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Más de 2.700 inmigrantes desembarcaron hoy en puertos del sur de Italia después de haber sido rescatados en el Mediterráneo durante un intenso fin de semana en el que fueron salvadas unas 8.300 personas, entre ellas muchos niños no acompañados.

De esas 8.300 personas socorridas el pasado fin de semana en las aguas que separan Libia e Italia, el viernes y el domingo fueron asistidas más de 2.000, mientras que sólo el sábado la cifra superó las 4.200, explicó a Efe la portavoz de la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para el sur de Europa, Carlotta Sami.

El empeoramiento de la situación del mar desde la pasada noche ha impedido hoy el tráfico migratorio en el Mediterráneo central, por lo que los servicios de socorro han puesto rumbo a los puertos del sur de Italia para desembarcar a los rescatados de los últimos días.

Durante esta jornada los 2.750 inmigrantes que pisaron tierra lo hicieron en puertos de la isla de Sicilia: 1.100 fueron desembarcados en Catania, 1.200 en Messina y 450 en Porto Empedocle, confirmaron a Efe fuentes de la Guardia Costera italiana.

Estas llegadas se producen después de un fin de semana "frenético", en palabras de Sami, en el que se llevaron a cabo 60 operaciones distintas en las que intervinieron 35 naves de autoridades portuarias y ONG y once buques mercantes que ofrecieron su ayuda.

Sin embargo, pese a estos esfuerzos, una veintena de inmigrantes perdió la vida.

La portavoz de ACNUR indicó que por el momento se han recuperado siete cuerpos, entre ellos el de una mujer embarazada.

Por el contrario, sí se pudo salvar la vida de numerosas personas, entre las que había muchos niños (la mayoría de ellos no acompañados), mujeres y hombres con evidentes síntomas de tortura, denunció la portavoz de la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados.

Destacó la alta presencia de bebés, debido a que muchas mujeres son violadas en su periplo por el desierto hacia las costas libias, desde donde ponen rumbo al continente europeo en precarias barcas, hasta ser interceptadas por los efectivos de salvamento.

Por otro lado, numerosos hombres y mujeres, subrayó Sami, son secuestrados durante el camino por mafias que les torturan hasta que sus familias ceden a la extorsión y pagan cuantiosas sumas por su liberación.

Esto explicaría las marcas de violencia que presentan en la piel, como quemaduras de cigarrillos o latigazos en la espalda, o las descargas eléctricas aplicadas en distintas partes del cuerpo.

En cuanto a los niños, el sábado desembarcaron en Augusta, Pozzallo y Lampedusa al menos 190 menores, de ellos 160 sin compañía, y el domingo llegaron 140 menores no acompañados a Reggio Calabria, según estimaciones de la organización Save the Children.

Su portavoz, Giovanna di Benedetto, dijo a Efe que el número de menores que llegan, generalmente subsaharianos, es "muy elevado" y que el balance de este fin de semana no se conocerá hasta que concluyan todos los desembarcos, que se llevarán a cabo hoy y mañana.

Para resaltar la situación vivida este fin de semana, Di Benedetto declaró que solo durante el sábado y el domingo llegaron a territorio italiano 330 menores, mientras que desde el 1 de enero hasta el 9 de abril lo hicieron 3.007, de ellos 3.003 solos.

El flujo migratorio desde el norte de África hacia Italia, lejos de amainar, no hace más que aumentar, lo que hace prever un nuevo año récord en lo que a llegadas de inmigrantes se refiere, tal y como demuestran los datos difundidos por el Ministerio italiano del Interior.

De acuerdo con este departamento, desde el 1 de enero hasta el 12 de abril -prácticamente en los primeros cien días de 2017- desembarcaron en Italia 26.989 inmigrantes, un 23,8 % más que los 21.800 que llegaron en el mismo periodo del año anterior.

Una situación que pone en alerta al ya de por sí atestado sistema italiano de recepción de inmigrantes, que el Gobierno ha reforzado recientemente al invitar a los municipios a presentar voluntariamente "proyectos de acogida" a cambio de una serie de ventajas.

Sami consideró que "el sistema de acogida italiano por ahora funciona", aunque advirtió de que solo podría recibir a algo más de 180.000 inmigrantes, cifra que ya se alcanzó en 2016.

"El problema es que, si sigue este ritmo de llegadas, el sistema de acogida italiano por sí solo no funcionará. Tiene una tolerancia de entre 180.000 o 200.000 personas, por eso Italia necesita la ayuda del resto de países europeos", defendió.