EFEBarcelona

Ni héroe ni traidor. La absolución de Josep Lluís Trapero acaba con su viacrucis de tres años, allana el camino en las causas por el "procés" aún abiertas a los Mossos d'Esquadra y avala su alegato de que no estuvieron al servicio de los planes independentistas del Govern de Carles Puigdemont.

Idolatrado en su día por el independentismo y convertido junto a Puigdemont en el enemigo público número 1 para el Gobierno de Mariano Rajoy, Trapero quedó en tierra de nadie tras desmarcarse del "procés" en el Tribunal Supremo y en la Audiencia Nacional, y defender a capa y espada la labor de los Mossos a la hora de intentar impedir el referéndum: "No es no querer, es no poder".

Nacido en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) en 1965 en el seno de una familia originaria de Valladolid, Trapero creció en el humilde barrio del Singerlín, inició su andadura en los Mossos en 1989 y se convirtió en el primer jefe de la policía catalana en desarrollar toda su carrera en este cuerpo, donde protagonizó algunas operaciones sonadas que le crearon no pocos enemigos en la Guardia Civil y la Policía Nacional.

ENCUMBRADO POR PUIGDEMONT

Nombrado por el gobierno de Carles Puigdemont mayor de los Mossos d'Esquadra en abril de 2017 -una categoría que estaba vacante desde 2007-, Trapero se convirtió en un héroe para los independentistas a raíz de la relevancia pública que obtuvo tras los atentados de agosto en las Ramblas de Barcelona y Cambrils (Tarragona).

Trapero, que hasta entonces había mantenido públicamente un perfil discreto y se había centrado en su hiperliderazgo al frente de la policía catalana, vio como de pronto su cara era estampada en camisetas y otros objetos de culto de los independentistas con su frase "bueno, pues molt bé, pues adiós", que soltó a un periodista extranjero que se marchó entre quejas de una rueda de prensa porque hablaba en catalán y no en castellano.

ÍDOLO DEL INDEPENDENTISMO

El idilio del independentismo con Trapero, que ambicionaba que los Mossos obtuvieran cada vez más competencias en Cataluña, no se detuvo en las semanas previas del 1-O, en que la tensión entre la policía autonómica con la Policía Nacional, la Guardia Civil y el Ministerio de Interior llegó a límites hasta entonces nunca vistos.

Mientras el Govern aseguraba que los Mossos no boicotearían el referéndum, Trapero -pese a sus desencuentros con el coordinador del dispositivo policial para impedir la votación, el coronel Diego Pérez de los Cobos, que se erigió en su némesis-, diseñó un plan para retirar las urnas, en que prevalecía la instrucción del TSJC de que la prioridad era mantener la convivencia pública.

Tras las cargas de la Policía Nacional y la Guardia Civil el 1-O, en que ambos cuerpos denunciaron la inacción de los Mossos, Trapero se convirtió junto a Puigdemont en el enemigo a batir para el Gobierno de Mariano Rajoy, que lo destituyó fulminantemente horas después de la votación de la DUI en el Parlament el 27 de octubre de 2017, de la que se cumplirán tres años la próxima semana.

SE DESMARCA DEL PROCÉS

Con una causa abierta por rebelión en la Audiencia Nacional, Trapero se mantuvo alejado de la primera línea con el 155 -el cuerpo de los Mossos quedó en manos de su hasta entonces número 2, Ferran López-, y se centró en su defensa, ejercida por la abogada Olga Tubau, que con la absolución del mayor ha logrado la primera gran victoria en las causas judiciales por el 1-O.

Fue en el juicio del Supremo a la cúpula del procés cuando Trapero rompió su silencio. Y lo hizo el 14 de marzo de 2019 de forma atronadora: advirtió a Puigdemont de que los Mossos "no iban a quebrar nunca con la legalidad ni la Constitución" y de que no acompañaban el proyecto independentista, hasta el punto de que se ofrecieron a detener al Govern si tiraba adelante con la DUI.

El mayor, que recibió una lluvia de críticas del independentismo tras su declaración, rompió amarras así con Puigdemont, con quien en agosto de 2016 había compartido una paella entre amigos, con camisa hawaiana, que se hizo célebre al difundirse las imágenes en que tocaba en la guitarra el "Paraules d'Amor" de Serrat, que tarareaba el entonces president junto a Joan Laporta o Pilar Rahola.

DE HÉROE A TRAIDOR

De héroe a traidor, Trapero quedó en tierra de nadie al insistir en desmarcarse del procés en su juicio junto a la excúpula de Interior en enero pasado en la Audiencia Nacional: calificó de "barbaridad" la hoja de ruta unilateral, lamentó no haber hecho público entonces que los Mossos pidieron al Govern que suspendiera el 1-O y defendió a ultranza la labor de la policía, ya que si no hicieron más fue porque no pudieron.

Y para que no hubiese dudas de su desapego al independentismo, Trapero resaltó en su juicio que había rechazado una propuesta de JxCat para ir en las listas de las elecciones autonómicas que se celebraron en pleno 155 y que también había desestimado posteriormente la propuesta del entonces president Quim Torra de volver a comandar el cuerpo.

¿Y AHORA QUÉ?

Tras la profunda crisis por la que han transitado en los últimos años, los Mossos han logrado recuperar en los últimos meses su voz propia, incluso mostrando la cúpula del cuerpo su malestar con Torra por sus críticas a sus cargas a independentistas en los disturbios tras la condena a la cúpula del procés.

En este escenario, y con Eduard Sallent recuperando el perfil propio de los Mossos como comisario jefe, el conseller de Interior, Miquel Sàmper, ha anunciado este miércoles que en los próximos días o semanas hablará con Trapero sobre su futuro profesional, pero no ha aclarado si le ofrecerá restituirle como máximo jefe de la policía catalana.

Más allá de su futuro profesional, la absolución de Trapero también allana las causas judiciales abiertas a los ex miembros de su prefectura, que en sus testificales en el Supremo y en la Audiencia cerraron filas con el mayor.

EL SUPREMO, ¿LA ÚLTIMA PALABRA?

Si la Fiscalía recurre la sentencia ante el Supremo -lo que podría hacer envalentonada por el voto particular partidario de condenar a Trapero por sedición-, sería el alto tribunal quien tendría la última palabra sobre el futuro del mayor.

Un Supremo que en su sentencia del procés de octubre del pasado año consideró probado que el despliegue de binomios de los Mossos para impedir el 1-O fue "a todas luces insuficiente", en el marco de la estrategia del Govern para "neutralizar" su capacidad operativa, y que hubo episodios de "auténtica complicidad" y "casi connivencia" con votantes.

Nubarrones en el futuro judicial de Trapero, ahora que por primera vez, tras tres años de viacrucis, ha empezado a ver brillar el sol, después de que la Audiencia Nacional ha concluido que no acordó con los demás acusados poner a los Mossos al servicio del procés y ha destacado su "prudencia" el 1-O porque el uso de la fuerza contra "personas indefensas" no podía ser "la solución para imponer el acatamiento al ordenamiento jurídico".

Por Josep Fusté.