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Rusia y España arrancaron hoy las actividades conmemorativas por el 80 aniversario de la llegada de los niños de la guerra españoles a la Unión Soviética (1937) destacando su heroico papel en la Segunda Guerra Mundial.

"Muchos niños de la guerra se alistaron al frente. Se comportaron como héroes. España puede sentirse orgullosa de ellos", asegura Marina Coto Zapico, hija de una niña de la guerra oriunda de Asturias.

La madre de Coto, que llegó a la URSS en barco con 12 años de edad procedente de Gijón, creía que estaba en un "cuento de hadas" cuando llegó a Leningrado en 1937, ya que era oriunda de un pequeño pueblo del norte de España.

Los niños y adolescentes que llegaron hace 80 años al "paraíso comunista" procedentes de varias regiones bajo control republicano soñaban con regresar a España para reunirse con sus padres, pero el estallido de la contienda mundial truncó su esperanzas.

"Estalló la guerra y ya no pudieron volver", señala emocionada Coto, ya que su madre (Mercedes) nunca pudo retornar a su patria y, de hecho, murió en 2011 en Moscú.

Mercedes Coto, que había sido admitida en una academia de ballet, al igual que dos casas con chicos españoles se encontraron atrapados en Leningrado y vivieron en primera persona el infernal cerco de la ciudad durante casi 900 días.

Poco sospechaban que en el cerco participaban también los efectivos españoles de la División Azul, pero Mercedes no dudó en apuntarse a trabajar en un hospital, donde recibía 125 gramos de pan diarios y animaba a los heridos con bailes españoles, mientras otros trabajaban en fábricas o se marcharon al frente.

Durante la mesa redonda que abrió hoy las jornadas conmemorativas del aniversario, la agencia TASS estimó en unos 74-78 el número de "niños" españoles, incluido menores de edad, que cayeron en acto de servicio en la región de Karelia para romper el cerco a Leningrado.

Se ha identificado ya a más de 60 de esos combatientes españoles integrados en la Tercera División Frunze de las milicias populares, pero entre los muertos sólo se conoce la identidad de cuatro de ellos.

El último de los identificados es Martín Peña, cuyos restos fueron encontrados en 2016 en un promontorio que su destacamento recibió la orden de tomar en el municipio de Olonets, limítrofe con el lago Ládoga.

Uno de los jefes de los batallones de búsqueda de restos de caídos en la guerra contra la Alemania nazi, Alexéi Kolodéznikov, mostró un medallón, un cinturón, una pala y otras pertenencias de Peña, cuya foto mostró en videoconferencia desde San Petersburgo.

Supuestamente, Peña, el primer español cuyos restos se encuentran en más de una década, murió en agosto de 1941 a manos de las fuerzas alemanas y finlandesas que querían matar de inanición a los habitantes de Leningrado.

"Dicen que resultó herido, pero de todas formas siguió combatiendo hasta la muerte. Fue enterrado allí mismo", explicó Kolodéznikov.

El heroísmo de esos españoles también conmovió a las monjas del monasterio de Siandemski, localidad donde fue hallado Peña, y que ahora se han sumado afanosamente a la búsqueda del resto de combatientes.

Una de ellas, Bárbara, la abadesa del monasterio, se propone elaborar una lista de españoles caídos y ha propuesto a las autoridades erigir un monumento en su honor.

"En esta tierra murieron unos españoles en la lucha contra el Fascismo", señala la placa conmemorativa ya preparada.

El representante de la Cruz Roja, Magne Bart, destacó la importancia de preservar la "memoria histórica" y recordó los esfuerzos de su organización para evacuar a los niños de ambos bandos durante la guerra civil española.

Calificó la evacuación de "gran operación humanitaria en la que participaron muchos países", ya que los niños de la guerra no sólo fueron a parar a la URSS, sino al Reino Unido, Suiza, Bélgica, México o Dinamarca.

Al respecto, desveló los contactos entre la Cruz Roja y los diplomáticos soviéticas, aunque enfatizó que la travesía de los niños de la guerra españoles con rumbo a la URSS fue una iniciativa exclusiva de Moscú.

Mientras, el embajador español en Moscú, Ignacio Ybáñez Rubio, recordó que España tiene una "deuda histórica" con los niños de la guerra y llamó a extraer lecciones con vistas a los conflictos que vivimos hoy en día.

En ese sentido, existe un proyecto para convertir el Centro Español de Moscú, donde se han reunido los niños de la guerra desde hace más de cincuenta años, en un centro de documentación para estudiar su historia.

En total, durante la Guerra Civil española (1936-1939) fueron evacuados a la URSS unos 3.500 niños españoles, de los que 67 aún permanecen en Rusia.

Ignacio Ortega