EFEEstrasburgo (Francia)

El cierre este domingo del cuarto de los paneles ciudadanos de la Conferencia sobre el Futuro de Europa en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia) ha supuesto el colofón final de la primera fase de este ágora ciudadana en la que los europeos toman un papel activo en el reinicio de la Unión Europea tras la pandemia.

Durante cuatro semanas, 800 ciudadanos, que han cambiado por unos días la imagen de burócratas y ejecutivos de trajes grises paseándose por los pasillos -como algunos los han definido-, han vertido sus opiniones, recomendaciones y sueños para configurar una Unión Europea más preparada para responder a los grandes retos que se avistan en el horizonte.

Elegidos aleatoriamente de los cuatro puntos cardinales de la UE y de diferentes edades y orígenes, muchos de ellos no se creían la oportunidad que se les brindaba la primera vez que descolgaron el teléfono. Incluso, una vez conscientes de lo que ocurría, algunos pensaron que no eran las personas idóneas para esta tarea.

"Yo les dije que no era la persona más adecuada, que no entendía de política y me convencieron porque me dijeron que era lo que estaban buscando, ciudadanos de a pie, del día a día. Este es el mayor reto que ha planteado Europa", dijo María Vaca (45 años, Barcelona), quien salió a hablar frente al resto de ciudadanos en el cierre de uno de los paneles.

Aunque cada panel ha situado el foco del debate en temáticas distintas -economía y educación, Estado de Derecho, medioambiente y migración-, los 800 han tenido que responder a la misma pregunta: ¿cómo quieren que sea la Unión Europea a partir de 2050?

“Yo lo veo mal, cada vez más rota por nacionales y atrapado por una derecha cada vez más dura. Pero los jóvenes vienen con una actitud muy positiva y esperan encontrar mucho de la UE. Espero que me equivoque”, reconoció José Luis Granjel (59 años, Barcelona), uno de los participantes de este fin de semana.

Otros dejan de un lado lo tangible para defender que la “ilusión”, sobre todo en las generaciones más jóvenes, sea la “esencia” de la UE, como Eduardo Besa (75 años, Vitoria) porque “sin ilusión no vamos a ninguna parte”.

Ahora el futuro del proyecto político pasará irremediablemente por los ideales y anhelos de Besa, Vaca, Granjel y del resto de ciudadanos quienes volverán a verse las caras de forma telemática para pasar posteriormente por las sedes de diferentes institutos europeos de Irlanda, Italia, Polonia y Países Bajos.

Al término de las tres sesiones, cada panel concretará una serie de conclusiones que se presentarán en sesión plenaria de la Conferencia y se debatirán junto a las instituciones comunitarias.

ESCRIBIENDO EL FUTURO DE LA UE

Planteada inicialmente para ser lanzada en mayo de 2020, la Conferencia echó a andar en un momento dulce para la Unión Europea en cuanto a la percepción que los ciudadanos tienen de ella.

Según el último Eurobarómetro, la confianza de los europeos en el club comunitario se situaba en el 49 % a principios de año, lo que supone el dato más alto desde la primavera de 2008 y un crecimiento de seis puntos en comparación con el verano del pasado año.

La Conferencia es la primera vez que las tres instituciones comunitarias (Eurocámara, Comisión Europea y Consejo), que comparten su presidencia, se conjuran para hacer partícipe a la ciudadanía en decisiones de gran calado.

Queda por ver cómo se traducen las conclusiones que se extraigan de este ejercicio de reflexión, pero la terna comunitaria ha reiterado, desde el pistoletazo de salida el pasado 9 de mayo, su deseo de que las recomendaciones que salgan no queden simplemente reflejadas en un documento y se materialicen en reformas.

Más ambicioso se ha mostrado el Parlamento Europeo, que incluso ha abierto la puerta a que, si la ciudadanía lo desea, se revisen los tratados comunitarios.

El final de la primera fase de los paneles es también un paso más en esta "carrera de relevos" para transformar el propio club comunitario, como lo definió el eurodiputado liberal belga, Guy Verhofstadt.

Porque los 800 ciudadanos son la voz de cerca de 446 millones de personas que habitan la Unión y que ahora escriben un nuevo capítulo de su futuro.

Por Jorge Ocaña