EFEDunkerque (Francia)

En las calles de Dunkerque se habla mucho del transporte público, gratuito desde septiembre, aunque algunos no tienen claro si eso será suficiente para que más ciudadanos dejen el coche aparcado o si la medida será sostenible a largo plazo.

La gratuidad no es inédita para esta área metropolitana del norte de Francia, donde desde 2015 no se paga el autobús el fin de semana, y tampoco para otros 31 municipios del país. Pero con 200.000 habitantes y 17 ayuntamientos, Dunkerque es la aglomeración urbana más grande de Europa en haberla instaurado.

En sus dos primeros meses de funcionamiento, la afluencia de pasajeros ha aumentado en un 50 % de lunes a viernes y en un 120 % los fines de semana, de acuerdo con datos oficiales.

Es el caso de Claudia Athelstane y Claire Maes, estudiantes de secundaria: "Ahora vamos al centro mucho más a menudo y sin tener que pedir dinero a nuestros padres", dicen a Efe mientras esperan en una parada de Leffrinckoucke, a las afueras de Dunkerque.

También el de Catherine Lavisse, que no tiene de carné de conducir ni suficientes recursos para pagar un abono de transporte y que ahora sube al autobús para ir a recoger a su hija a la escuela.

Según explica a Efe el alcalde de Dunkerque, Patrice Vergriete, "garantizar el derecho a la movilidad" es uno de los tres objetivos para instaurar la gratuidad en esta ciudad de tradición minera, con una tasa de paro notablemente superior a la media del país.

El resto son aumentar la capacidad adquisitiva de la ciudadanía y reducir el uso del vehículo privado, que antes representaba dos tercios de los desplazamientos.

No obstante, para la Federación Nacional francesa de Asociaciones de Usuarios de Transporte (FNAUT), la gratuidad es "innecesaria" e "insuficiente" para cambiar los hábitos.

Conforme a datos de esta organización, solo un 2 % de los nuevos usuarios son personas que antes empleaban el coche.

"Antes que la gratuidad para todos, sería mejor invertir el dinero de los que tienen recursos en mejorar la calidad o impulsar el proyecto del tranvía", opina el presidente de la FNAUT, Bruno Gazeau. Por eso, propone una tarifa gratuita solo para las rentas más bajas.

"La FNAUT se olvida del factor psicológico", se defiende el alcalde de Dunkerque, quien agrega: "La gratuidad despierta el interés, convierte la ciudad en accesible y mejora la convivencia, puesto que los ciudadanos ya no son contribuyentes, sino usuarios del transporte".

Lo certifica Jean-Michel Buehon, conductor de autobús, que sin dejar de mirar a la carretera asegura recibir más "buenos días" que antes. Mientras se dirige a la plaza Jean Bart, ahora peatonal, añade que las subidas y bajadas son más ágiles.

La gratuidad también se ha acompañado de una serie de mejoras, como el aumento de diez a diecisiete líneas, cinco de las cuales con una frecuencia de diez minutos entre las 07.00 y las 19.00 horas, la contratación de 42 chóferes, obras viales y más carriles reservados a los autobuses.

Otro de los beneficiarios del nuevo sistema ha sido el sector del taxi, que ha visto incrementado su número de clientes. "Todo lo que haga moverse a la gente es positivo para el negocio", afirma el presidente del sindicato de taxistas de Dunkerque, Jean-Luc Mahieux.

La pregunta es obligada: ¿quién paga la gratuidad? En Francia el transporte público es financiado por la Administración, por un impuesto a empresas y organismos públicos de más de once empleados y por la venta de billetes, que en Dunkerque representaba 4,5 millones de euros y solo el 10 % del coste total.

El antiguo presidente del área metropolitana aumentó en un 0,5 % el impuesto del transporte, que supone entre 6 y 7 millones de euros anuales adicionales, para construir un pabellón deportivo. Vergriete anuló este proyecto y destinó los ingresos a su promesa electoral.

El alcalde resalta que Dunkerque se ha convertido en una referencia para otras ciudades, entre ellas París, cuya regidora, Anne Hidalgo, aseguró en una visita que estudiaría si su sistema podría importarse a la capital.

En todo el mundo existen 99 redes de transporte público gratuitas, según la Universidad Libre de Bruselas.

El récord mundial lo tiene la ciudad china de Changning, cuyos 800.000 habitantes suben gratis al autobús desde hace diez años.