamos 34", dice sobre el listado de felicitaciones el agente de regreso a la Policía para labores más sociales que de seguridad ciudadana.

Al principio "se cohíben", pero niños y niñas acaban siendo el alma del evento.

Los parámetros se mantienen, con ellos y con las personas de edad avanzada, pero en este último caso las emociones irrumpen con mayor facilidad porque la alerta del Covid-19 no la encaran fácilmente los que están solos o se sienten vulnerables ante el envite del virus.

Un ejemplo de su fama de animador de aniversarios, una mujer que ni siquiera reside en Ribeira.

Tuvo Suso Carolo que "salir un kilómetro" del territorio municipal y desplazarse al vecino ayuntamiento coruñés de Porto do Son, donde hizo feliz a una "abuelita" que vive con su marido. Todo, gracias al gancho de su hija, que llamó desde Ferrol, nada menos que unos 150 kilómetros al norte de la provincia.

Serán estos "días complicados", pero este amante de la policía, y francotirador de la hermosura, solamente piensa en lo bueno de su cuadernillo de notas: "Tengo una tarde llena de trabajo".

Raúl Salgado