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La sede del Comité Olímpico Español recibe a diario la visita de diferentes personalidades del mundo del deporte y una de las últimas ha sido Lydia Valentín, haltera española que ha conversado con Alejandro Blanco, director del COE, sobre cómo prepara la nueva temporada y qué objetivo se ha marcado para sus cuartos Juegos Olímpicos, además de otros temas.

Lydia arranca la preparación de la nueva campaña el próximo mes de diciembre. Y pese a la situación que estamos atravesando, ella se siente feliz y afortunada por seguir haciendo lo que más le gusta.

"Estoy bien, me encuentro bien. Es una situación diferente, obviamente, pero estoy contenta porque tengo un objetivo, que son mis cuartos Juegos Olímpicos y que ojalá se puedan celebrar el próximo verano. Comienzo la preparación en diciembre y ahora estoy haciendo un poquito de pretemporada con entrenamientos más ligeros", afirma la deportista.

Entrenamiento durante el confinamiento

Cuenta que durante el confinamiento pudo entrenar porque tiene un gimnasio en casa, por lo que estuvo entrenando todos los días, pero no fue tarea fácil por la incertidumbre que rodeaba a la situación.

"No sabíamos si se iban a celebrar los Juegos y estuve entrenando un poco sin saber muy bien cómo enfocarlos", explica, a pesar de que admite haberse sentido afortunada.

"Es verdad que al principio era muy raro porque nosotros nos movemos por objetivos muy cerrados y en ese momento había mucha incertidumbre y yo no estoy acostumbrada a preparar mis competiciones con incertidumbre".

Explica también que la edad cambia las cosas y que ahora, que ya no tiene 20 años, dosifica mucho más. Aunque siempre quieres mejorar, lo cierto es que ahora lo hace de una "manera más inteligente", sabiendo cuándo y cómo.

Finalmente, se aplazaron los Juegos Olímpicos, que se celebrarán en el verano de 2021, y Lydia admite que respiró tranquila. "Ahora que sé que se van a celebrar voy con todo", comenta.

"No sé si serán los últimos, pero quiero ir como he ido anteriormente. Quiero disfrutar del camino, dar lo máximo y al final el resultado será la consecuencia del trabajo que he hecho durante todo este tiempo. Aunque sean los cuartos voy con la misma ilusión que fui a los primeros", asegura la campeona olímpica, mundial y de Europa.

El dopaje le robó su momento

En sus tres participaciones anteriores Lydia conquistó la plata en Pekín 2008, el oro en Londres 2012 y el bronce en Rio 2016. Sin embargo, solo pudo subir al podio en la capital brasileña, ya que los metales anteriores llegaron a manos de la leonesa diez y siete años más tarde, respectivamente. Por eso, en Tokio buscará vivir esos momentos que el dopaje de sus rivales le robó.

"Mi medalla es la primera tanto masculina como femenina en España por esta gente, porque han corrompido este deporte. Nosotros partíamos de la base de que no podíamos ser campeones del mundo o de Europa si no te dopabas. Y obviamente en nuestra cultura no entraba eso", explica.

"Yo psicológicamente siempre he sido muy fuerte y yo sabía que tenía ese talento y porque hubiera gente que hacía trampas y que se estuviera normalizando algo que no es normal, no me iba a dar por vencida”, cuenta Lydia.

Para ella nunca ha entrado en sus planes doparse como hacían sus competidores internacionales, antes de eso se habría alejado. Pero no se dio por vencida y al final la recompensa ha sido inmensa. "Te das cuenta de que has competido con gente que había cogido atajos, que había hecho trampas y había engañado a todo el mundo", añade.

"No me voy a ir porque no quiero que vosotros me echéis. Porque lo que yo hago es deporte, lo que vosotros hacéis no tiene nada que ver con el deporte porque no tiene valores, no hay ética, no hay nada", sentencia.

El deporte la escogió a ella

Para llegar a ser la número uno a nivel nacional, continental y mundial, hay que trabajar mucho y la leonesa lleva 20 años dedicándose en cuerpo y alma para ello.

"Era una niña normal, en un pueblo de 4.000 habitantes, que le gustaba mucho el deporte y destacaba. El entrenador de halterofilia se fijó en mí y vio que tenía mucho talento, actitud y aptitud y me dijo que tenía que probar la halterofilia. Con el paso del tiempo probé ese deporte que no conocía, lo conocí y hoy en día estoy segura de que la halterofilia me eligió a mí antes que yo a ella", asegura Lydia.

No fue fácil irse al CAR de Madrid y sus padres dudaron mucho, pero era lo que le hacía feliz, así que finalmente lo consiguió. Gracias a esa decisión y el sacrificio de todos los años posteriores, ha conseguido sumar a su palmarés particular tres medallas olímpicas, trece mundiales y once europeas.

"Si echo la vista atrás alucino porque nunca me imaginé que podría conseguir todo lo que he conseguido en un deporte tan minoritario en mi país, con tan pocas referencias. Nunca me lo imaginé", añade.

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