Practico DeporteRedacción

Israel Molina

Todo parecía perdido. Hasta la mirada de Nadal, agotable al desaliento, parecía entregada. Nadie creía y el O2 Arena se iba vaciando. Pero las piernas y el corazón del número uno del mundo no entienden la palabra rendición. Con 5-1 abajo y bola de partido en contra, Rafa Nadal decidió jugar punto a punto y acabó levantando los brazos al cielo.

Cuesta ofrecer una explicación racional a todo lo sucedido en esa media hora final del partido entre el manacorí y el ruso Daniil Medvedev, contra quien ya tuvo una batalla al límite de lo humano en la última final del Abierto de los Estados Unidos. Un arranque fulgurante del soviético en el tercer parcial (4-0 y 5-1) parecía poner fin al choque y dejaba en el abismo al jugador de Manacor, pero no, esta vez tampoco.

Más cerca de semifinales

Incapaz de admitir una derrota al uso, Nadal liberó sus miedos y la tensión del partido, se entregó a su raqueta y aprovechó la relajación y el desánimo final de Medvedev para lograr una victoria vital en sus opciones por estar en semifinales y por mantener el número uno del mundo a final de año.

Antes de llegar a la resolución pasaron muchas cosas por el camino. Desde el primer minuto se vio a un Nadal mejorado respecto al primer partido. Las piernas le iban más rápido y sus golpes eran más certeros que ante Zverev, amén de que al cuarto jugador del mundo le costó entrar en el partido.

Cuando creció Medvedev superó a Nadal, que resistió hasta el desempate para terminar entregando el primer set. Tras pasar por el aseo y aclarar sus ideas, el campeón de 19 Grand Slams regresó a la pista con un plan de juego más agresivo, especialmente con su 'drive'. Pasó a dominar el partido e igualó la contienda a base talento y coraje.

Parecía haber dado un vuelco el choque y andar más cerca del lado de Nadal, pero el ruso había guardado parte de su magia en el raquetero y la terminó sacando a relucir en ese inicio de un tercer set final clave para el futuro de ambos jugadores en el partido.

Con el O2 Arena en llamas y el palco de Medvedev sin decir esta boca es mía, el ruso encontró respuestas a todas las intentonas que planteó Rafa, hasta el punto de hacerlo desaparecer del duelo. Hubo varios minutos en los que Nadal no parecía estar en la pista, superado constantemente e incluso visiblemente fatigado.

En esas se plantó el partido con 5-1 y ventaja para Medvedev para dar carpetazo a Nadal. Los aficionados e incluso los comentaristas empezamos a hacer cuentas y números para ver las opciones que le quedaban al español de estar en semifinales. 'Pues si Zverev gana los dos y Rafa tumba a Tsitsipas... pues si Nadal ha ganado hoy un set..." Mientras andábamos en esas el balear ya había salvado su primera bola de partido y había roto el servicio a Medvedev.

De repente, entró en ebullición Londres, torció el gesto Medvedev, que parecía culpar a su palco de cada uno de sus males y Nadal, en frente, parecía desatado por la pista. Regaló momentos de espectáculo, combinados con su sobriedad habitual y en apenas diez minutos pasó de estar 5-2 abajo a restar para ganar.

Partido decisivo contra Tsitsipas

Para dar más épica a la victoria, el servicio del ruso llevó el partido hasta un desempate final en el que siempre que la bola pasó un par de veces por encima de la cinta, terminó el punto en poder de Rafa, que para esos instantes finales volaba sobre la pista, con la confianza de una leyenda, de un mito del deporte mundial.

Un deportista irrepetible como él necesitó una bola de partido para lograr la victoria, un triunfo vital, que le deja con todas las posibilidades intactas (seguramente deberá ganar a Tsitsipas el viernes) de avanzar a semifinales y que le pone más cerca que nunca la posiblidad de acabar el año como el mejor tenista del planeta.

Ya saben, se lo han dicho millones de veces, pero siempre merece la pena recordarlo, si quieren dudar de algo, que no se de Rafa Nadal.

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