EFEBarcelona

Julián Martínez coge el tren cada viernes a sus 65 años desde Reus (Tarragona) hasta Barcelona para desplazarse a la sinagoga a celebrar el 'shabbat', pues aunque no nació judío y no tiene familia que lo sea, él, como muchos otros, ha decidido abrazar la fe hebrea por voluntad.

Un proceso poco sencillo que solo aquellos con verdadera voluntad de convertirse son capaces de terminar, puesto que se trata de una religión que no busca nuevos prosélitos y acepta únicamente conversiones a conciencia y de corazón.

Hace 18 meses que comenzó un proceso de conversión en la sinagoga de 'Bet Shalom' de Barcelona, encuadrada dentro del judaísmo progresista, después de que un viaje a Toledo en 2013 le hiciera conectar con una dimensión espiritual que hasta entonces era ajena para él.

Martínez, técnico de farmacia jubilado, explica a Efe que la visita a Toledo le removió, y que recuerda que se sintió incapaz de acercarse a la zona donde una vez los judíos que habitaron la ciudad guardaban los rollos de la Torá, el texto sagrado que representa la piedra angular del judaísmo.

"Me pasó una cosa muy curiosa, no fui capaz de acercarme a un sitio donde yo sabía que allí había estado el rollo de la Torá", confiesa Martínez, que destaca el respeto que le generaba que generaciones anteriores de personas hubieran sentido algo que él no había sentido nunca en ese espacio.

Igual que Martínez, en la misma sinagoga de Barcelona está en proceso de conversión Carme Vinyes, una consultora de telecomunicaciones de Rubí (Barcelona) de 32 años que tiene un hijo de casi un año de edad y que está a punto de terminar su conversión tras dos intentos fallidos previos por la vía ortodoxa.

Ella entró en contacto con el judaísmo años atrás a través de un exnovio judío ortodoxo practicante con el que hizo "una auténtica inmersión" en la cultura hebrea, y fue la persona que le introdujo en la comunidad judía, en la que hizo su primer proceso de conversión.

"Tenía ollas diferentes para cocinar las cosas que llevaban leche y otras con carne, y lo tenía todo marcado en hebreo, y le dije que, por favor, que si no quería que tuviéramos un gran desastre, que me lo pusiera en un idioma que yo pudiera entender", detalla entre risas Vinyes.

El momento en que llegó a plantearse la conversión fue a raíz de un viaje que hizo a Israel con el que era entonces su pareja, y algo le removió en su interior ante el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén: "Me quedé allí, sentada, súper hipnotizada y dije: ¿quizás me lo podría llegar a plantear?".

Ambos proceden de la tradición cultural católica pese a no ser practicantes, aunque algunos de sus familiares sí lo eran, y recibieron el apoyo de la mayoría de sus más allegados aunque, en el caso de Vinyes, hay quien entre su entorno más cercano recibió la noticia con desagrado.

Vinyes explica que su madre, una persona muy importante en su vida, le apoyó desde el principio y fue quien le regaló su primera Torá judía, y quien además hizo de puente entre ella y otros familiares suyos que reaccionaron con extrañeza a su decisión de vivir una vida judía.

Martínez, que ya es abuelo, nunca recibió un reproche de sus hijos, que incluso le regalan objetos e instrumentos litúrgicos que necesita para la práctica de su religión, y enseña con orgullo la 'maguén David' -estrella de David- que luce colgando en su cuello a modo de ejemplo.

Pese a su firme convicción, dar el paso no ha sido fácil ante un antisemitismo que todavía hoy impregna a la sociedad, puesto que ambos se han sentido amenazados o cuestionados por su condición religiosa, algo que relacionan con el "desconocimiento" de la gente hacia el judaísmo.

"Yo he paseado por las calles de Barcelona con gente que llevaba kipá, y desde 'heil Hitler' a 'sabemos donde estáis viviendo'", lamenta Vinyes, que destaca que en comunidades de la capital catalana y de Madrid se recomienda no identificarse al salir de la sinagoga "por cuestiones de seguridad".

Algo que no ha vivido con la misma intensidad Martínez, que ha mantenido su conversión al judaísmo como algo que hasta ahora solo conocían amigos y familiares, aunque siente como muchas veces se mezcla la política con la religión y se le pregunta su opinión sobre el conflicto entre Israel y Palestina.

Ambos han encontrado en el reformismo judío su manera de conectar con la religión madre del cristianismo, puesto que Vinyes dejó sus otros dos procesos ortodoxos anteriores al sentir que no eran la forma en la que ella conectaba con el que ha querido que sea, por elección, su pueblo.

Sus procesos de conversión están en una fase muy avanzada, tras los cuales deberán enfrentarse a un 'Bet Din', un tribunal rabínico, que está en Londres, para más adelante poder sumergirse en una mikvé -una piscina ritual judía- donde renacerán, como si fuera del vientre materno, como parte del pueblo de Israel.

España expulsó a los judíos en 1492, aunque Barcelona había sufrido un grave pogromo 100 años antes, y pese a siglos de ausencia hay quienes profundamente convencidos se erigen como legítimos sucesores de aquellos que se llevaron las llaves de sus casas con la esperanza de volver algún día a Sefarad.

Sergi Ill