EFEPekín

China honró hoy a las víctimas del alud ocurrido el pasado domingo en la ciudad de Shenzhen (sur) mientras se prepara para reforzar las medidas de prevención una vez confirmado, por una investigación del Gobierno, que el origen del accidente fue un fallo en la seguridad y no un desastre natural.

Siguiendo con la tradición china que establece que el momento de recordar a los fallecidos llega en el séptimo día desde su pérdida, las labores de búsqueda de los desaparecidos se detuvieron esta mañana para celebrar una ceremonia de homenaje.

Los centenares de vehículos desplegados para retirar los escombros hicieron sonar sus bocinas y todo el personal que se encontraba en la zona guardó después tres minutos de silencio.

Las autoridades locales y algunos trabajadores realizaron también una ofrenda floral en el lugar del accidente y se inclinaron en señal de respeto.

Concluido el recordatorio, se retomaron los trabajos de búsqueda para tratar de encontrar los restos de las 75 personas que, según los últimos datos oficiales, siguen desaparecidas.

El desprendimiento ocurrido el pasado 20 de diciembre en una montaña de escombros adjunta a un parque industrial de Shenzhen dejó enterrada una superficie de 380.000 metros cuadrados.

En total afectó a 33 edificios, entre fábricas, edificios de oficinas, restaurantes, inmuebles de dormitorios y construcciones de baja altura.

El dispositivo de salvamento recibió una luz de esperanza cuando rescató, el pasado miércoles, a un joven que permaneció 67 horas atrapado en un agujero bajo ocho metros de escombro.

Ese día, cuando se agotaba el periodo de 72 horas que los expertos consideran crucial para encontrar a los desaparecidos con vida, se recuperaron también cuatro cadáveres.

Sin embargo, desde entonces, el masivo despliegue de más de 5.000 personas y 700 excavadoras no ha hallado más signos de vida.

Aunque las autoridades han proporcionado diferentes cifras de desaparecidos, algunas de ellas contradictorias, ya se considera el accidente de Shenzhen como el último episodio en la serie de tragedias que ha sufrido China este año.

El gigante asiático empezó 2015 con una estampida en una fiesta de Nochevieja de Shanghái (este) en la que fallecieron 36 personas y otras 49 resultaron heridas.

A principios de junio, el naufragio de un crucero en el río Yangtsé (a su paso por el centro de China) provocó 442 muertes y, tres meses después, el país se volvió a teñir de luto por las explosiones que se produjeron en el puerto de Tianjin (noreste), donde al menos 170 personas perdieron la vida.

A esa lista se suma ahora el alud de Shenzhen, en un accidente que comparte con los de Tianjin y Shanghái el hecho de haberse producido en una moderna gran urbe y con negligencias en las medidas de seguridad de por medio.

Una empresa encargada por el gobierno municipal para supervisar la gestión de la escombrera avisó días antes del desprendimiento de los riesgos que tenía una instalación en la que hacía meses que los residuos no se estaban comprimiendo adecuadamente, reveló la revista económica Caixin.

También el Consejo de Estado (Ejecutivo) de China admitió este viernes que la investigación que había encargado tras el suceso de Shenzhen mostró que se trató de un "accidente de seguridad de la producción" y no un desastre geológico, como se apuntó en un primer momento.

El Gabinete chino anunció, asimismo, la apertura de otra investigación para depurar las responsabilidades de todas las personas implicadas.

La tragedia de Shenzhen ha golpeado a una ciudad que durante años había sido símbolo del desarrollo experimentado por China en las últimas décadas hasta convertirse en la segunda economía del mundo.

Desde que fue elegida por Deng Xiaoping a principios de los 80 como uno de los primeros lugares abiertos a la economía de mercado, la ciudad creció hasta convertirse en una metrópoli de rascacielos con 10 millones de habitantes, más que la vecina Hong Kong, y en la cuna de la hoy floreciente industria tecnológica china.

Pero el desprendimiento del pasado domingo ha puesto en duda ese modelo de planificación urbana y ha hecho que las autoridades de la potencia asiática ya hablen de buscar vías para mejorarlo de manera que la seguridad sea prioritaria.

Adrià Calatayud