EFECeuta

A las 06:00 horas del 13 de marzo de 2020 se decretaba el cierre de las fronteras terrestres de España con Marruecos como consecuencia del avance del covid-19 y para contener la propagación. Hoy, un año después, Ceuta tiene frontera pero sin frontera al permanecer totalmente cerrada.

La frontera del Tarajal, que era considerada uno de los pasos de más tránsito diario de la Unión Europea al soportar la entrada de más de 3.000 vehículos y más de 10.000 personas al día, es a día de hoy un lugar de tranquilidad debido al cierre de sus puertas.

La Guardia Civil y la Policía Nacional mantienen sus agentes desplegados en la zona pero sin necesidad de tener ni que ordenar las filas de entrada ni comprobar documentaciones, algo tan frecuente con el paso abierto, según ha reconocido a Efe un agente policial.

MIGRANTES

El cierre fronterizo, según han informado a Efe fuentes de la Guardia Civil, también ha tenido sus repercusiones en el plano migratorio al producirse un descenso cifrado en más del 60 por ciento en cuanto a las entradas terrestres.

Los inmigrantes tanto han desviado sus rutas migratorias hacia otros lugares como cambiado de estrategia, ya que se ha registrado un aumento de marroquíes que han intentado entrar en Ceuta a nado o a bordo de pequeñas embarcaciones.

En cualquier caso, el cierre del paso fronterizo también ha permitido la sustitución de las concertinas en las vallas por unos peines invertidos, medios menos lesivos para las personas que tratan de entrar por los 8,2 kilómetros de perímetro fronterizo terrestre.

REPATRIACIONES

Más de un centenar de marroquíes se han inscrito en una lista oficial que elabora la Delegación del Gobierno en Ceuta para posibilitar su regreso a su país de origen ante el cierre de las fronteras con Marruecos.

Fuentes policiales han confirmado a Efe que estas personas se han inscrito para poder retornar ante la incertidumbre del cierre fronterizo, que no tiene fecha de apertura y que, como mínimo, permanecerá cerrado todo el mes de marzo.

La Delegación del Gobierno ha habilitado dos teléfonos para que estas personas, que permanecen atrapadas en Ceuta, puedan cumplir con su objetivo de regresar con sus familiares, después de cerca de un año sin poder verlos.

La delegada del Gobierno, Salvadora Mateos, ha adelantado que mantiene conversaciones con las autoridades marroquíes para posibilitar este regreso por la aduana del Tarajal.

Desde que se cerró la frontera, Marruecos únicamente ha permitido cinco repatriaciones o "pasillos humanitarios" para posibilitar el regreso de marroquíes que estaban viviendo o trabajando en Ceuta.

En estas repatriaciones -tres en mayo, una en septiembre y dos en octubre- pudieron volver a Marruecos 653 personas, entre ellas varios menores con sus madres que habían estado viviendo en domicilios particulares o de familiares en la ciudad ceutí.

MANIFESTACIONES

En los últimos viernes ya se han registrado al menos cuatro concentraciones y protestas en la localidad marroquí de Castillejos, distante unos tres kilómetros de la frontera y de donde procede la mayor parte de los marroquíes que a diario entraban en Ceuta.

Estas concentraciones han tenido como pretensión reclamar la apertura del paso fronterizo debido a la falta de trabajo en las ciudades del norte de Marruecos, la mayoría de las cuales tenían enfocadas sus obligaciones laborales en la ciudad ceutí.

Estos manifestantes son personas que a diario cruzaban las fronteras para ejercer como limpiadoras de viviendas, cuidar a personas mayores, trabajar en las terrazas de muchos bares y restaurantes o en obras, además de dedicarse a la recogida de chatarra y otro tipo de enseres.

La pérdida de este poder adquisitivo ha motivado estas quejas que, por el momento, no han alterado los planes de que la frontera siga cerrada. "Estas protestas no van a influir en su apertura", ha dicho recientemente la delegada del Gobierno en Ceuta.

Un año después, con la pandemia aún sin controlar, Ceuta sigue contando con una frontera, que no lo es al permanecer cerrada a cal y canto.

Rafael Peña