EFEGranada

Más allá de lo físico, lo visible y cuantificable en cifras, el enjambre sísmico que afectó hace justo ahora un año a Granada y su área metropolitana mantiene todavía unas "grietas" emocionales y psicológicas, que han perdurado estos meses y que a veces no resulta tan sencillo de reparar como una casa.

Es lo que se conoce como trastorno de estrés postraumático (TEPT), que puede producir distintas alteraciones a corto, medio y largo plazo, como ha explicado a EFE Beatriz Corpas, actual vocal de Intervención Psicológica en Catástrofes, Crisis y Emergencias del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental (Copao).

Este colectivo puso en marcha, a través de la Consejería de Presidencia e Interior y la gestión del 112, un teléfono de emergencias en el que medio centenar de psicólogos de Granada, Jaén, Almería y Málaga atendieron desde el 5 de febrero al 30 de abril a vecinos -principalmente de Atarfe, Santa Fe y Chauchina- afectados por aquella serie sísmica que se cerró con 3.310 temblores totales, seis de magnitud mayor o igual a 4 y hasta 36 por encima de 3 grados.

A través de una línea 900 gratuita, estos profesionales montaron guardia para atender por turnos durante esas semanas, día y noche y durante las 24 horas, casos de personas en quienes los temblores habían generado ansiedad, traumas y distintos trastornos, que se sumaban al contexto especial que ya vivían derivado de la pandemia.

"Estamos ante poblaciones con mucha historia de movimientos sísmicos. Hay familias que acumulan traumas sobre este tipo de hechos, que han ido pasando de unas generaciones a otras", ha señalado esta experta, conocedora de que muchos de los usuarios atendidos, más allá de la intensidad de lo que estaban experimentando en el presente, revivían aquello que le habían relatado tiempo antes padres o abuelos.

El enjambre sísmico se convirtió por tanto en una especie de "disparador" de eventos pasados, con familias enteras que sufrieron crisis de verdadero pánico y trastornos de estrés postraumático que cursaban con crisis de ansiedad.

"Si en la familia tenemos un miedo asentado entre nosotros y se produce el evento que produce tal miedo, las respuestas que se generan son muy elevadas", ha comentado Corpas, quien ha recordado que los psicólogos dieron entonces pautas para controlar la ansiedad y que muchos usuarios ya habían recurrido a sus médicos para que le dispensaran algún tipo de tratamiento farmacológico.

Cumplido un año de aquella crisis y teniendo en cuenta que Granada representa una de las zonas de mayor riesgo sísmico de España, donde los propios especialistas del Instituto Geográfico Nacional (IGN) dan que hecho que seguirán repitiéndose futuros temblores, desde el Colegio de Psicología lamentan que no haya un correcto seguimiento de estos pacientes, ni se tenga constancia fehaciente de su derivación por parte del sistema sanitario.

"Este es uno de nuestros caballos de batalla: que después de una situación de emergencia haya un seguimiento posterior para esos usuarios, que puedan tener una derivación más especializada y no tengan que buscarse la vida por si mismos", ha indicado la vocal.

Corpas ha advertido de que probablemente muchos de esos traumas que se generaron o revivieron con el enjambre de terremotos continúen actualmente latentes o visibles si no han sido tratados de una manera específica y continuada en el tiempo.

Este tipo de crisis acaban "dejando huella" y parte de la población afectada puede seguir presentando una sintomatología acorde, como alerta constante, intranquilidad, sensación de miedo o incertidumbre, pequeñas crisis de ansiedad, somatizaciones corporales, insomnio o variabilidad en la alimentación.

"En el caso de los terremotos siempre se piensa en una prevención o reparación respecto a lo físico, pero también deberíamos enseñar a la población a hacer una correcta y adecuada autogestión emocional a través de la psico-educación", ha dicho esta experta que concluye: "El tiempo por si solo no cura, solo va amainando las cosas. Los traumas pueden permanecer, por eso es fundamental empezar a sanar".

Roberto Ruiz Oliva