EFEMashad (Irán)

Todos los caminos conducen hoy a la ciudad santa iraní de Mashad. Caravanas de peregrinos abarrotaron el mausoleo del imán chií Reza, el único enterrado en Irán, para honrarle con procesiones de duelo en el aniversario de su muerte.

Los peregrinos se dirigieron a pie desde distintos puntos de la ciudad e incluso desde otras localidades de la provincia de Jorasand, acompañados por cantos de duelo, para cumplir con los rituales de la mayor peregrinación de Irán.

Más de cuatro millones de personas acuden a Mashad, en el noreste del país, dándose golpes en el pecho y en la cabeza y entonando: "Reza se ha ido de este mundo y el corazón de Zahra (Fátima, la hija del profeta Mahoma y origen de la estirpe de los imanes) se ha hecho sangre".

Muchos de los que llegan caminando al mausoleo lo hacen para cumplir alguna promesa o "nasr" hecha al imán, el octavo de los chiíes, en una tradición de caravana que se ha popularizado en los últimos años.

Uno de ellos, Amir Hosein, explicó a Efe entre lágrimas de alegría que a mitad de camino entre su pueblo y Mashad le llamó su familia para comunicarle que su hijo había despertado del coma.

"Pedí al imán que salvara a mi hijo, es un milagro. Los médicos me habían dicho que le iban a desconectar porque no había solución y al final se ha curado", subrayó Amir Hosein, que llevaba una bandera negra en la mano.

Las banderas negras estaban presentes en las caravanas de peregrinos y también en las avenidas y carreteras de Mashad y alrededores, a modo de luto por la muerte del imán.

El imán Reza fue asesinado, según la creencia chií, en el año 818 por el califa abasida Al Mamun, y su persona despierta una profunda veneración en Irán y en los vecinos Irak y Pakistán, de donde vienen también numerosos peregrinos.

Ante la gran afluencia de fieles, su santuario o "haram" ha ido creciendo hasta ocupar su recinto en la actualidad una superficie de 60 hectáreas, en cuyo centro se halla el sepulcro del imán, protegido por barrotes a los que se agarran entre lágrimas los fieles.

Una espectacular amalgama de salas de oración, patios, cúpulas doradas y minaretes decorados con azulejos dan la bienvenida a los peregrinos, que consideran al imán una especie de intermediario ante Dios al que pueden rogar por la solución de sus problemas o la curación de sus enfermedades.

Reza no era el único imán al que recordaban en esta jornada los peregrinos. Al estilo de las procesiones de la festividad de Ashura, que conmemora el martirio del imán Husein, muchos hombres marchaban golpeándose la espalda con cadenas.

Algunos iban descalzos y otros portaban los famosos "alam" o estandartes típicos de Ashura, formando eternas procesiones en las que destacaba la segregación por sexos.

Una de las procesiones de mujeres llamaba especialmente la atención. Al ritmo de los tambores, caminaban con los rostros totalmente cubiertos con una tela verde y las manos con guantes negros.

La peregrinación desborda la ciudad de Mashad, cuyos hoteles se encuentran estos días al máximo de ocupación, mientras las compañías incrementan notablemente la frecuencia de los vuelos y trenes que comunican con otras ciudades del país.

En tren había llegado desde Tabriz, en el noroeste de Irán, Mehdi Aqaí es un jubilado de 59 años que hace tres décadas que recorre los 1.600 kilómetros que separan su ciudad de Mashad para rendirle homenaje al imán en el día de su fallecimiento.

"Mucha gente viene con peticiones para el imán, pero yo peregrino al mausoleo solo por devoción. Rezo por todos los enfermos de Irán que no pueden venir aquí y espero que Dios les cure", dijo a Efe Aqaí, quien terminó entonando una canción fúnebre en honor a su "señor Reza" a las puertas del mausoleo.

Al margen del misticismo, el ayatolá Ahmad Alamolhodá, responsable del sermón del viernes en Mashad y representante directo en dicha ciudad del líder supremo, Ali Jameneí, dirigió a los peregrinos un sermón con fuerte carga política.

"Algunos en el interior del país usan el nombre de los imanes para desviar a la población del camino marcado por su líder (Jameneí)", denunció Alamolhodá.

A juicio del ayatolá, uno de los de mayor rango de Irán, esto es "sedición" y los imanes están en contra de estos movimientos, en una advertencia contra las divisiones internas que no quedan eclipsadas ni por la gran peregrinación de Mashad.

Por Marina Villén