EFELa Habana

La solidaridad con los damnificados por el tornado que dejó cuatro muertos, cientos de heridos y a miles sin hogar en La Habana ha desbordado las redes sociales para llegar a las calles arrasadas en forma de iniciativas espontáneas al margen de la hasta ahora centralizada ayuda estatal.

Fuera de los cinco distritos afectados, donde el domingo pasado los vientos superaron los 300 kilómetros por hora, en el resto de La Habana la vida parece seguir su ritmo acostumbrado. Pero en el emergente entorno digital cubano la historia es otra.

Bajo el hashtag #FuerzaHabana, cientos de cubanos de dentro y fuera de la isla recaudan fondos, hacen listas de artículos necesarios y coordinan centros de acopio por iniciativa propia, algo inédito en Cuba, donde el Estado acostumbra a canalizar la ayuda humanitaria tras un desastre natural.

La reciente activación del servicio 3G ha extendido el uso de internet en la isla y ha propiciado mayor acceso a Twitter y Facebook, donde se han multiplicado los proyectos solidarios.

Negocios privados como la Fábrica de Arte Cubano, los estudios de tatuajes Zenit Tattoo y La Marca, y el directorio de restaurantes Alamesa coordinan desde hace días recogidas de ropa, agua, artículos de aseo y alimentos imperecederos que luego entregan a los damnificados.

Las entidades estatales también se han unido al movimiento voluntario, entre ellas galerías de arte, la Universidad de La Habana, jóvenes artistas de la Asociación Hermanos Saíz y la discográfica Egrem.

Desde el extranjero, la emigración cubana inició campañas que han reunido miles de dólares, aunque la plataforma de financiación colectiva GoFundMe, donde aparecen registradas una veintena de iniciativas para ayudar a Cuba, canceló una de ellas por tratarse de un país bajo sanciones económicas de Estados Unidos.

"Antes no teníamos tanto acceso a las redes sociales, ahora como que estamos más juntos", aseguró a Efe Sergio Álvarez, chef de D¡la Abuela, uno de los restaurantes privados que sirven raciones gratis a los damnificados.

El equipo de este "paladar", que vende comidas a domicilio desde un pequeño garaje, sortea el crónico desabastecimiento de la isla y, sin ánimo de protagonismo, "ayuda en lo que puede y como puede", donando al día entre 40 y 50 raciones "completas", como se conoce en Cuba a la combinación de arroz, carne y verduras.

"También llevamos galletas para los niños, leche. Nos han llamado desde Puerto Rico, España y Estados Unidos para colaborar", explicó Álvarez, que insiste en que el tornado no les afectó físicamente, pero han "sentido mucho" ver los resultados de los 15 minutos más largos que ha sufrido La Habana en 80 años.

Estremecida por imágenes nunca vistas en un país curado de espanto ante el frecuente azote de poderosos huracanes, Cuba despertó la madrugada del lunes a escenas de una zona de guerra.

En Regla, Guanabacoa, San Miguel del Padrón, Diez de Octubre y Habana del Este, los distritos más golpeados de la capital, murieron cuatro personas, 195 resultaron heridas y 1.900 viviendas fueron dañadas,

Las calles ya no están llenas de escombros, coches retorcidos y postes, pero miles de personas siguen sin electricidad ni agua corriente y dependen de la solidaridad espontánea y los subsidios del Gobierno, que prometió rebajas en la venta de materiales de construcción.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, aseguró que "un gobierno socialista siempre tendrá reservas para que nadie quede desamparado", pero muchos critican que el Estado cubano quiera gestionar toda la ayuda humanitaria de dentro y fuera del país.

Según constató Efe, en los gobiernos de los municipios afectados reciben todos los donativos y ofrecen instrucciones a los voluntarios que los quieran entregar personalmente.

Casi 5.000 personas permanecen evacuadas en casas de familiares y centros de acogida estatales, mientras otras, como Carlos, duermen a cielo abierto con su familia porque no quieren "irse a un albergue y que luego se olviden" de él.

"Estamos aquí 'guapeando' (resistiendo). Después de cuatro días sin electricidad no hay carne que aguante, así que estamos haciendo una caldosa (guiso) colectiva. Todos somos familia aquí", dijo a Efe Jorge Luis Pérez, sin dejar de remover un gran caldero de cocido sobre una fogata a un costado de la Calzada de Regla.

Pérez confía en la ayuda oficial, aunque criticó -como muchos lo han hecho en las redes sociales- que se vendan raciones de comida a las víctimas en lugar de entregarlas gratis.

Aseguró que inicialmente "una cajita de comida costaba 25 pesos (1 dólar)" y tras "protestas la rebajaron al otro día a 5 pesos (25 centavos de dólar)", aunque otros productos como el pollo y los huevos se venden a "precios normales", entre 25 y 30 pesos, cuando los salarios medios en Cuba no rebasan los 30 dólares mensuales.

En fila para comprar la cena, Ana Rodríguez agradeció los donativos, pero pidió "más organización" en su entrega, porque a veces "las intenciones son buenas, pero no siempre llegan a los indicados".

"Necesitamos toda la ayuda posible para recuperarnos del shock, porque esto ha sido muy grave", lamentó entre lágrimas.