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El Consejo General de la Educación Física y Deportiva (Consejo COLEF), que incluye a más de 16.000 educadores/as físico deportivos/as, ha expresado su enorme preocupación por la limitación de la prestación de servicios de educación física, actividad y deporte durante el desarrollo de la pandemia por COVID-19.

Las restricciones en el sector no solo afectan a la economía, como señalan las estimaciones, que han previsto para este 2020 un descenso en los ingresos del 38,5%, es decir, 4.616 millones de euros (Jiménez Gutiérrez y cols., 2020) o que el paro ya en septiembre registraba un 26,9% más que el mismo mes del año anterior (según el Servicio Público de Empleo Estatal, SEPE).

Derecho fundamental reconocido

Desde COLEF insisten en que la práctica de ejercicio físico constituye un derecho fundamental reconocido dentro de la Constitución Española, el libro blanco del deporte de la Comisión Europea y la UNESCO. Además, la inactividad es un grave problema de salud pública, causando al menos 35 enfermedades crónicas.

El mantener una rutina activa mejora el pronóstico de 26 enfermedades, además de evitar la mortalidad prematura hasta en un 15%, "lo que equivale de forma conservadora a 3,9 millones de muertes anuales" según el estudio de Strain y cols. de 2020.

Antes de la pandemia, solo el 46,2% de la población tenía hábito semanal de práctica físico-deportiva y el 8,39% lo hacía bajo el paraguas de las estructuras federativas. Sin embargo, durante el confinamiento se agravó la situación.

Empeoramiento de la situación por la pandemia

La población adulta española, especialmente jóvenes, estudiantes y hombres muy activos, disminuyó la actividad física diaria y aumentó el tiempo sedentario. En la población infantil y adolescente redujo su tiempo de ejercicio a menos de la mitad y casi duplicó su uso de las pantallas, señalan.

Además, "una vez se pudo salir a la calle para comenzar la práctica físico-deportiva o retomar lo que se realizaba anteriormente, el personal médico observó un aumento de las lesiones y eventos derivados de una falta de progresión y adaptación adecuadas", según observa el estudio Roures, 2020.

Hacer ejercicio reduce el riesgo de infección

Los estudios demuestran que se reduce hasta en un 31% el riesgo de sufrir una enfermedad infecciosa con la práctica de deporte, así como se señala que la capacidad máxima de ejercicio "se asocia de forma independiente e inversa con la probabilidad de hospitalización por COVID-19".

Además, los datos respaldan "aún más" la importante relación entre la aptitud cardiorrespiratoria y los resultados de salud, señala Brawner y cols., 2020. También puede aumentar de forma significativa la respuesta inmunitaria ante la vacunación (Edwards y Booy, 2013; Pascoe, Fiatarone Singh y Edwards, 2014).

A salvo con los profesionales

La experiencia demuestra que los contagios durante la práctica de actividades deportivas suponen el 0,34% del total y, aunque en COLEF han pedido un desglose para la toma de decisiones políticas, se indica en su manifiesto que aún no se les ha solucionado la solicitud.

Señalan que, dependiendo del deporte, sus normas o si es bajo supervisión o no, implica un riesgo diferente. "La práctica físico-deportiva sin supervisión y autogestionada comporta mayores riesgos y no tiene la misma efectividad que aquella balo la supervisión de personal cualificado".

Incluso en el nivel de alerta 3, contemplado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud en el documento publicado el 22 de octubre, se indica que las instalaciones y centros deportivos podrían abrirse con un aforo de un tercio, siempre y cuando se pudiera mantener la distancia de seguridad y la ventilación adecuada.

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