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Las carreteras de salida Madrid siguen registrando tráfico intenso a media tarde, aunque más calmado que unas horas antes, con algunas retenciones en las autovías que enlazan la capital con Valencia, Burgos o A Coruña.

Así, según han indicado a Efe fuentes de la Dirección General de Tráfico (DGT), poco antes de las 19.00 horas la A-1 sufría retenciones a la altura del Circuito del Jarama, la A-3 en Fuentidueña del Tajo y la A-6 en Las Rozas.

A esa hora, ya se había reabierto el tráfico en la A-2 en Vilagrassa (Lleida), que había sido cortado por una accidente en el que se han visto involucrados tres camiones.

Otras vías afectada era la A-3 en Valencia, con siete kilómetros de circulación lenta a la entrada de la ciudad a causa también de un accidente.

También en la zona levantina, la A-7 registraba retenciones en ambos sentidos a la altura de Espinardo (Murcia).

Mientras, en Sevilla la A-4 era la más afectada por la afluencia de coches en Bellavista, y en Cantabria la A-8 tenía 8 kilómetros de retención por un accidente en Caviedes.

A las tres de la tarde de este viernes ha comenzado el primer dispositivo de la DGT para regular los 90 millones de desplazamientos que se esperan en los dos próximos meses, 1,5 millones más que el año pasado.

Para este fin de semana, las previsiones de la DGT cifran en 6 millones el número de viajes de largo recorrido.

La operación especial de trafico contará este año con un refuerzo importante de radares, ya que se han instalado 20 nuevos, a los que se irán añadiendo otros 58, quince de ellos de tramo, que irán entrando en servicio conforme se tengan las certificaciones correspondientes.

Asimismo, la Guardia Civil de Tráfico, que cuenta con 9.100 efectivos, se verá reforzada en 300 agentes más.

Y ojo estos días al móvil, porque la Guardia Civil hará uso de 216 cámaras de alta definición y coches camuflados para controlar su uso, y cuidado con ponerse al volante después de haber consumido alcohol, porque los agentes van a realizar este verano 900.000 pruebas de alcoholemia.

Todo ello con el objetivo de reducir las cifras de siniestralidad en las carreteras, que el verano pasado se cobraron 260 víctimas mortales -cuatro al día-, un 15 por ciento más que en los meses de julio y agosto de 2017.