EFEParís

Francia se ha propuesto vacunar este agosto a todos los refugiados y demandantes de asilo alojados en centros de acogida y encara ese objetivo haciendo frente al lastre de la burocracia y a la dificultad que estos presentan por el idioma y su situación precaria.

Médicos Sin Fronteras (MSF), una de las ONG encargadas de inmunizar a ese colectivo, considera el plan "muy ambicioso" ante la complicación de reclutar personal voluntario los meses de verano, según explica a EFE la responsable de la Acción Covid en la región de París, Cristiana Castro.

Sin embargo, "hay muchas dosis", afirma. Desde el 8 de julio, MSF ha vacunado a 4.000 personas en sus instalaciones, que se reparten entre varios puntos de la capital y sus alrededores, donde también vacunan en hogares para trabajadores inmigrantes sin papeles.

La campaña estival, dirigida a personas sin casa y en situación irregular, pasa por una previa sensibilización entre los beneficiarios, que presentan dudas ante la inyección y sus consecuencias administrativas, y para lo que la tarea inicial de esta organización es "desmitificar la vacunación", cuenta Castro.

Las redes sociales, como Facebook, Instagram y Tik Tok, también se utilizan como herramienta para difundir la importancia de la inmunización entre los más vulnerables, como ha hecho Cruz Roja, otra institución que se ha unido a este plan.

PERFILES VARIADOS

El perfil de quienes acuden a estos establecimientos es variado, reconoce Castro. En su mayoría son hombres, solicitantes de asilo que buscan cobertura social y que acaban de llegar de África subsahariana, el Magreb y Oriente Medio.

También los hay con permiso de residencia, pero cuya situación particular les impide acceder a los centros sanitarios, como es el caso de Miloud Jendli, un tunecino sexagenario que llegó a París en 1973.

Antes de recibir su primera inyección, tuvo que rellenar un formulario con sus datos personales, incluida la cobertura sanitaria de la que dispone, aunque esta no sea requisito indispensable para MSF.

"La vacunación es buena para la salud de todos", dice Jendli a EFE en un francés poco comprensible, acompañado de un amigo que le ayuda a comunicarse con los voluntarios y empleados de la organización en el centro que esta ha instalado en la Puerta de la Villette, muy cerca de la autopista que rodea la capital.

"Hay mucha gente que no habla ni francés ni inglés. Tenemos varios miembros de nuestro equipo que saben árabe y otros idiomas específicos, y usamos traductores e intérpretes para nuestras actividades", cuenta Castro.

La mayoría de los beneficiarios llegan a la carpa de MSF a mediodía, algunos de ellos acompañados de su familia, que hacen cola a la espera de ser atendidos personalmente para pesarles y tomarles la temperatura.

INCREMENTO DE DOSIS

Desde el anuncio a mediados de julio de que el pasado día 21 iba a ser obligatorio presentar un certificado sanitario para entrar en ciertos lugares públicos, MSF ha comprobado un aumento de solicitudes para vacunarse, si bien esta organización cree que el documento "corre el riesgo de marginar a este colectivo aún más".

"Tememos que, de repente, ya no puedan acceder a aquellos sitios que son realmente importantes para hacer ellos, como centros de alojamiento y centros de día", afirma Castro sobre ese pase que de momento se exige para entrar en establecimientos culturales.

La presentación de ese certificado se reclamará también en todos los bares y restaurantes a partir del próximo lunes si recibe este jueves el visto bueno del Consejo Constitucional, la máxima instancia judicial del país.

MSF considera "urgente" que las autoridades sanitarias pongan a su disposición más recursos financieros y humanos para garantizar la vacunación de quienes están en la calle, en campamentos o en centros de acogida de emergencia, o sea, "en situaciones de gran precariedad".

En julio, las personas desfavorecidas que llegaban diariamente a estos centros de vacunación no superaban los cuarenta, sin embargo en la actualidad son más de cien, estima Castro.

El Gobierno francés no da cifras exactas sobre este colectivo y su cobertura de vacunación, aunque este martes anunció que en las próximas semanas los servicios médicos de las delegaciones territoriales de la Oficina Francesa de Inmigración e Integración (OFII) serán autorizados como centros de inmunización.

La "número dos" del Ministerio del Interior, Marlène Schiappa, ha instado a las agencias regionales de salud a "agilizar" la campaña de vacunación de los alojados en albergues de inmigrantes, así como de los solicitantes de asilo y refugiados, recurriendo para ello si es necesario a equipos móviles.

En la actualidad, 42,8 millones de personas han recibido en Francia al menos una inyección contra la covid-19, es decir, el 63,6 % de la población total, y 35,7 millones tienen la pauta completa de la vacuna.

Mario García Sánchez