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"Lucharé hasta mi último aliento". Lo tiene claro la emblemática activista marroquí de 81 años Aicha Chenna, que ha dedicado seis décadas a dignificar a las madres solteras en una sociedad que no las acepta. Conocida como "la Madre Teresa de Marruecos", explica ahora en una entrevista a Efe toda una vida volcada en ellas y sus niños.

Chenna es un símbolo de la lucha por los derechos de las madres solteras, una condición que sigue siendo un estigma en un país donde las relaciones extramatrimoniales están castigadas por la ley.

Por el hecho de que sus niños sean fruto de una relación fuera del matrimonio, estas mujeres, aparte de ser tachadas socialmente, cometen una ilegalidad.

Desde los 17 años, Chenna trabajó de asistente social y comenzó entonces a concienciarse por los más vulnerables. Gracias a ella se lanzó por primera vez en Marruecos en los años setenta un programa oficial de planificación familiar.

DAR IDENTIDAD AL NIÑO

Esta octogenaria recibe a Efe en su vivienda de Casablanca, desde donde, a pesar de su delicado de estado de salud, sigue trabajando día a día para ayudar a los niños abandonados y a las madres solteras.

Pese a una neuropatía que dificultaba sus movimientos Chenna dice sacar fuerzas de estas mujeres, que califica de "madres coraje" porque, afirma, cada una de ellas tiene que enfrentarse al hecho de ser "renegada por su propia familia y desterrada de la sociedad".

Una lucha que le valió durante años ser tachada por los sectores más conservadores de Marruecos de ser la que alienta la desviación moral y la que protege a la prostitución en el país.

Mientras se esfuerza para ponerse de pie y alcanzar, con la ayuda de las amigas y activistas que la acompañan a diario, su andador convertible en silla de ruedas, Chenna reconoce que la percepción de la sociedad hacia estas mujeres ha mejorado, gracias a la aprobación de algunas leyes y la acción del rey Mohamed VI en favor de la mujer.

Sin embargo, cree que se trata de "un pequeño cambio", lamenta que los padres no reconozcan fácilmente a sus hijos y que a las familias les cueste aceptar a una hija que, según la sociedad, fue "mancillada".

La prioridad para esta emblemática activista es que los niños vivan con sus madres porque así "tendrán siempre una identidad". Fue la razón por la cual fundó en 1985 la Asociación Solidaridad Femenina (ASF), tras ser testigo de una escena que la marcó.

"Una joven daba el pecho a su bebé cuando una asistenta social le presentó el documento de abandono del niño para que pusiera sus huellas dactilares. Entonces llegó otra persona para llevárselo. La madre lo arrancó de un tirón de su pecho y la leche cayó sobre la cara del bebé, que rompió en llanto. Ese grito lo tengo grabado en la cabeza para siempre", recuerda.

CAPACITAR A LAS MADRES

Con la ayuda de un equipo de 19 personas, ASF cuenta con tres centros en Casablanca que asisten a una veintena de mujeres. Son jóvenes que huyeron o fueron expulsadas por sus familias al quedarse embarazadas en un país donde el aborto es ilegal. Según ASF, muchas mantenían relaciones con hombres que les prometían matrimonio y desaparecieron.

La ONG se encarga de la madre en cuanto da a luz, le da una paga mensual y le ofrece un programa de formación profesional de tres años para aprender oficios como la restauración, estética y peluquería.

Además, se encarga de cuidar a los niños en guarderías durante sus estudios, les ofrece asesoramiento jurídico y administrativo para, por ejemplo, inscribir a sus hijos en el libro de familia, e intenta mediar para reconciliarlas con sus familias.

Chenna está satisfecha con los resultados: "Este año, mientras esperaba en la consulta del oftalmólogo, una mujer se me acercó y me dijo que gracias a la asociación su prima, una madre soltera, consiguió salir adelante y retomó sus estudios. Acaba de pasar el bachillerato junto a su hijo, ¡te imaginas esa alegría!".

Pero para esta luchadora incansable la batalla continúa. La clave, dice, está en las nuevas generaciones, la concienciación de los jóvenes y la generalización de la educación sexual en las escuelas.

"Vivo entre el hospital y mi casa, pero seguiré luchando hasta el último día, hasta mi último aliento. Quiero un futuro mejor para los niños de Marruecos, sea como sea la forma en la que vienen al mundo".

Fatima Zohra Bouaziz