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Nueve millones de personas viven con dolor crónico en España y de ellas el 62 por ciento (5,5 millones) no han sido nunca derivadas a una unidad del dolor, a pesar de que ser tratado en uno de estos servicios puede cambiar radicalmente la vida de los pacientes.

"El manejo de esta enfermedad compleja, y a veces invalidante, todavía es una asignatura pendiente en nuestro país, ya que los recursos sanitarios con capacidad para prestar una atención experta e integral a los pacientes, es decir, las unidades del dolor multidisciplinares, son claramente insuficientes y están desigualmente repartidas".

Lo ha asegurado el profesor Juan Antonio Micó, presidente de la Sociedad Española del Dolor (SED), en un acto con motivo del Día Mundial del Dolor, en el que profesionales y pacientes pretenden aumentar la concienciación y reclamar una atención sanitaria adecuada.

De cada tres pacientes con dolor uno tiene dolor neuropático, y en cuanto a la mayor severidad, lo encabeza la neuralgia del trigémino, seguido del cáncer de páncreas extendido al retroperitoneo.

En España existen 183 unidades del dolor ubicadas en los 800 hospitales que hay, aunque apenas 12 cuentan con un equipo multidisciplinar, por lo que buena parte de la población no tiene acceso a ellas.

Son datos del "Estudio sobre las unidades del dolor en España: actualización de sus recursos y actividades", realizado por la SED en colaboración con el Instituto de Salud Carlos III, que refleja que solo el 18 % de estas unidades cubren toda la cartera de servicios necesaria para aliviar el dolor más complejo, que padece el 7 % de la población.

Solo el 12 % de los pacientes que llegan a las unidades del dolor provienen de su médico de familia, que en algunos lugares tienen incluso "prohibido" la derivación, por lo que los pacientes realizan un "peregrinaje inaceptable", ha subrayado el doctor Víctor Mayoral, secretario de la SED.

Ese periplo hace que acudan "con mucho retraso": nueve años en el caso de los hombres y diez de las mujeres. Unos datos que "han ido a peor", ya que antes la media era de siete años, ha denunciado el doctor Mayoral.

Lo sabe muy bien Ana Llorens, musicóloga investigadora, quien, a causa de la enfermedad rara del aparato digestivo que padece, durante 15 años soportó fuertes dolores de estómago, dos de los cuales los pasó conectada 24 horas al día a una máquina, lo que le obligó a dejar de tocar el violonchelo y a interrumpir sus estudios de doctorado.

"Tenía dolor permanente, no podía comer o beber y si comía o bebía no podía moverme, estaba completamente paralizada, no podía estar sentada con la espalda recta, no podía hablar, un dolor completamente paralizante", ha señalado a Efe.

Una vez diagnosticada, fue derivada a la unidad del dolor del Hospital de La Princesa de Madrid. Durante más de dos años estuvo probando distintos tratamientos sin éxito hasta que hace un año le implantaron un neuroestimulador medular que frena las señales del dolor y no le llegan tan fuerte al cerebro. "Gracias a eso he vuelto a recuperar mi vida".

La presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, Carina Escobar, ha presentado el informe "El dolor en la enfermedad crónica desde la perspectiva del paciente" que destaca que solo el 60 % de los pacientes cuenta con un diagnóstico específico de dolor crónico.

Tras advertir de que "el dolor aparece dos años antes que el diagnóstico", ha lamentado "lo poco" que se escucha a los pacientes, lo que les genera "muchísima frustración" y "desconcierto" en la vida diaria, que queda limitada.

Además, ha asegurado, que a las mujeres se les escucha aun menos, razón por la cual reciben más tarde atención médica. Ello, a pesar de que dos de cada tres pacientes con dolor son mujeres y uno de cada tres, hombres.

El dolor crónico no se incluye en el baremo de cálculo que se utiliza para otorgar la discapacidad o la dependencia, ha recordado.

Este año el Día Mundial quiere llamar la atención sobre la situación de los colectivos más vulnerables con respecto al dolor, como ocurre con los niños, los adolescentes, los ancianos con demencia, las personas con enfermedades raras, discapacidad y enfermedad mental graves y las víctimas de la violencia, la guerra y la tortura.

Si el 18 % de la población española vive con dolor crónico, el porcentaje alcanza al 37 % en la infancia y el 70 % en los mayores de 65 años.

Los colectivos vulnerables tienen unas características vitales, sociales, físicas, psíquicas o cognitivas que les impiden comprender y expresar el dolor, que es difícil de medir objetivamente ya que es "invisible".

Aunque hay mucha investigación para descubrir biomarcadores que lo midan, de momento no hay resultados. Sí existe ya un software para reconocer los episodios de dolor en pacientes con demencia que no verbalizan bien, ha explicado el doctor Mayoral.