EFEBuenos Aires

Casas de chapa, madera o cartón, suelos de tierra o falta de servicios básicos. Estas son las condiciones habitacionales que afrontan día a día los 4 millones de argentinos residentes en barrios populares, asentamientos precarios que son una viva muestra de las grandes desigualdades del país.

Las crisis económicas cíclicas que vive Argentina han empujado a una parte importante de su población a este tipo de viviendas, la grieta más visible entre las diferentes clases sociales de un país que vuelve a ver cómo se derrumba el valor de su moneda y se disparan los precios.

La organización social Techo, que trabaja para mejorar las condiciones de vida de las comunidades de barrios populares, denunció esta situación al colocar este miércoles frente a la Casa Rosada, sede del Gobierno argentino, la "Casilla Rosada", un ejemplo del tipo de casas en las que habita uno de cada diez argentinos.

"A la Casa Rosada va quien el pueblo elige. La Casilla Rosada la habitan quienes no eligen", resume en un entrevista con Efe Virgilio Gregorini, director ejecutivo de Techo en Argentina.

Con esta vivienda precaria, pintada del característico color rosa que distingue a la sede gubernamental, la asociación pretende introducir en la campaña de cara a las elecciones presidenciales de octubre la frágil situación de los barrios populares, un problema al que el Estado no da un "abordaje integral", según Gregorini.

"Viene un Gobierno y dice: 'Yo lo voy a solucionar', y no lo puede solucionar, porque no se soluciona en cuatro años y necesitas sí o sí acuerdos a largo plazo", sostiene.

Se consideran barrios populares a las áreas vulnerables en las que viven al menos ocho familias agrupadas o contiguas, donde más de la mitad de la población no cuenta con título de propiedad del suelo ni acceso regular a dos o más de los servicios básicos -red de agua corriente, tendido de energía eléctrica con medidor domiciliario y red cloacal-.

En estos 4.416 barrios repartidos por toda Argentina se estima que viven 4 millones de personas, alrededor del 10 % de la población del país, atendiendo a los datos del último censo nacional, realizado en 2010.

Desde Techo defienden que en los últimos años la situación se está agravando, con nuevos asentamientos y más densidad de población en los ya existentes.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, Argentina cerró 2018 con un 32 % de sus habitantes en situación de pobreza.

Desde entonces, la economía sigue en caída, con una inflación interanual en julio del 54,4 % y una corrida cambiaria que desde el pasado lunes hizo que el precio del dólar acumule una subida del 27,7 % frente al peso argentino.

"En contra del estigma popular que hay de que los asentamientos son tomas colectivas y con intereses políticos, que las hay, la mayoría son expresiones del habitar de los sectores populares que no tienen otra forma de acceder a la vivienda que no sea ocupando terrenos, en general pacíficamente", observa Gregorini.

Si lo normal suele ser comprar o alquilar una casa y luego habitarla, los vecinos de los barrios populares invierten el proceso: primero las habitan, luego las construyen y luego intentan conseguir los servicios básicos.

El representante de Techo relata que, en muchos casos, consumen gas en garrafas, por lo que pagan más por este recurso que los residentes de barrios más pudientes, mientras que consiguen agua de pozos, a veces de calidad "cuestionable".

El año pasado, el Congreso argentino aprobó por unanimidad la Ley de Integración Socio-urbana de Barrios Populares para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de estas áreas.

Aunque desde Techo celebran este logro, lamentan que aún no se haya reglamentado la norma y Gregorini teme que el presupuesto que le asignen sea bajo por el golpe económico que acaba de sufrir el país.

Mientras tanto, iniciativas como la "Casilla Rosada" hacen que las esferas de poder no puedan apartar la vista de una incómoda realidad de la que cada vez forma parte más gente.

Tono Gil