EFELa Haya

Los padres de una de cada siete víctimas de explotación sexual que buscó ayuda en Países Bajos el año pasado estaban involucrados en el abuso, el doble que en 2019, según un estudio del Centro contra la Trata de Niños y la Trata de Personas (CKM), que precisa que esto “solo es la punta del iceberg” de un problema acentuado en pandemia.

Según explicó este domingo a Efe Shamir Ceuleers, del CKM, esa es la conclusión del análisis de conversaciones anónimas entre víctimas y sanitarios en una plataforma digital de ayuda, conocida como “Chat met Fier”.

Hay unas 1.300 menores holandesas víctimas de explotación sexual en Países Bajos, pero solo el 3 o 4 % es visible en los registros porque denuncian, según el Relator Nacional Neerlandés.

El CKM investigó 283 conversaciones en total, lo que incluyó a niñas menores de edad que fueron obligadas por sus propios progenitores a mantener relaciones sexuales con terceros. El 20 % de las víctimas tienen 15 años o menos, mientras que las más jóvenes solo tienen 9 años.

“Cuando miramos las cifras de forma general, se ve que la situación sigue igual, lo cual nos sorprendió porque pensamos que, por las restricciones de la pandemia, el número de víctimas de explotación sexual bajaría. Pero no fue el caso. El coronavirus no ha disuadido a los traficantes de personas ni a sus clientes”, añade.

Las víctimas son “a menudo chicas muy jóvenes que siguieron siendo explotadas, a lo que no ayudó que estuvieran cerrados los colegios -los profesores ayudan a detectar señales de posible explotación sexual-, al igual que las organizaciones de salud o los servicios de investigación” en pandemia, añade.

Estas instituciones representan lo que se considera “medidas protectoras” que han estado “bastante inexistentes” durante la pandemia, lo que ha acentuado las dificultades de luchar contra este problema, que de por sí “permanece invisible” en la mayoría de los casos.

Aunque el número de víctimas en general ha permanecido estable en relación con 2019, se han duplicado los casos en los que uno o los dos padres están involucrados en la explotación de su propia hija. “Esto es solo la punta del iceberg. Más del 90 % de este grupo de víctimas es en realidad totalmente invisible”, asegura.

CKM, que no tiene una explicación concreta que aclare por qué los padres obligan a sus hijos a prostituirse, insta al Gobierno neerlandés a iniciar una investigación específica sobre esto, aunque apunta que, entre las razones que pueden llevar a los progenitores a ello, están los problemas de dinero o alguna adicción.

Un ejemplo de un caso de este tipo se produjo en Zelanda, provincia del suroeste de Países Bajos, donde una madre y su novio abusaron y obligaron a las dos hijas de ella a mantener relaciones sexuales con otros hombres en clubes y aparcamientos, entre 2008 y 2019. Las niñas eran drogadas regularmente con pastillas para dormir o con drogas.

El padrastro de las niñas fue sentenciado a 8 años de cárcel con asistencia obligatoria a tratamiento, mientras que el proceso judicial contra la madre de las niñas sigue en marcha y la fiscalía ya pidió una pena de prisión incondicional de 10 años, a los que se restarían los dos que lleva en prisión preventiva.

Según el CKM, esta historia no es un caso aislado y son cada vez más los niños que denuncian situaciones similares a través del Chat met Fier, que insta a los jóvenes a informar si se ven involucrados en situaciones en las que hay, por ejemplo, sexo contra su voluntad, se les obliga a traficar con drogas, o son víctimas de matrimonio forzoso.

Las redes sociales son una herramienta clave para los traficantes de personas a la hora de reclutar víctimas de explotación sexual, por lo que CKM recomienda al gobierno de Países Bajos negociar con plataformas como Instagram, Snapchat y TikTok para que asuman “una mayor responsabilidad” con vistas a combatir la explotación, preferiblemente en un contexto europeo.