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Fue hace 31 años cuando la ONG Apramp puso en marcha su primera unidad móvil de rescate y ayuda a las mujeres que ejercían la prostitución y que hoy sigue en marcha para identificar y alejar a las víctimas de trata con fines de explotación sexual del infierno en el que viven cada día.

La coordinadora de esta unidad de rescate, Ana María Estevez, recuerda, en una entrevista con Efe con motivo del Día Internacional contra la Explotación Sexual, cómo en 1990 arrancó en Madrid la unidad, con una furgoneta que "patrullaba" por las zonas de la capital más golpeadas por la prostitución: la calles Montera y Ballesta, la plaza de Jacinto Benavente y la Casa de Campo; en este último lugar llegaban a atender a más de 400 mujeres.

"El trabajo que hacíamos y hacemos es sociosanitario, es la manera en la que nos podemos acercar a las mujeres, escuchar sus demandas y detectar las necesidades para crear actuaciones dirigidas al abandono de la prostitución", explica la coordinadora de la unidad móvil de Apramp (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida).

EN 1998, LAS PRIMERAS REDES DE EXPLOTACIÓN

A partir de 1998, en los mismos lugares en los que intervenía la unidad de rescate, y que estaban copados sobre todo por prostitutas españolas, fundamentalmente en la Casa de Campo, empezó a detectar redes organizadas que introducían a mujeres de países del este de Europa, de Latinoamérica y también procedentes de Nigeria para ejercer la prostitución.

Los tratantes de estas redes de explotación sexual agredían de forma "muy violenta" a las prostitutas españolas para que dejaran espacio a las "víctimas" que habían captado en el extranjero. "En ese momento, relata Estevez, "no estaba tipificado como delito, era un desconocimiento para los profesionales pero también para las fuerzas y cuerpos de Seguridad.

"Se trataba a las mujeres no como víctimas sino como delincuentes", apunta la coordinadora de la Unidad de Rescate de Apramp, un servicio en el que empezaron a colaborar además de las trabajadoras sociales, mujeres que habían dejado atrás la prostitución y habían decidido hacer su inserción laboral ayudando a otras prostitutas a salir de la calle, ofreciéndoles formación y empleo.

AYUDA Y ASESORAMIENTO A LAS VÍCTIMAS

Desde entonces, "con mucho esfuerzo" visitan cada día y noche los lugares más concurridos por las víctimas de trata, con personal cualificado y formado, que ayuda y asesora a las chicas. El equipo lo conforman educadores sociales y mediadoras lingüísticas, estás últimas son supervivientes de la trata, porque la Unidad atiende a mujeres de 42 nacionalidades distintas.

De hecho, la figura de la mediadora es "sumamente importante" para conocer las claves culturales de cada país del que provienen las víctimas y crear acciones específicas para cada una de ellas.

"Son mujeres que han sufrido el mismo proceso migratorio de explotación y qué mejor que ellas para detectar, poder informar a esa mujer que está sufriendo esa situación, para que sepa que puede optar a otra vida mejor".

CALLE, PISOS Y CLUBES

En actualidad, la unidad de rescate, no solo recorre las calles de la capital y los municipios madrileños, también acude a pisos, a los que Esteve llama "lugares invisibles", donde se ejerce la prostitución, y en los locales de alterne. Además, Apramp cuenta con este servicio en Almería, Murcia, Salamanca, Badajoz y Avilés.

En el caso de la Comunidad de Madrid, la ONG tiene detectados 600 pisos en los que hay víctimas, "aunque hay muchos más porque van en aumento", y de ellos ha conseguido ir a 343. Mensualmente, realiza alrededor de 2.570 atenciones y atiende a 1.500 personas.

Y la actividad de la unidad no ha parado durante la pandemia, ni siquiera durante el confinamiento, porque los "puteros" seguían demandando y acudían a los pisos o a los clubes, "que muchos cerraron pero otros solo apagaron las luces" mientras seguía dentro la actividad.

LA EXPLOTACIÓN SEXUAL, EN PRIMERA PERSONA

Marcela es una de las mediadoras lingüísticas que trabaja en la unidad móvil. Con 23 años, cuando era estudiante de Derecho, la engañaron en su Sao Paulo natal para venir a Europa. La prometieron un empleo en Portugal, bien de cuidadora o de limpiadora, pero, una vez allí, descubrió la realidad.

Los que se supone que la iban ayudar en Portugal la metieron en una habitación con otras chicas, también recién llegadas, las quitaron el pasaporte y las obligaron a prostituirse bajo la amenaza de matar a sus familias.

De Portugal la enviaron a un macroclub de alterne de Sevilla y tras pasar un tiempo allí, sus explotadores la enviaron en otro a Madrid. Por entonces, Marcela ya era consumidora de drogas -la obligaron a iniciarse- y su salud empezaba a resentirse porque había semanas que pasada encerrada en una habitación con un "putero" sin comer y esnifando cocaína.

Hasta que conoció a Estevez en una de las visitas de la unidad de rescate al club. De eso hace quince años: "Me dijo, 'tú puedes hacer lo que te propongas en la vida", dice a Efe Marcela, visiblemente emocionada.

Consiguió escaparse del club con una fuga de película, con el coche en el que le estaba esperando Estevez y, a partir de ese momento, empezó un trabajo de recuperación y superación. Ahora es una de las mediadadoras lingüísticas de la unidad de rescate.

ESPAÑA, "PARAÍSO DE LA PROSTITUCIÓN"

Tanto Estevez como Marcela coinciden en que España es el "paraíso de la prostitución", porque donde hay demanda, siempre habrá explotación sexual. Y en este sentido la coordinadora de la unidad de rescate apunta que es el primero a nivel europeo en demanda de servicios sexuales y el tercero a nivel mundial

"Las redes se mueven a través de las demandas de los puteros, y ahora, demandan mujeres muy jóvenes", asegura Esteve.

Las nacionalidades de las víctimas suelen ser rumanas, paraguayas, nigerianas, dominicanas y brasileñas y en los últimos años han aumentado también las procedentes de Venezuela y Colombia, subrayan ambas mujeres.

LAS SALIDAS: FORMACIÓN Y EMPLEO

Es un camino largo y complicado el conseguir que las mujeres salgan. Tienen miedo por las amenazas y palizas de sus explotadores. Apramp les ofrece información, ayuda psicológica, formación y empleo en sus distintos talleres.

"Damos alternativas reales a las mujeres, porque es muy difícil salir del circulo si no tienen formación ni trabajo", abunda Marcela, que como el resto de sus compañeras está casi las 24 horas del día en alerta para conseguir darles las mismas oportunidades que afortunadamente tuvo ella para dejar atrás el horror de la explotación sexual.

Berta Pinillos