PracticoDeporteMadrid

Saúl Craviotto, palista olímpico, ha estado esta semana en la sede del Comité Olímpico Español, donde se ha reunido con Alejandro Blanco para hablar de la clave de su éxito y los objetivos que tiene marcados tanto a corto como a largo plazo.

Después del confinamiento, la suspensión de los Juegos de Tokio 2020 y tanta incertidumbre, por fin regresaron los entrenamientos y las competiciones. Con ellos volvió también la ilusión para los deportistas en general y para Saúl en particular.

"Estamos estupendamente, muy ilusionados. Empezamos hace pocas semanas la nueva temporada y estamos deseando que pase este 2020 e ir a por el 2021 que va a ser nuestro año, seguro", cuenta optimista el catalán, en una entrevista facilitada por el COE.

Tiene claro su objetivo: Tokio 2020. Y para alcanzar la meta marcada, Saúl seguirá la fórmula que tan buenos resultados le ha dado a lo largo de su carrera deportiva.

"Yo siempre hago lo mismo: buscar el objetivo, trazar un plan y trabajar, trabajar y trabajar. Hay que intentar ir por ese camino y así es como se logrará lo que buscamos. Estoy convencido", explica.

El piragüismo en las venas

Fútbol, kárate y natación, acompañaron al piragüismo en sus inicios, pero dicen que de casta le viene al galgo y llevar el piragüismo en las venas hizo que la balanza se decantara a favor de esta disciplina.

"Mi padre era piragüista, bueno, sigue siendo piragüista porque va todos los días a entrenar. Es un apasionado de la piragua. Y yo no recuerdo el primer día que me subí a una piragua", explica.

"Tengo incluso una foto de chiquitín, cuando tenía menos de un año subido en la piragua en las piernas de mi padre, o sea que lo llevo en las venas. Es mi pasión también", reconoce el medallista olímpico.

Cuenta también que de pequeño hacía varios deportes, pero no era tan bueno en todos: "Hacía fútbol, pero era bastante malillo y chupaba mucho banquillo así que decidí pronto que no era lo mío".

"Después hice kárate, que también duré muy poquito, y natación, que sí que me dio fuerte, pero al final el piragüismo era lo que más me divertía, lo que más me entretenía", añade.

Sin embargo, para llegar a ser el deportista que es hoy en día, no le ha valido solo con llevar este deporte en las venas, sino que, además, Saúl Craviotto ha tenido que esforzarse mucho, sacrificar muchas cosas e incluso abandonar su casa muy jovencito, pese a la preocupación y el miedo de su madre.

"Con quince años me fui de casa para dedicarme a esto. Me llegó la carta de la federación diciéndome que estaba seleccionado para el equipo júnior. Para mí era un sueño, era increíble, pero en mi casa fue un drama, sobre todo para mi madre", relata el palista. 

"Mi padre, aunque era un poco reacio, me animaba a ello, pero mi madre lo pasó muy mal. Ahora que soy padre me doy cuenta de lo mal que lo tuvo que pasar la pobre. Pero gracias a esa decisión que tomé tan jovencito, mi camino y mi vida me han llevado donde estoy", admite.

Su entrenador y referente

Se trasladó a la Residencia Joaquín Blume de Madrid, donde conoció a Miguel García, su referente por aquel entonces, y entrenador durante todos estos años y con quien ha cuajado una relación infranqueable.

"Para mi Miguel García es como… no sabría con qué compararlo. Es un amigo, un hermano mayor, un confidente. Es una persona en la que confío al 100% y él confía en mí", comenta.

"Con mirarnos a los ojos ya nos entendemos. Nunca hemos tenido una bronca, nunca nos hemos enfadado, siempre ha sido una relación muy fluida y de mucha confianza. Eso es básico", explica.

El binomio Craviotto-García ha cosechado cuatro medallas olímpicas –dos oros, una plata y un bronce-, diez metales mundiales -tres oros, cinco platas y dos bronces- y seis preseas continentales -tres oros y tres platas-. Unos éxitos con los que Saúl no soñó hasta que no llegó a Madrid.

"Hasta que no llegué a la Blume, de junior, no empecé a soñar con ir a unos Juegos Olímpicos. Ahí me miraba en el espejo de los que por aquel entonces estaban en el equipo nacional. Y ahí empecé a soñar ya un poco a lo grande, pero de adolescente nunca soñé con ser campeón olímpico", admite.

"Después, cuando me clasifiqué para Pekín y ya empecé en esta rueda de ganar medallas, ya solo me valía el oro. Pero es verdad que de pequeño me valía con ir a unos Juegos", afirma el deportista internacional.

A por la quinta medalla en Tokio

Sus cuatro medallas olímpicas y su primer trofeo, el que ganó con nueve años, lo tiene en casa. El resto de sus premios los guarda su madre, "que le hace mucha ilusión", cuenta el piragüista con una sonrisa.

Sin embargo, planea ganar más: "Van a ser unos juegos históricos a nivel mundial por todo lo que hemos vivido. Es verdad que yo estoy en modo guerrero. Ya estaba este año en modo guerrero y cortaron a pocos meses de la lucha, en seco", recuerda.

"Voy a por todas. Al final cuanto más difícil es el camino, mayor es la satisfacción". Él aspira llegar a una quinta medalla, aunque Alejandro Blanco le anima a ir a por la sexta: "Eso lo veo muy difícil", explica.

"Evidentemente sería maravilloso acabar con ese oro soñado, pero sobre todo quedarme con la sensación de que lo hemos dado todo, de que hemos tenido un camino tranquilo, que hemos trabajado, que nos hemos esforzado en todos los aspectos, que no ha habido trabas en el camino y que hemos llegado ahí en el momento exacto y nos hemos podido vaciar y darlo todo. Eso sería maravilloso", reconoce el ilerdense.

practicodeporte@efe.com