EFEQuito

Los familiares del equipo periodístico del diario ecuatoriano El Comercio, secuestrados hace una semana en Esmeraldas, frontera con Colombia, han salido a la luz pública para visibilizar su caso e impedir que caiga en el olvido y se muestran "impacientes por recibir mayor información".

"Realmente las autoridades no nos han confirmado ningún otro comunicado, además de la prueba de vida. Estamos impacientes porque necesitamos más información", declaró hoy a Efe Alejandro Ortega, hermano del periodista que integra el equipo secuestrado y del que no tiene noticias desde hace siete días.

El comunicador Javier Ortega, 32 años, el fotógrafo Paúl Rivas, de 45, y el conductor, Efraín Segarra, de 60, se habían desplazado el 26 de marzo desde Quito a la provincia de Esmeraldas (noroeste) para recoger testimonios sobre la situación en la zona fronteriza, escenario de ataques contra fuerzas ecuatorianas atribuidos a grupos organizados armados residuales.

Esa misma noche el Gobierno ecuatoriano confirmó su secuestro, del que apenas han trascendido detalles oficiales aparte de que se mantienen negociaciones con los captores, que no han pedido rescate.

Desde entonces, periodistas y ciudadanos de a pie se han sumado a las muestras de solidaridad para pedir su pronto regreso.

Insistió en que las familias confían en que "las autoridades estén haciendo lo pertinente para que vengan sanos y salvos", pero al mismo tiempo, mostró incertidumbre ante la falta de información en un proceso sobre el que las autoridades les están pidiendo discreción.

Los familiares reciben apoyo psicológico por parte de la Unidad Antisecuestros y Extorsión (Unase) de la Policía Nacional.

La periodista Yadira Aguagallo, pareja del fotógrafo Paúl Rivas, al que conoció trabajando, explicó que, pasados siete días desde la confirmación del secuestro, ha pasado un "tiempo prudencial para no entorpecer las investigaciones", por lo que las familias decidieron hacer públicos los nombres de los desaparecidos, que estaban cubriendo la inseguridad dominante en la zona desde hace dos meses.

"Asimilar un secuestro es una cosa tremenda. Es una cosa que te choca terriblemente y las primeras sensaciones no sabes cómo manejarlas", subraya antes de asegurar que "no hay una sola parte del cuerpo y del alma que no te duela".