EFEValencia

A Paco Aliaga, que perdió 50 de los 120 kilos que pesaba gracias a la cirugía bariátrica, esta intervención le ha cambiado la vida, le abrió las puertas a nuevos hábitos y le devolvió la autoestima incidiendo en su carácter. "Me he vuelto hasta simpático", asegura.

Así lo ha señalado Aliaga durante los "Diálogos EFE Salud: Obesidad, epidemia del siglo XXI", organizado por Efe junto con Quirónsalud Valencia y la colaboración del Ateneo Mercantil para analizar la situación actual de la obesidad en España y en el mundo y abordar posibles remedios, como la cirugía bariátrica

Paco, que ahora tiene 50 años, empezó a engordar hace casi tres décadas y, con 47 años se sometió a uno de estos procedimientos.

En la mala alimentación, el estrés, el exceso de trabajo sin pausas para la comida y en la ingesta de comida rápida, a la que llama "comida de gasolinera", justifica Aliaga su constante subida de peso, que le hizo superar los 120 kilos de peso con una estatura de 1,75 metros.

"Tenía unos dolores de espalda terribles, ciática, todo motivado por el peso", relata el paciente, quien asegura que su excesivo peso también desembocó en "dolores en rodillas y tobillos, pinchazos en el brazo izquierdo, hígado graso, diabetes, colesterol y triglicéridos", es decir, comorbilidades o problemas de salud asociados a la obesidad a los que Aliaga se refiere como "el pack entero".

Hace tres años, a través de un amigo "que también pesaba 130 kilos y se había operado", contactó con el jefe de la Unidad de Obesidad de Quirónsalud Valencia, Carlos Sala, quien le recomendó que se sometiera a cirugía bariátrica, un tipo de procedimiento quirúrgico utilizado para tratar la obesidad.

Ya en los primeros seis meses tras la operación perdió los primeros 30 kilos, a los que siguieron otros 20, a partir de lo cual ha descubierto "otro tipo de vida, otra calidad de vida".

"Puedo hacer de todo lo que antes no hacía porque, claro, llevaba 50 kilos encima", celebra el paciente, que destaca que 50 kilos "son dos sacos de cemento".

Reconoce que "no es que haga excesivo deporte", a pesar de lo cual se ha mantenido en su peso durante más de dos años pero, sobre todo, subraya la importancia de pequeños cambios en su vida diaria: "Entras y sales del coche sin darte cuenta, subes y bajas escaleras, ya no te duelen las rodillas, ni los tobillos".

La cirugía ha permitido a Paco volver a ir en bici ya que, asegura, antes no lo hacía porque se "aplastaba" al sentarse en el sillín, ha puesto freno a sus problemas de sueño y, a pesar de "cambiar todo el vestuario", se ha vuelto "hasta simpático".

En cuanto a los factores detrás de este trastorno, que en España afectará a un 80 % de hombres y un 30 % de mujeres en 2030 según las previsiones de investigaciones médicas, Aliaga destaca la importancia del entorno, sobre todo en la primera infancia, pues hay hogares en los que "estar gordo sigue siendo símbolo de opulencia" y aún "se dice que los niños gorditos están más sanos".

"El día a día te lleva a comer de esa manera y a esos niveles", afirma, y asegura que ahora cuida su alimentación pero no sigue ninguna dieta y, de hecho, entre sus últimas comidas se cuentan desde el caldo de cocido hasta los huevos fritos.

"Luego tienes que modificar ciertos hábitos de alimentación, no todo es la cirugía", advierte, y reconoce que, aunque la operación "te permite tener una segunda oportunidad", en el seguimiento, como paciente, "tienes que colaborar, no puedes tirarte a los 'donetes', a las pizzas o al helado".

Aliaga insta a los que se someten a ese tipo de procedimientos a seguir visitando a su médico periódicamente, y subraya la necesidad de "atacar el problema desde todos los flancos" con la ayuda de un equipo multidisciplinar de especialistas en distintos campos, desde el quirúrgico hasta el endocrinológico o el psicológico, a los que recomienda pedir ayuda ante cualquier nuevo aumento de peso.

"¿Sabes qué pasa? Que cuando te pones 10 kilos te tienes que comprar otro pantalón y entonces, el nuevo no te aprieta, con lo que esa presión que tú sentías, psicológica, de ‘tengo que hacer algo’, ya no la tienes. Te abrochas y vas a trabajar y el problema se diluye y, de ahí, a los 10 kilos del año siguiente", concluye.