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El número de incendios en lo que va de año es similar a la media del decenio, pero su gravedad ha aumentado y los grandes (más de 500 hectáreas) han quemado el 60 % del total de la superficie quemada, un 20 % más del valor normal.

Aunque en términos absolutos la cifra media de siniestros hasta el pasado 26 de julio es incluso inferior a la de la década, lo que varía es su poder destructivo, afirman a EFE la Guardia Civil, WWF y el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales.

También coinciden, con todas las cautelas posibles, que una meteorología extrema como la de finales de junio y todo julio puede determinar un agosto negro, un mes que se ha ensañado históricamente con el noroeste (Galicia, Asturias, Zamora y León).

La última estadística oficial del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, del 1 de enero al 26 de julio, eleva a 52.557 hectáreas la superficie calcinada por las llamas, frente a las 37.500 y las 21.000 en el mismo periodo de 2014 y 2013, respectivamente.

Por contra, la cifra de siniestros en lo que va de ejercicio suma 6.749, mientras que en 2014 fueron 6.888; en 2013 un total de 4.380 y la media de la década se sitúa en 8.649.

A la vista de la estadística, el capitán Salvador Ortega, del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil, opina que ha aumentado "la gravedad individual de cada incendio", pero "la dramática situación meteorológica" de los dos últimos meses auguraba incluso un escenario "más terrorífico".

"Estamos ahora mismo en un entorno de control y de normalidad, entrecomillas", matiza el capitán, ingeniero de montes de formación.

La responsable de la campaña de incendios forestales de WWF, Lourdes Hernández, subraya también la tendencia a que este tipo de siniestros sean cada vez más grandes, destructivos e ingobernables para los servicios de extinción.

De acuerdo con sus datos, los grandes incendios (GIF, de más de 500 hectáreas) supusieron en los primeros siete meses de 2015 el 0,16 % del conjunto, sin embargo han sido responsables del 60 % de la superficie total afectada, un 20 % más de la media del decenio.

"Todo esto indica que donde hay que poner el foco es en la prevención de los grandes incendios; hay menos siniestros pero cada vez son más grandes y afectan a cada vez mayor superficie", enfatiza Hernández, que critica los desequilibrios de las partidas económicas destinadas a la prevención del fuego y a la restauración del terreno quemado.

Sobre este último punto, el secretario general del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y experto en incendios, Raúl de la Calle, cuestiona los "drásticos recortes de hasta cero euros en prevención" de algunas comunidades autónomas -con competencia exclusiva en incendios-.

Al igual que Hernández, defiende que este es uno de los factores que incrementa el riesgo, junto al abandono del medio rural.

Ello a su vez, explica De la Calle, propicia una pérdida de capacidad para detectar con anticipación el fuego, la desaparición de los caminos rurales por la invasión de la maleza y un menor conocimiento del propio territorio.

Tanto el ingeniero forestal como Lourdes Hernández destacan la importancia en el control de las tareas agrícolas y ganaderas, que este año han estado detrás del 55 % de los grandes incendios, según datos recopilados por WWF.

Prácticamente todas las comunidades autónomas tienen reguladas y pautadas estas actividades, expresamente prohibidas en días de máximo riesgo de incendios, aunque las condiciones impuestas varían de una a otra región.

Entre estos trabajos se cuentan fundamentalmente la quema de rastrojos y el uso de maquinaria agrícola.