EFEParís

Un documental con sello catalán que establece paralelismos entre el éxodo sirio actual y el que emprendieron miles de republicanos españoles a partir de 1939 se estrena hoy en París dentro de las conferencias organizadas por la Asociación 24 de agosto de 1944 para preservar la memoria histórica.

"El Periplo, la vieja luz de Europa", del cineasta natural de las Tierras del Ebro Mario Pons, narra la historia de tres exilios alejados en el tiempo, pero con múltiples puntos en común.

El primero en emprender este camino fue el abuelo de Alfred Vallès, farero de la isla de Buda (Delta del Ebro), quien tuvo que abandonarlo después de que el general republicano Enrique Líster ordenase destruirlo durante la guerra por su valor estratégico.

Su historia conecta con la de Ammar, que trabajaba como jefe de ventas en una empresa automovilística en Damasco (Siria) antes de huir del conflicto que estalló en 2011, y que ahora es uno de los líderes del campo de refugiados de la ciudad griega de Filippiada.

"Aunque hay 80 años de diferencia y son países distintos, el paralelismo es muy claro. Ambos vivían tranquilamente cuando de repente se vieron obligados a dejarlo todo sin saber cuando ni si podrían volver", explica a Efe el director del documental, premiado en la categoría internacional del Festival de Cine de Gerona.

Según relata Pons, que había tratado en producciones anteriores la Guerra Civil española y el exilio, la idea de "El Periplo" surgió tras el "agotamiento de ver imágenes televisivas de un dictador lanzando bombas sobre su propio pueblo sin una narración detrás".

Cuando el proyecto en el que estaba trabajando entonces cayó por falta de presupuesto, decidió hacer las maletas y presentarse como voluntario en el campo de Filippiada.

Allí coincidió con el tercer protagonista del documental, Miquel Bada, un alto ejecutivo de una multinacional que quiso dar un cambio a su vida tras ser despedido y que representa "el exilio interior".

"Después de ver durante 30 años el Mediterráneo desde las Torres Mapfre (Barcelona), Miquel divisó la cara más perversa de una Europa más preocupada por mantener el negocio de las armas que por respetar los tratados internacionales de derechos humanos", señala Pons.

El mar es el vínculo poético entre estas tres historias y, en particular, la figura del farero como guardián de la luz.

"Europa tendría que continuar iluminando a todos los navegantes, vengan de donde vengan, y no seguir apagada o peor, encendida solo para aquellos que comercian con las armas", remarca este cineasta que se define como videoactivista.

Tras hacer parada en París este viernes, el documental continuará su periplo por Francia pasando por Narbona y Toulouse, antes de visitar Madrid el 13 de enero, coincidiendo con el 79º aniversario de la entrada de las tropas franquistas en las Tierras del Ebro.