EFEGranada

Arranca la mañana en el corazón de la sierra granadina de Almijara, donde una veintena de adolescentes irrumpe en Huerto Alegre, uno de los primeros centros de educación ambiental de España, para descubrir que pasar a la acción climática está al alcance de la mano.

Acuden a plantar árboles para contribuir a la mejora de ecosistemas cercanos en el marco del proyecto Life Terra, que persigue “la formación y el empoderamiento de los jóvenes para pasar a la acción climática”, explica Aroa Gregori, coordinadora de Educación de esta iniciativa.

Gregori y Nuria Borrás, técnica forestal de Life Terra, han preparado parte de los terrenos de la finca de Huerto Alegre para que escolares y familias de Granada participen en una semana de plantaciones que concluye hoy.

Uno de los grupos participantes lo compone una veintena de estudiantes de 12 años (1º ESO) y cuatro profesores del instituto público La Madraza de Granada.

Aunque viven a escasos 40 kilómetros de este imponente paraje, rodeado de montañas y bosques de pinos y robles, entre Granada y el mar, muestran una enorme sorpresa al comprobar la realidad natural más allá de los libros de texto.

“Está caliente”, se sorprende uno de los chicos al acariciar una de las vacas que ordeñan en la granja del centro.

Guardando la distancia social, los jóvenes componen un amplio círculo en torno a Gregori y Borrás, que les explican cómo plantar árboles, por qué hacerlo con especies autóctonas (roble melojo, encina y pino laricio, y arbustos como majuelo, quejigo y enebro común) y cómo la plantación reforzará la resiliencia del ecosistema ante la crisis climática, además de aportar hábitat y alimento a la fauna del lugar.

Escuchan entusiasmados y, a continuación, se enfundan guantes, agarran pequeñas azadas y forman parejas para iniciar la plantación.

“Lo primero es llenar de tierra el hoyo que nos hemos encontrado preparado –por las expertas de Life Terra-, después hacemos un agujero más pequeño, ponemos la planta y una vez sujeta, la enfundamos en un tubo para proteger su primera fase de crecimiento”, explica Patricia Benavides, una de las estudiantes.

Al principio les cuesta pasar de teoría a la práctica pero al final acaban más que motivados: “Plantar es muy chulo, me quedo con ganas de repetir; es una labor importante, y lo que yo he plantado esta mañana contribuirá en un tiempo a parar el cambio climático”, afirma Marina Valenzuela, otra de las escolares.

Los profesores Elena García, Olga Martínez, Pablo Acosta y Miguel Ángel Bailón desvelan a Efe el motivo por el que sus alumnos son manifiestamente aventajados en ecología: su centro cuenta desde hace siete años con el distintivo internacional de ecoescuela.

Entre otros, este programa implica a los estudiantes y a sus padres en la mejora de su medioambiente más cercano, en este caso su propia escuela, donde organizan talleres de residuos, energía, agua o resiliencia, y han montado “un jardín botánico, una charca de ranas, o un oasis para mariposas”, apunta Pablo Acosta, profesor de Biología.

“Queremos ser un centro transformador que eduque en la realidad, incentivando la investigación y la participación”, indica Elena García, profesora de Geografía, quien subraya que con actividades como la de hoy tratan de “compensar lo que no se da de manera natural para niños que viven en la ciudad, y que al final son catetos de asfalto”.

Tras la mañana de trabajo toca la recompensa. En Huerto Alegre el almuerzo también es aprendizaje ambiental, en este caso del llamado “kilómetro cero”: las verduras que acompañan el potaje vienen de su propio sembrado, y el pan y la fruta del pueblo más cercano.

“Este contacto con las semillas, la tierra, o los olores les ha enseñado que la naturaleza está interrelacionada y nada es independiente. Se van con la lección de que la intervención del hombre puede o contribuir a proteger procesos naturales frágiles, o interrumpirlos y destruirlos”, señala Mari Luz Díaz, la directora de Huerto Alegre.

Life Terra tiene como objetivo la plantación de 500 millones de árboles en toda Europa en 2025, 250 de los cuales han sido plantados en la sierra de La Almijara esta semana, y serán monitoreados a través de una aplicación creada por el proyecto.

La educación ambiental es la clave del proyecto, concluye Gregori: “Con las plantaciones pretendemos hacer de puente entre la escuela o la ciudad y el campo, para que los estudiantes lleven a la práctica lo aprendido en el aula, y los participantes, en general, se den cuenta de que la acción climática está al alcance de la mano”.

Por Caty Arévalo