EFETúnez

Más de cinco millones de tunecinos están llamados mañana domingo a las urnas para las primeras elecciones libres de esta naturaleza, un proceso histórico que pone fin a la transición y que ha despertado escaso interés en la población pese a que son claves para el futuro.

La aguda crisis económica, similar a la que azotaba el país en los días previos a la revolución que en 2011 acabó con los 23 años de dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali y la desconfianza en los partidos políticos tradicionales son las principales razones de esta desafección.

Un sentimiento al que también ha contribuido el pulso que estas formaciones han mantenido en torno a la consulta y que ha obligado a la Instancia Superior Independiente para las Elecciones (ISIE) a aplazarlas en varias ocasiones.

Expertos añaden, además, el escaso trabajo de concienciación sobre unas comicios que suponen un paso esencial para la consecución de unas de las reformas estructurales más importantes que debe acometer el país: la descentralización.

El primero se dio el pasado 26 de abril, tras un año de duras y polémicas negociaciones en el Parlamento, con la aprobación de la llamada Ley de Colectividades, que regirá los futuros ayuntamientos y que sustituye a un código que databa de 1975.

En este ambiente, 2.074 listas y 53.668 candidatos compiten por un puesto de concejal en los 350 municipios en los que ha sido dividido el país, según datos del ISIE, organismo responsable de la celebración de los comicios.

De ellas, 1.055 pertenecen a partidos políticos, con los islamistas conservadores de Ennahda como única formación con listas en todos las circunscripciones.

El resto se divide en coaliciones electorales e independientes, que se perfilan como los ganadores de una consulta marcada por una campaña electoral realizada a pie, sin grandes mítines ni debates.

Según datos internos de los dos partidos hegemónicos, Ennhada y el gobernante Nidáa Tunis, que encabeza el presidente del país, Beji Caïd Essebsi, los candidatos independientes sumaran el 60 por ciento de los puestos en disputa.

De acuerdo con esos sondeos -los públicos están proscritos por la ley electoral-, un 20 por ciento corresponderá a los esos dos partidos, que en la actualidad sostienen el gobierno, y el 20 por ciento restante a los grupos de oposición.

Estas proyecciones, sumadas al reparto proporcional de los sufragios, dibujan un panorama en el que ningún candidato podrá sumar la mayoría absoluta -al menos en los grandes y medianos núcleos de población- y en el que será necesario el consenso para formar los primeros ayuntamientos en libertad.

Las mujeres y el alto grado de abstención que se espera -rondará el 70 por ciento según las opiniones más realistas- serán los otros dos grandes protagonistas de un proceso que consagra a Túnez como la excepción de las marchitadas "Primaveras árabes".

Según los datos de la ISIE, el 49,3 por ciento de los candidatos son mujeres, que encabezan un 30,33 por ciento de las listas electorales.

Algunas de ellas en municipios importantes, como la aspirante de Ennahda a la alcaldía de Túnez capital, Souad Abderrahim, una empresaria de la industria farmacéutica que podría convertirse en la primera mujer musulmana en dirigir el gobierno de una capital en el mundo árabe.

Otro de los nombres propios de estos comicios es el de Simon Slama, un judío que ha sido designado por los islamistas de Ennahda como candidato en la región costera y turística de Monastir.

Los comicios apuntan a un cambio generacional, ya que el 52,10 por ciento son menores de 35 años, mientras que el 23,83 por ciento se concentran en la horquilla entre los 36 y los 45 años de edad.

La trascendencia de estas elecciones, que pretenden ser presentadas como modelo para otros países de la zona, ha llevado a la Unión Europea a enviar un amplio equipo de observadores, pese a que Bruselas no suele vigilar las consultas locales.

Desde hace varias semanas, 36 expertos europeos supervisan la campaña en todas las regiones del país, un equipo al que anoche se sumó una delegación del Parlamento Europeo encabezada por el eurodiputado Santiago Fisas (PPE).