EFELisboa

Portugal, confinado desde enero para hacer frente a su peor momento de la pandemia de coronavirus, aguarda con expectación el próximo día 11, cuando conocerá su plan de desescalada, del que se espera que establezca horizontes para reabrir la actividad económica más allá de la Semana Santa.

Después de que el primer ministro, el socialista António Costa, dejara claro hace semanas que los festivos de Semana Santa "no serán como los conocemos", las esperanzas sobre este periodo vacacional se han diluido en Portugal, que se encuentra en estado de emergencia y confinado al menos hasta el próximo 16 marzo.

El fuerte impacto de la covid en enero, mes en el que el país registró sus récords de la pandemia con más de 300 muertes y 16.000 contagios en un solo día, ha llevado a las autoridades a enfocar el futuro desconfinamiento con más cautela y se espera que el plan sea más gradual que la desescalada vivida en la primavera de 2020.

Tan gradual, que se especula que para final de marzo y primeros de abril lo que se plantee abrir sean apenas guarderías y centros de preescolar.

Algunos medios lusos apuntan además que el plan no se basará en fechas, sino en la evolución de los indicadores covid, lo que arrojaría más incertidumbre sobre el calendario luso, que no espera tener una Semana Santa al uso.

Los portugueses tienen por ahora prohibido salir del país por cualquier medio, aunque se permite la entrada al país de portugueses o extranjeros, si bien con restricciones.

Por vía aérea, se exige a la llegada la presentación de PCR negativa y, en el caso de proceder de países con una incidencia superior a 500 casos de covid por 100.000 habitantes, es obligatorio además hacer cuarentena.

Por vía terrestre, se han repuesto los controles en la frontera con España, y sólo se permite cruzar en casos excepcionales, como transporte de mercancías o trabajadores trasnacionales, además de la entrada de personas que residan en Portugal.