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Mañana, tarde y noche, la reportera de TVE María Rodríguez se cuela en directo en las pantallas de toda España para contar desde La Moncloa las últimas noticias de la pandemia del coronavirus, un cometido que defiende a pesar del cansancio, el riesgo y la inevitable "paranoia" porque "el telediario no puede faltar".

"En ningún caso se duda y la sensación en todos los compañeros es la misma: hay que estar. En la televisión pública no hay otra, hay que garantizar la emisión, nosotros no nos podemos ir a negro. Es un sobreesfuerzo importante porque el personal es menor y la información mucho mayor", explica a Efe.

"Es un momento histórico" y el periodismo resulta crucial para dar a conocer y ayudar a entender lo que pasa, si bien informar estos días se ha convertido en un ejercicio caótico, duro e imprevisible.

"La gente está saturada, pero necesita saber qué está pasando porque tiene muchísimas dudas y en estas circunstancias de incertidumbre, donde además se multiplican los bulos y la desinformación, el papel que desempeñamos los periodistas cobra una importancia brutal", asevera Paula Guisado, informadora especializada en periodismo de datos y desinformación.

Guisado, que forma parte del equipo de Newtral y anteriormente de "El Mundo", destaca que los periodistas no están en la "primera línea de fuego" como los profesionales sanitarios, pero sí están demostrando un "sentido de la responsabilidad muy acentuado".

"El periodismo está demostrando en estos momentos de durísima crisis que es un pilar imprescindible de la democracia. Los periodistas están haciendo un esfuerzo formidable, arriesgando incluso su salud, para cumplir su misión principal: garantizar el derecho de los ciudadanos a la información", defiende el presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, Nemesio Rodríguez.

Guisado alerta de la multiplicación de los bulos y la desinformación respecto al coronavirus y lamenta que, a pesar de las "horas y horas" dedicadas a desmontarlos, genera frustración no ser capaz de responder a todo: esa sensación de estar sacando adelante mucho trabajo durante muchas horas pero ver que no das abasto al final desgasta".

Bulos antiguos ya desmontados resucitan con una vuelta de tuerca en el contexto de la crisis sanitaria. Algunos pueden obtener un rédito político, pero Guisado detalla que muchos de ellos no tiene finalidad precisa.

"Nuestro papel es esencial para contribuir a informar cuantas veces sean necesarias a la ciudadanía sobre las medidas que deben adoptar para afrontar la pandemia, cumpliendo de esta manera nuestra función de servicio público, incluso aunque se preste desde empresas privadas", añade el presidente de la FAPE.

SIN PARÓN INFORMATIVO NI SUSPENSIÓN DE LA EMISIÓN

Guisado enfatiza que la conectividad actual ha evitado el parón informativo, aunque sea más complejo el ejercicio periodístico debido al confinamiento.

"Email, Slack, Whatsapp, videollamadas... Tenemos herramientas para mantener un ritmo aceptable de trabajo e incluso superarnos", matiza. En este contexto, más que nunca, es esencial reconocer que algo no se sabe. En esta pandemia, hay muchas cosas que aún no se saben y los periodistas deben aceptarlo y mostrarlo.

TVE ha organizado a su redacción en tres grupos: un retén en la televisión, otro grupo en unas oficinas alquiladas para tal efecto y el resto, teletrabajando. María Rodríguez pertenece al tercer grupo, pero ella hace directos en la calle, en una tarima ubicada en el exterior de La Moncloa.

La reportera subraya que en estos días de agotamiento en los que se suceden las comparecencias del Gobierno, todo es caos e improvisación, en cualquier momento tiene que salir corriendo a Moncloa, pero la "adrenalina y la tensión es tanta" que por supervivencia al final los directos siempre salen bien. "Salvado, mañana será otro día".

Aunque "el directo lo arrolla todo", la periodista reconoce que experimentan un "cóctel raro de emociones contrapuestas": la información es más relevante que nunca, pero a eso se le une el cansancio y la "paranoia" de una crisis tan seria. La pandemia, narra, está en el inconsciente y no deja de sentir que también su salud se expone cuando trabaja.

Ella y su equipo, un cámara, un ayudante de cámara y un conductor, conforman una "célula" que tiene prohibido mezclarse con otras de la televisión, para evitar contagios y garantizar la emisión.

Desde hace 13 años forma parte de TVE, pero utiliza una anécdota para ilustrar cómo la gente está "muy preocupada viendo la televisión: su móvil no para de recibir mensajes de conocidos con los que no hablaba desde hace una década y que reparan en su presencia en el televisor.

La televisión se ha convertido en compañera para muchas personas que viven solas -su consumo ha crecido mucho- y en aliento frente a la incertidumbre de la enfermedad.

Aunque a veces desearía estar en pijama y viendo una serie en el sofá en lugar de salir corriendo para hacer un directo y esté convencida que la tensión terminará pasándole factura, la reportera tiene claro cuál es su lugar.

Y desea que pronto se produzca esa conexión en la que nos cuente a los espectadores que el Gobierno ha anunciado que la curva de contagios ha bajado y la situación está, al fin, controlada.

Violeta Molina Gallardo