EFENairobi

La compañía española Pescanova, con presencia en Mozambique desde hace 40 años, se convirtió en testigo en primera línea del ciclón Idai, al ceder parte de su flota para ayudar en las labores de rescate y salvar centenares de vidas.

"Ayudar está en el ADN de la empresa: por una parte, tenemos deber de auxilio, tanto en el mar como fuera de él, y también hay un compromiso con las comunidades en las que estamos", explicó a Efe Lucas Lorenzo, director general de Pescamar -filial de Pescanova en Mozambique- y cónsul honorario de España en la zona afectada.

La filial de esta compañía de origen gallego, y que cuenta con su sede mozambiqueña en la devastada ciudad portuaria de Beira (centro), brindó ayuda de emergencia a los damnificados cuando las organizaciones internacionales todavía no habían llegado a esa urbe, cerca de la cual tocó tierra el ciclón el pasado 14 de marzo.

Su primera labor fue hacer de nexo entre la Embajada de España en Maputo y ciudadanos españoles o europeos que se encontraran en esta ciudad y sus alrededores, con el fin de confirmar a las familias que se encontraban bien cuando las comunicaciones seguían interrumpidas.

"Todos los españoles con los que hemos hablado están bien. No se han producido casos de lesiones relevantes", relató Lorenzo a Efe desde Beira por teléfono.

El cónsul honorario destacó, como "caso más grave", las dificultades que atravesó el orfanato Lar Sao Jerónimo, gestionado por religiosos españoles, y que acoge a unos setenta niños y jóvenes mozambiqueños.

Situado en Inhamizua, un barrio periférico a unos 25 kilómetros de Beira, este orfanato quedó incomunicado y sin acceso a alimentos, aunque finalmente, según explicó a Efe su director, el religioso Pedro López, "todos están bien, gracias a Dios".

Con el agua anegándolo todo a su paso, la compañía movilizó también dos barcos de su flota para rescatar a las personas que estaban aisladas en tejados de casas aún en pie y en las copas de los árboles, además de proporcionar agua y comida a la población.

"Nuestros barcos son grandes, por lo que no podíamos remontar río arriba. Primero subían lanchas de la Marina de la India y nosotros esperábamos al final del río con nuestras embarcaciones", dijo Lorenzo, quien cifra en 300 las personas a las que ayudó a rescatar.

"Fueron días muy caóticos. Estábamos aislados, con todos los suministros cortados, los comercios cerrados y en una situación muy precaria", recordó el cónsul honorario.

Una vez que el nivel del agua fue bajando, estos buques siguieron asistiendo a la población hasta que las Naciones Unidas y otros organismos internacionales y ONG llegaron allí para proporcionar "ayuda profesional".

Beira, subrayó, sufrió "grandes destrozos" y se convirtió en el epicentro de la catástrofe, que ha causado, hasta la fecha, unos 700 fallecidos, 468 de ellos en Mozambique.

La filial de Pescanova sufrió también daños en su sede -donde la mayor parte de los tejados salieron volando-, además de en su flota, aunque, según el director general, "lo importante es que ningún trabajador murió".

Antes de comenzar las tareas de rescate y comunicación, la compañía se cercioró de que sus 1.100 trabajadores -650 de ellos temporeros para las campañas de pesca-, estaban localizados y a salvo, aunque tres padecieron algún daño físico, según precisó.

"También sufriremos un impacto económico negativo, aunque todavía es difícil de estimar", explicó Lorenzo, quien cree que los daños se vieron minimizados gracias a que la compañía, como precaución ante la llegada del ciclón, mandó la mitad de su flota al sur del país.

Las tareas de los organismos nacionales e internacionales se centran ahora en repartir comida y evitar enfermedades que suelen desencadenarse cuando el agua se estanca, como el cólera y la malaria.

"La situación -advirtió Lorenzo- sigue siendo complicada. Ahora, el temor está en las aguas estancadas, que pueden provocar la aparición de epidemias".

Por Edurne Morillo