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A sus 17 años la joven Kadiatu Massaquoi resume con un "perdí mi futuro porque quería seguir con mi educación y no tenía planes de casarme" el vuelco que dio su vida al contraer matrimonio forzado con un hombre mayor a los 14 años, una situación que viven más de 12 millones de niñas cada año en el mundo.

Massaquoi, nacida en Sierra Leona, ha viajado a España, junto a la activista pakistaní Hadika Basghir, para participar en la campaña "¡No quiero!. Contra el matrimonio infantil, temprano y forzado" que con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Niña el 11 de octubre desarrollan Amnistía Internacional, Entreculturas, Save the Children y Mundo Cooperante.

"Las numerosas dificultades" por las que ha pasado Massaquoi en su vida la han llevado a luchar contra los matrimonios de niñas y los embarazos precoces, según explica en una entrevista con Efe.

Con dos hijos de 3 y 1 año y con el apoyo de su marido, que "está muy feliz con su labor", esta joven viaja por Sierra Leona para compartir "su historia" con otras menores, a las que explica que "está bien casarse y tener hijos, pero a una edad posterior".

Asegura que el relato de su experiencia va calando: "Las niñas conocen mi vida y saben que lo que les cuento es cierto"; y recomienda a todas las menores que sean forzadas a casarse que "acudan a la policía para hacer valer sus derechos".

Una recomendación que comparte la activista Bashir, también de 17 años, quien, además, insta a las niñas casadas a alzar su voz y denuncien los malos tratos que sufren en sus matrimonios forzados.

Según los datos de las ONG, se estima que de los 1.100 millones de niñas que habitan hoy el planeta, más de un 20 % (220 millones) se casará antes de cumplir la mayoría de edad.

Y sucederá también en países como el Reino Unido o Estados Unidos, aseguran estas organizaciones, que indican que la mayor prevalencia de matrimonios de niñas con adultos se da en el África subsahariana, donde 4 de cada 10 mujeres contrajeron matrimonio antes de los 18 años.

Además, la oenegé World Vision cifra en más de 120 millones (1 de cada 10 en el mundo) las niñas que sufrirán violación o abuso sexual antes de cumplir los 20 años.

Con 11 años, Hadiqa Bashir inició su lucha contra los matrimonios forzosos en Pakistán en un movimiento llamado "Girls United for Human Rights" después de que su familia intentase casarla a los 11 años y de vivir "el aislamiento y malos tratos" sufridos por una de sus mejores amigas en un matrimonio temprano a los 7.

"Cuando nos contó que se iba a casar, todas las amigas estábamos muy contentas porque nos íbamos a vestir de boda", explica Bashir, quien rememora que "éramos demasiado jóvenes para pensar en las consecuencias de ese matrimonio".

Aunque dieron por hecho que, tras la boda, su compañera volvería al colegio, nunca lo hizo y tampoco siguieron jugando con ella porque "tenía que dedicarse las labores del hogar".

Para verla, le organizaron una fiesta en la que les confesó llorando que su marido la había pegado con una vara de hierro, lo que dejó a Bashir en "shock".

Cuando su familia aceptó "una propuesta de casamiento muy buena de un taxista mayor", que ella rechazaba, Bashir comenzó su activismo y cambió su vida, después de conseguir parar ese matrimonio con la ayuda de un tío que amenazó a su padre con llevarlo a los tribunales.

Según su oenegé, con datos de 2018, un 68 % de las niñas se casan antes de los 16 años en Pakistán, un país en el que un 72 % de la población no es consciente de "qué significa un matrimonio con una niña ni de sus derechos básicos", asegura la joven.

"Pakistán guarda silencio y ni siquiera informa sobre matrimonios infantiles, que a menudo conducen a una alta mortalidad por embarazos prematuros, ya que se considera algo normal", asegura Bashir, que recuerda el rechazo que generó el comienzo de su lucha, "incluso de mujeres", porque no entendían que combatiera "una tradición de muchos años".

Aunque reconoce que en "un día no podemos cambiar esa mentalidad", está satisfecha "se está gestando un cambio", que espera que "triunfe" en las próximas generaciones para que el espera seguir contando con la ayuda de los líderes religiosos de las comunidades.

Olivia Alonso