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La Inteligencia Artificial (IA) nos ayudará a ser mejores personas. Así lo cree Yolanda Gil, quien junto a Asunción Gómez, dos grandes especialistas en este área, participan en el simposio de la Academia Europea de las Ciencias que se clausura este martes en Madrid.

“El futuro de la Ciencia en el siglo 21: Inteligencia Artificial” es el tema en torno al cual se reúnen más de un centenar de expertos mundiales y durante el que Gil y Gómez comparten con Efe su visión sobre el presente y el futuro de la IA.

Es la tecnología que “más puede cambiar el futuro de la Humanidad en todos los sentidos”, indica la madrileña Yolanda Gil, directora de tecnologías del conocimiento en el Instituto de Ciencias de la Información de la Universidad del Sur de California (EE.UU).

La IA, según la también presidenta de la estadounidense Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial, va a cambiar todo lo que podemos hacer en avances científicos, para proteger mejor nuestro entorno, curar enfermedades y “va a revolucionar nuestro comportamiento diario”.

Gil cree que tendremos sistemas de IA que nos ayuden “a ser más sanos, a ser mejores personas, que nos avisen cuando estemos nerviosos y vamos a saltar y regañar a alguien que no deberíamos (…) a pasárnoslo mejor y tener mejores relaciones sociales”.

¿Incluso mejores personas? Controlar en un edificio con IA la luz de las ventanas y la temperatura puede hacer que los trabajadores estén más o menos estresados -dice-, que se sienta de manera que se vayan a enfadar menos. “Algo que no te imaginas que pueda pasar, pero creo que tiene la potencia de ayudar a ser mejores personas”.

La IA es una área en la que hay “mucho que investigar”, pero todo lo que se ha hecho en los últimos 25 años se está ya transfiriendo al mercado, destaca Asunción Gómez, vicerrectora de Investigación de la Universidad Politécnica de Madrid.

Así, se puede aplicar a todo lo que tiene que tiene que ver con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU o para ver “cómo cada uno de nosotros podemos contribuir un poquito a la conservación del planeta”, por ejemplo -indica- hay dispositivos que miden la electricidad que consumes en casa o si pones mucho la lavadora.

La IA va a pasar “muy pronto a ser horizontal”, la vamos a poder aplicar a cualquier área de la vida. Está ya en nuestros bolsillos con los teléfonos inteligentes “y ha venido para quedarse, ahora -dice- lo que hay que tener es un uso responsable”.

La ética y los límites legales es uno de los temas sobre los que debate en su cita de Madrid la Academia Europea de las Ciencias y desde distintas organizaciones y asociaciones se está dando, por ejemplo, la Comisión Europea publicó hace seis meses unas guías sobre cómo se tiene que ir hacia una IA responsable.

Para poder avanzar y legislar hay que crear equipos interdisciplinares, formados no solo por abogados y científicos, sino por filósofos, sociólogos “para poder entender el porqué de las cosas y otro tipo de cuestiones antropológicas”, considera Gómez.

Además, no debe perderse de vista el “aspecto contextual de la sociedad”, no es lo mismo como se está utilizando la IA en Estados Unidos, China o Europa y existen factores como los religiosos o los valores de una sociedad.

“Para poder valorar si la decisión que toma un sistema inteligente es correcta o incorrecta va a depender, al final, del contexto” y así, para Gómez, “las soluciones también tienen que ir contextualizadas”.

Gil considera que “tenemos mucho que aprender de todas las cuestiones de ética y aplicaciones de la biomedicina”, que lleva tiempo tratando temas que son “muy difíciles”. La IA se ha expandido en los últimos años con fuerza “y no hemos tenido una etapa para madurar los temas éticos apropiadamente”.

Cuestiones éticas, pero también miedos y recelos que la IA despierta en algunas personas, ante el temor de que acabe con puestos de trabajo o deje descolgada a una parte de la sociedad.

La evolución del trabajo, señala Gómez, “se lleva produciendo desde la Revolución Industrial. La vida evoluciona, la tecnología evoluciona”.

Lo que se necesita, según la experta, es establecer actuaciones para que aquellas personas que pudieran llegar a temer por su trabajo emprendan una formación complementaria que le permita adaptarse a los nuevos tiempos.

“Es muy importante que tomemos estos temas muy en serio -apunta Gil-. Tenemos que conseguir no acentuar las desventajas” y preocuparnos de que todo el mundo tenga acceso a esta tecnología “que va a cambiar la sociedad y nuestras vidas”.

Carmen Rodríguez