EFELondres

La londinense plaza de Trafalgar, donde acampan desde esta semana cientos de activistas medioambientales, se ha convertido en uno de los epicentros de la rebelión contra la inacción de los gobiernos frente a la crisis climática.

El movimiento Extinction Rebellion, que ha bloqueado numerosas calles de la capital británica durante los últimos tres días, prevé mantener en pie sus protestas en Londres durante las próximas dos semanas y ha advertido de que planea intentar ocupar el London City Airport, en el este de la ciudad.

Las acciones de desobediencia, que han llevado hasta ahora al arresto de cerca de 600 activistas, se organizan desde el campamento de la plaza de Trafalgar y sus alrededores, que se han convertido en el hogar provisional de cientos de personas llegadas desde todos los rincones del Reino Unido.

Desde la costa del sur de Inglaterra, Abby, de 22 años, explica a Efe que ha recorrido 173 kilómetros para acampar en la cripta de una iglesia en las inmediaciones de la plaza.

En el cuello lleva colgado un cartel que dice “Crusty” ("vagabundo"), término que recientemente ha utilizado el primer ministro británico, el conservador Boris Johnson, para referirse a los manifestantes.

“El Parlamento ha declarado una emergencia climática y nuestro líder, en lugar de ser proactivo, se burla de la gente que realmente está haciendo algo”, lamentó la joven.

Una "burla", que esta mañana ha sido rebatida por el propio padre de Johnson, Stanley, que ha acudido a la plaza para mostrar su apoyo al movimiento climático.

"Estoy aquí porque creo que lo que ellos (Extinction Rebellion) están haciendo es extremadamente importante. De pequeñas semillas florecen grandes movimientos”, dijo ante un gran número de manifestantes.

Extinction Rebellion, un grupo creado hace un año en el Reino Unido, ha movilizado hasta ahora protestas climáticas en cerca de cincuenta países. Berlín, París, Nueva York, Melbourne y Madrid, son otros de los epicentros de esta "rebelión" internacional.

El movimiento medioambiental no solo trasciende fronteras físicas, “trasciende fronteras ideológicas, generacionales y sociales. Es un asunto que nos concierne a todos”, declaró a Efe Jonathan, uno de los activistas de Londres, que hablaba mientras su hija de dos años dormía sobre su pecho.

En el campamento instalado en la plaza de Trafalgar, las familias juegan un rol muy importante. De hecho, hay una sección dedicada exclusivamente a ellas. Se llaman a sí mismas las "Familias rebeldes".

Dentro de tres tiendas de campaña, hay una guardería improvisada con juguetes, libros y una cama elástica en la entrada.

En el suelo, rodeada de pinturas, está sentada Vivian. Pasa las mañanas en la guardería pintando la cara a decenas de niños que andan por el campamento correteando.

La activista, de 36 años, no tiene hijos propios. “Gracias a Dios no tengo hijos. En las condiciones en las que está nuestro planeta, si tuviera hijos estaría muy preocupada por su futuro”, señala.

Andy, de 47 años, tampoco quiere tener hijos porque aunque se siente “optimista”, porque “por fin se ha creado una conciencia global”, sigue “pensando que el colapso medioambiental va a llegar”.

“No queremos crear pánico, queremos que la gente sepa que este es el camino correcto. Nosotros, la gente, somos mucho más importantes que todos aquellos políticos que se niegan a escucharnos”, añade Vivian.

Algunos participantes en la "rebelión" sí que han tenido descendencia. Como parte de las protestas, cientos de mujeres organizaron hoy un acto masivo donde aparecían amamantando y dando el biberón a sus bebés en las inmediaciones de Downing Street, residencia oficial del primer ministro.

En una asamblea ciudadana celebrada en la plaza de Trafalgar, los activistas acordaron que tienen intención de protagonizar una ocupación "al estilo Hong Kong" del London City Airport, entre otras acciones.

“¿Dónde están los planes de emergencia climática del Gobierno? No queremos palabras, queremos acción!”, expresó una de las portavoces de Extinction Rebellion en esa reunión.

“El Gobierno está llevando a cabo medidas que aceleran aún más este estado emergencia, como la ampliación de los aeropuertos”, explica David, un hombre sin techo que ha acudido a la concentración.

Aunque se muestra “más optimista que hace un año”, David cree que “si seguimos a este paso vamos a llegar hasta tal punto que hagamos lo que hagamos el cambio será irreparable.”

Claudia Böesser