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Lentejuelas de las bailarinas, ritmo frenético de los tambores de candombe, enormes banderas agitadas por brazos robustos, cabezudos y grandes títeres se mezclan con carrozas repletas de luz y sonido a lo largo de la avenida 18 de julio, la más importante de Montevideo.

Es el Desfile del Carnaval de Uruguay, el más largo del mundo, que, además de fiesta, guarda mensajes de inclusión y superación en una noche de verano (austral) que puso el marco a este pistoletazo de salida para la fiesta de Momo.

UNA FIESTA EN LA QUE CABEN TODOS

Más allá de rendir homenaje al espíritu del dios Momo, el desfile carnavalesco tiene otro objetivo: que todos disfruten de la fiesta, tanto a uno como a otro lado de la barrera.

Ataviada con un vestido azul con lunares blancos y emocionada por salir a bailar se encuentra Nadia Monúa, una joven uruguaya que participa por primera vez en el Carnaval y que, cuenta a Efe, lo que más disfruta de esta fiesta son sus compañeras y "el ritmo de los tambores".

Forma parte de la agrupación Balelé, una comparsa que trabaja desde 2015 por la inclusión de mujeres ciegas y personas con discapacidad en Uruguay.

En esta comparsa se baila "por parejas", ya que cada invidente tiene a su lado a un guía que le indica por dónde debe moverse.

"Yo vine de España y vi cómo en España la gente con discapacidad visual maneja su vida como el común de la gente. Y acá tenía que pasar lo mismo", relata a Efe la guía de la comparsa Mónica Paula Piñeiro.

Unos grupos por detrás se encuentra Mónica Nípoli, que con la cara pintada de un verde intenso dirige el Atelier Taita, una agrupación para la inclusión de jóvenes con discapacidad y de la cual nació hace quince años la murga "Comodines".

Además de preparar las letras de la murga, Taita trabaja todo el año por la inclusión mediante talleres de arte, de diseño o de traje.

"Este año el mensaje que transmite es que todo que se puede, que vamo' arriba (tradicional frase uruguaya para levantar el ánimo)", asevera Nípoli a Efe mientras su agrupación comienza a desfilar por la avenida.

La crítica social y la sátira, como ocurre en otros carnavales del mundo, no faltan en el país suramericano, donde también desfilan versiones caricaturizadas de las figuras políticas del momento, como, por ejemplo, el líder de Cabildo Abierto (CA, derecha), el exmilitar Guido Manini Ríos, cuyo 'alter ego' tuvo un tropiezo mientras circulaba por la marcha.

LA TRANSFORMACIÓN DE UNA CIUDAD

A pesar de ser la ciudad donde reside alrededor de la mitad de la población de Uruguay, Montevideo se caracteriza por su tranquilidad y quietud, y raro es encontrarse a gente paseando un jueves cuando ya cae la noche.

Sin embargo, para la celebración del Carnaval, la capital uruguaya se transforma, y sus habitantes salen a la calle para contemplar a todos los artistas que desfilan.

Las murgas (conjuntos corales y musicales que interpretan letras satíricas) son las agrupaciones más numerosas de las más de cincuenta que participan en la marcha, pero no son las únicas.

También festejan las comparsas de negros y 'lubolos' (músicos y bailarines de candombe blancos pintados de negro), los parodistas (grupos teatrales que parodian algún episodio histórico o personaje popular en clave de humor), las revistas (grupos de comedia musical) y los humoristas.

Pequeños y mayores se agolpan detrás de la valla para no perderse a su favorito, y rompen en aplausos cuando este aparece, como hace Daniela Pintado, que no duda en reconocer que sus preferidos son los parodistas por "las historias que se cuentan".

Esta montevideana vive el Carnaval "desde muy niña", y es una tradición que pretende transmitir a sus hijos que, risueños, miran a las vedettes mientras mueven las caderas.

SOLO EL COMIENZO

Con este desfile da comienzo un Carnaval que continuará este viernes con la marcha de las Escuelas de Samba.

Otro de los puntos fuertes será el Desfile oficial de Llamadas, que tendrá lugar los días 7 y 8 de febrero y que supone una de las manifestaciones más elementales de la cultura afrouruguaya y que distingue al Carnaval uruguayo de otros en el mundo.

De esta manera, la música, el ritmo y el color seguirán inundando las calles uruguayas durante muchos días más.

Sergio Marín Lafuente