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Trece nuevos ejemplares de pigargos europeos, un ave rapaz de grandes dimensiones y extinguida en la Península Ibérica desde el siglo XIX, han sido trasladados hoy a la localidad asturiana de Pimiango para continuar con el intento de reintroducción de la especie que se inició el año pasado.

Las aves, nacidas este año en su hábitat natural de Noruega y que ayer llegaron al aeropuerto madrileño de Barajas junto a otros cinco ejemplares aún demasiado pequeños y que serán trasladado posteriormente a Asturias, permanecerán hasta el final del verano en el jaulón habilitado en Pimiango para pasar su periodo de aclimatación.

Noruega, que tiene junto con Rusia las mejores poblaciones europeas de esta rapaz, aporta los ejemplares para que sea recuperada en zonas donde ha desaparecido tras una monitorización de los nidos con el objetivo de seleccionar aquellos con dos o más pollos.

De cada uno de estos nidos se extrajo uno con destino a España por lo que la intervención no supone el fracaso reproductor de la pareja y maximiza las posibilidades de supervivencia del que queda en el nido, según la asociación conservacionista GREFA.

Las trece aves trasladadas hoy aún no han aprendido a volar y permanecerán en los nidos artificiales construidos en el recinto de Pimiango hasta que puedan hacerlo para pasar entonces a un sector más amplio dentro del mismo recinto antes de ser liberadas.

El emisor GPS con que cuentan los siete pigargos liberados el año pasado permitió conocer que uno de ellos murió electrocutado un tendido eléctrico en Francia y que el resto, tras casi nueve meses de vida en libertad, ha sobrevivido y su comportamiento se ajusta a lo esperado para estas aves durante la primera etapa de su vida.

En ese tiempo, según los responsables de GREFA, han realizado vuelos dispersivos propios de los ejemplares jóvenes que buscan territorios para asentarse y se han movido intensamente por toda la cornisa cantábrica, Pirineos y la mitad norte de la Península Ibérica.

Según el presidente de GREFA y especialista en recuperación de poblaciones de especies amenazadas, Ernesto Álvarez, un buen indicador del proyecto es que casi todos los pigargos liberados el año pasado se han vinculado en mayor o menor medida al entorno de liberación -la comarca oriental de Asturias-, "lo que dice mucho de las posibilidades de que en un futuro se reproduzcan en esa zona, que es el objetivo”.

Hasta la fecha los pigargos liberados en 2021 consumen principalmente restos de animales muertos y el origen de las carroñas que han consumido es un 50% de cadáveres de ungulados salvajes (jabalí, gamo, corzo y ciervo), un 35% de animales domésticos (burro, vaca, cabra, ternero y caballo) y un 15% de peces.

Según la bióloga Lorena Juste, “pese a los miedos iniciales, las aves se han integrado bien en el hábitat y se desenvuelven sin afecciones a la fauna salvaje o doméstica y se comportan como carroñeros estrictos" sin que su presencia en la zona haya desplazado a otras especies como el alimoche, el halcón peregrino o aves acuáticas y marinas.

Los pigargos europeos, los más grandes de la especie, cuentan con una longitud que oscila entre 70 y 90 centímetros y una extensión de alas de 2 a 2,5 metros y se trata de un ave sociable con su propia especie aunque de adultos se mantienen solitarios o en pareja.

El proyecto, impulsado por los gobiernos de Asturias y Cantabria y el Ministerio para la Transición Ecológica junto con la Asociación Grefa prevé, soltar una veintena de ejemplares en un período mínimo de siete años con el fin de que se establezca en el futuro una población reproductora de la especie en España.

El programa fue criticado por asociaciones ornitológicas y ecologistas al asegurar que su presencia en Asturias no está documentada y advertir de que es un depredador tanto de peces como de aves acuáticas como el cormorán moñudo, cuya población está en declive.