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La Guardia Civil ha colaborado con la Policía de Lincolnshire (Reino Unido) en la localización de cuatro plantaciones subterráneas de cannabis, repartidas en búnkeres escondidos a más de seis metros de profundidad bajo toneladas de residuos de una planta de reciclaje, y valoradas en unos 500.000 euros.

 Según ha informado este sábado el instituto armado, este hallazgo en el Reino Unido deriva de la denominada Operación Hannibal, en la que la Guardia Civil desmanteló en Málaga la primera fábrica clandestina de tabaco "underground" de Europa.

Componentes del Grupo de Delincuencia Económica de la Unidad Central Operativa (UCO) se trasladaron a principios de septiembre, a petición de la Policía de Lincolnshire, a este distrito al sospechar que podría haber infraestructuras ilegales de tabaco o drogas, y finalmente llegaron a una granja situada en el municipio de Skendleby.

Allí encontraron un total de cuatro búnkeres a más de seis metros de profundidad en cuyo interior se llevaban a cabo distintas fases del cultivo de marihuana.

Los búnkeres estaban formados por doce contenedores de transporte con accesos escondidos, con grandes medidas de seguridad a lo largo de toda la granja.

Se trataba de una explotación agrícola y ganadera y contaba con una planta de reciclaje con más de 300 toneladas de desechos ilegales, lo que dificultó la localización de los accesos a los búnkeres.

Tres personas fueron detenidas y según calculan las autoridades británicas, el valor de las sustancias intervenidas sobrepasaría le medio millón de euros.

Esta intervención deriva de la denominada Operación Hannibal, que desmanteló una organización criminal asentada en Málaga, dedicada principalmente al tráfico de drogas y a la producción ilícita de cigarrillos para su posterior distribución en otros países de la Unión Europea.

Esta banda, dirigida por ciudadanos de nacionalidad inglesa, había puesto en marcha a lo largo del año 2019 una fábrica ilícita de tabaco en la localidad de Monda (Málaga), la primera fábrica subterránea localizada en Europa.

Las instalaciones se encontraban ocultas a cuatro metros bajo el suelo de varias cuadras de caballos, con maquinaria necesaria para producir 3.500 cigarrillos a la hora, de la que se hacían cargo trabajadores de nacionalidad ucraniana con conocimientos técnicos y experiencia en estas labores.

Además de tabaco falsificado se intervino gran cantidad de hachís y de marihuana.