EFEYakarta

Hoy comenzó el juicio civil contra el Gobierno indonesio por los altos niveles de contaminación del aire en Yakarta y sus ciudades satélite, tras una demanda ciudadana emprendida por habitantes de la capital, una de las urbes más contaminadas del mundo.

Una treintena de residentes de las ciudades de Yakarta, Tangerang, Depok, Bogor y Bekasi, que suman una población de cerca de 30 millones de habitantes, firmaron la demanda contra el presidente indonesio, Joko Widodo y los ministerios de Medioambiente, Interior y Sanidad, a los que acusan de incumplir una regulación gubernamental de 1999 sobre el control de polución medioambiental.

La abogada de los demandantes, Ayu Eza Tiara, indicó hoy a Efe que exigen a los demandados que pongan en marcha un plan de acción en cada provincia para establecer controles de polución atmosférica en vehículos e industrias y reducir los niveles de contaminación en la megápolis, que es de las más congestionadas del mundo.

La demanda fue impulsada por la coalición de organizaciones ecologistas Equipo de Defensa del Movimiento de la Capital, que han iniciado una campaña para apoyar el proceso judicial que contaba esta mañana con más de 13.700 firmas.

Los habitantes de Yakarta acusan también a los gobernadores de las provincias de Bantén, Yakarta y Java Occidental de negligencia a la hora de preservar un ambiente saludable e informar de los niveles de contaminación y sus efectos sobre la salud.

Los demandantes señalan también a las ocho centrales termoeléctricas de carbón en los alrededores de Yakarta, donde se están construyendo otras cuatro, como responsables de empeorar la calidad del aire en la capital.

A mediodía de hoy, Yakarta se situaba como la más contaminada entre las grandes ciudades del mundo, una posición que ha ocupado varios días desde que comenzó la estación seca en junio, según el índice de calidad del aire de la plataforma Air Visual.

La capital aumentó los niveles de contaminación en los últimos dos años en más de un 50 por ciento, de 29,7 microgramos por metro cúbico en 2017 a 45,3 en 2018, unos niveles de contaminación que aumentan la probabilidad de sufrir infartos, enfermedades respiratorias y otras dolencias.