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El 73 % de los municipios españoles que aporta territorio a los espacios naturales protegidos y el 78,4 % de las localidades con presencia en la Red Natura 2000 han perdido población en la última década, un reto, junto a la gestión de estos entornos, al que poner la mirada y hacer frente coincidiendo este martes con el Día Europeo de los Parques Naturales.

La mitad de los pueblos de España, el 50,1 % que posee territorio en lugares de naturaleza protegida o pertenecen a la Red Natura 2000, tiene una densidad de población inferior a 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que supone un riesgo grave de despoblación, según recoge el borrador del Plan Estratégico Natural y la Biodiversidad a 2030.

El coordinador de campañas de Ecologistas en Acción (EA), Theo Oberhuber, asegura a Efe que la despoblación puede tener aspectos positivos, pues en las zonas que contaban con un uso agrario se produce una cierta regeneración de arbustos y de la vegetación existente, lo que ayuda a algunas especies a encontrar alimentos y lugares de refugio.

PÉRDIDA DE CULTIVOS Y ESPECIES AUTÓCTONAS

Sin embargo, agrega, se dan efectos negativos, ya que la propia reducción de las actividades humanas en el medio natural conlleva “muchas veces la pérdida de ciertos cultivos que pueden ser favorables, la desaparición de biodiversidad cultural, como prácticas tradicionales, vocablos..., o la ausencia de ciertas especies autóctonas que dependen de las actividades humanas como, por ejemplo, las gallinas.

Todo depende, explica, del tipo de ecosistema y de la intensidad de esa reducción de la actividad humana, ya que hay especies como los corzos que, aprovechando ese abandono agrícola de ciertas zonas, se instalan en estos lugares, lo que favorece a otras como al lobo.

En buena parte de los espacios protegidos, sobre todo en aquellos que tienen mayor actividad turística, como en algunos parques nacionales, la pérdida que conlleva la despoblación se reduce porque esa actividad que antes dependía más del sector agrario se suple en parte con el turismo, con la integración de casas rurales, hoteles o puestos de trabajo que generan esas visitas debido al uso turístico de la zona, indica.

Esto provoca que en numerosas ocasiones la propia existencia de un espacio protegido favorezca la fijación de la población porque mantiene la actividad económica y, aunque la transforma, conserva a la gente viviendo en una determinada zona.

El problema, lamenta, es que hay lugares que por sí mismos igual tienen mucha menor capacidad de atracción turística, que no cuentan con paisajes muy llamativos o con especies muy emblemáticas.

Ha citado el caso de Zamora y la sierra de la Culebra, un entorno con “mucho valor natural, aunque igual no es de los que más público atrae”, pero precisamente la presencia del lobo y el turismo de observación de este animal en pueblos como Villardeciervos está permitiendo la aparición de nuevas casas rurales o que los restaurantes tengan mayor número de visitantes.

DÉFICIT EN LA GESTIÓN DE LOS ESPACIOS PROTEGIDOS

Según Oberhuber, los espacios protegidos de España en general tienen un déficit “importante” en la gestión, un problema que no se produce por igual en todos ellos, pero “una de las carencias que detectamos es que muchas veces la gestión que se realiza es demasiado teórica, es decir, se queda demasiado en el papel”.

“En ocasiones se elaboran planes de conservación que pueden estar muy bien, pero no llegan a trasladarse al territorio. Esto hace que a veces los espacios incluso sigan teniendo una reducción de la biodiversidad, cuando se debería estar incrementando o, al menos, manteniéndola”, manifiesta.

Hay que recordar, agrega, que tenemos una red de espacios protegidos amplia, pero también variada con muchas figuras de protección, pues no es lo mismo los parques nacionales, que cuentan con el mayor nivel de protección y valor natural, que ocupan aproximadamente el 0,8 % del territorio, o zonas como la Red Natura 2000, parques naturales o regionales, cuyo nivel de protección se va reduciendo.

En muchos casos, afirma, hemos denunciado que no se están cumpliendo los objetivos de conservación en numerosas de estas zonas, ya que sigue existiendo una pérdida de biodiversidad “importante”.

Así, las actividades humanas “más impactantes” como, por ejemplo, la utilización de productos químicos, plaguicidas… se siguen produciendo incluso en algunos parques naturales o espacios protegidos, lo que genera “daños importantes para la biodiversidad”.

AMENAZAS DE LOS ESPACIOS NATURALES PROTEGIDOS

“Son muchas las amenazas que hay”, lamenta Oberhuber, quien sostiene que, por ejemplo, “estamos a favor del desarrollo de las energías renovables, pero hay sitios en los que incluso se proyectan en zonas protegidas, lo cual no resulta nada lógico”.

En otros entornos “vemos que una de las amenazas pasa por la mala regulación de actividades deportivas masivas de miles de personas en una misma montaña”, lo que genera “un impacto importante en la biodiversidad,” añade.

Además, ha hecho referencia al turismo masificado, pues hay una cierta tendencia de intentar atraerlo mediante, por ejemplo, la construcción de un mirador en un valle con unos elementos artificiales que lo que generan es un “impacto paisajístico”, precisamente “cuando el objetivo en teoría es justo lo contrario”.

Por ello, “reclamamos que se lleve a cabo una evaluación global de la red de espacios protegidos para comprobar si están cumpliendo los objetivos, si funcionan bien o si en algunos casos hay que actuar para mejorar esa gestión”, concluye.

Rafa González