EFEOviedo

Los ganaderos de Asturias, Cantabria, Castilla y León y Galicia se muestran indignados por la decisión del Gobierno de elevar el estatus de protección del lobo ibérico al considerar que ignora la problemática que sufre la actividad que desarrollan, especialmente la extensiva.

Sin dejar de admitir que el lobo tiene que existir, insisten en la necesidad de mantener unos controles poblacionales para garantizar su actividad ante los miles de ataques que soporta cada año la cabaña ganadera.

Las críticas de los profesionales se han avivado con la inclusión de toda la población del lobo ibérico en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre), que este martes es objeto de una reunión en Santander entre representantes de los cuatro gobiernos autonómicos y las organizaciones de ganaderos para acordar una respuesta conjunta.

Ernesto del Peso, de 35 años, lleva desde 2014 al frente junto con su mujer de una explotación con sesenta vacas y quince yeguas de campo en Navalmoral de la Sierra, en Ávila, una provincia que según los datos de la Junta de Castilla y León concentró el pasado año 1.501 de los 2.590 ataques registrados en toda la comunidad autónoma.

En su caso, pierde una o dos reses al año, una situación que según asegura sufren el resto de ganaderos de la zona, y sólo en el último mes y medio ha perdido dos terneras de muy corta edad.

Según explica, el ganado "es muy difícil de controlar" cuando está en fincas de grandes extensiones de 1.500 o 2.000 hectáreas, e incluso cuando se echa en falta una de las reses es complicado hallar su cadáver, algo necesario para cobrar las indemizaciones.

Ernesto se declara "indignado" por una decisión tomada en los despachos "desde el desconocimiento" y por la presión ejercida por unas asociaciones conservacionistas que tienen "un gran poder mediático".

"Desde la urbe se puede ver el medio rural de color de rosa, pero hay que conocer la realidad del día a día a pie del terreno", advierte.

Alberto Suárez, al frente de una explotación con entre 65 y 85 terneras de carne según la época del año en el concejo asturiano de Amieva, lleva cinco ataques en el último año.

"El lobo no para de matar, cada vez peor", asegura Suárez, para quien la inclusión del lobo ibérico en el Lespre puede suponer "el fin de la ganadería, por lo menos en esta zona", donde no existe infraestructura para proteger a las reses por las noches.

En su caso, cuenta con dos perros mastines que sirven para proteger al ganado, pero que "bastante tienen que hacer con que no los coman cuando viene una manada de cinco o seis".

En su opinión, la solución pasa por "controles poblacionales efectivos, serios y rigurosos", y no por leyes "hechas detrás del ordenador en los despachos" sin conocer de primera mano la problemática que sufre la ganadería extensiva.

Desde Cantabria, Mireya López, de 36 años, se dedica a la ganadería desde el año 2008 junto con su marido, de 46, "que lleva toda la vida" dedicado a esta actividad.

Cuentan con unas 300 cabezas de vacuno de carne y leche, unos 30 caballos y medio centenar de ovejas y utilizan los pastos comunales de San Miguel de Luena.

En su caso, puede perder entre dos o tres reses al año por culpa del lobo, unos daños que según dice se repiten entre las cabañas ganaderas de la zona, motivo por el que no alcanza a comprender "el motivo por el que se protege tanto un animal que hace más daño que beneficio".

Tras matizar que nadie desea la extinción del lobo, López lamenta "la publicidad" de la que goza el mensaje conservacionista, cuando el ganadero tan sólo pretende vivir de su actividad.

David Fernández, propietario de una ganadería de leche en Guntín (Lugo), trabaja en este negocio familiar desde los 18 años.

Ahora, con 54, lamenta que se esté "destruyendo la ganadería" con una protección de la especie que considera absurda porque no va a "resolver el asunto".

Fernández defiende que haya lobos -"claro que debe haberlos"-, pero considera que su protección no puede imponerse a base de perjudicar" a los que se dedican a esta actividad.

"He mamado este oficio desde que nací. Nunca he visto tanta preocupación como en la actualidad por los temidos ataques del lobo y la imposibilidad de cumplir con las medidas de protección" que exige la nueva normativa.

A su juicio, la inclusión del lobo en el Lespre "es un nuevo palo" que deja al sector "desprotegido".