EFEMadrid

José Luis, de 66 años, pertenece a ese reducido grupo de hombres que padece cáncer de mama, un tumor ligado fundamentalmente a las mujeres, que tienen que afrontar el dolor emocional y el impacto visual asociado a la pérdida de un seno, algo que desaparece en ellos cuando, como dice, se ponen la camisa.

En una entrevista con Efe, a falta de una jornada para que se celebre el Día Mundial del Cáncer de Mama, José Luis quiere visibilizar esta patología en los hombres porque, aunque es muy poco común en ellos -uno de cada cien casos se produce en un varón-, también la pueden padecer porque tienen tejido mamario.

"Me ha quedado una cicatriz grande, pero lo que pasa es que los hombres tenemos la grandísima suerte de que nos ponemos la camisa y se acabó. No hay una manifestación externa clara de que se ha producido la ablación de la mama", comenta.

José Luis González fue diagnosticado de cáncer de mama hace dos años, con lo que en él se cumplió la norma que suele ser habitual, que la edad media del diagnóstico en ellos es de entre los 60 y 70 años, aunque puede afectar a todas las edades, y se suele detectar más tarde que en las mujeres por la falta de prevención, ya que en las hombres no se hacen pruebas de cribado de cáncer de mama.

¿Cómo se lo diagnosticaron? "Había un síntoma que yo no sabía lo que suponía, pero afortunadamente mi medico de cabecera sí. Tenía secreciones en la mama izquierda, incluso con algo de sangre, y yo no le daba importancia, pero ella se la dio", recuerda.

La doctora le explicó lo que suponía y que era algo infrecuente en los hombres, pero, como dice José Luis, "da igual lo atípico que pueda resultar, esto es lo que hay".

Su familia lo acogió bien, según relata emocionado cuando se refiere a ella y al apoyo que recibió cuando primero tuvieron que quitarle la mama y luego recibió quimioterapia y radioterapia.

Fueron seis meses en los que, dentro de lo que cabe, tuvo suerte, según sostiene, porque el tratamiento no le afectó demasiado y la rehabilitación en la Asociación Española Contra el Cáncer (Aecc) le fue muy bien.

Pero el cáncer ha hecho que se sienta más cansado y, tras extirparle 16 ganglios de la zona de la axila, sufre un linfedema (acumulación anormal de líquido en el tejido blando debido a una obstrucción en el sistema linfático) en el brazo izquierdo, lo que obliga a llevar una manga de presión desde los hombros a los dedos.

Los ganglios o nódulos linfáticos axilares se encargan de recoger la linfa del brazo y evitan que se acumule en la extremidad, y el linfedema se produce porque al extirpar estos ganglios linfáticos se acumula líquido intersticial en el brazo del mismo lado de la intervención y provoca un aumento de su tamaño.

A pesar de esta situación, José Luis mira con optimismo la vida y el cáncer de mama no le ha supuesto un alto impacto psicológico, algo que sí ocurre en otros hombres, según Ana González Márquez, psicóloga de la AECC: "Es una enfermedad que se asocia a las mujeres con lo que inicialmente causa incluso sentimientos de vergüenza, de culpa, porque no tiene explicación ante lo que le esta pasando".

No obstante, "les cuesta mucho pedir ayuda" ante síntomas como la ansiedad y la depresión u otros sentimientos asociados a la autoestima o dificultades en la conducta sexual y en las relaciones de pareja.

Estos sentimientos se pueden producir porque el hombre no encuentra modelos de referencia de la enfermedad que le apoyen en el proceso de comprensión, de ahí la importancia de visibilizar esta enfermedad en el varón.

Una patología, según recuerda González, que tiene tratamiento y que se puede curar porque estamos en un 95 % de tasas de curación.

Por Belén Escudero