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Intercambian recetas, van de compras, charlan mientras descansan en un banco, se cuentan sus batallitas, van a la peluquería... Son Allison, una estudiante colombiana de 24 años, e Isabel, una anciana española de 93, que comparten piso gracias a una iniciativa que pone en contacto a personas a las que separan varias generaciones.

Nueve meses de convivencia que "gracias" a la pandemia han cundido más para la relación, porque Allison ha tenido sus clases por internet, lo que les ha permitido pasar mucho más tiempo juntas y sin tener "una palabra más alta que otra", como relata la joven estudiante a Efe.

Los primeros días de convivencia en la casa de Isabel en Madrid ninguna sabía cómo "romper el hielo", confiesa Allison, que asegura que los ratos que pasaban en la cocina preparándose la comida les han unido mucho.

Tanto es así, que Isabel le ha enseñado a hacer tortilla de patatas y Allison le ha cocinado alguna especialidad gastronómica de su país.

Isabel nunca ha vivido sola. Su nieto ha compartido techo con ella desde que era muy pequeño, pero decidió "independizarse". Su "hueco" lo ha ocupado Allison, pero la joven regresará un mes a su país para ver a su familia. A la anciana le tiembla la voz y se emociona cuando piensa en la despedida, aunque sea por poco tiempo.

LA SOLEDAD DE LOS ANCIANOS: UNO DE CADA CINCO LA SIENTE

Según un estudio que coordinan investigadoras del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto Nacional de Salud Carlos III, uno de cada cinco mayores se siente solo y uno de cada cuatro sufre depresión.

Una de las soluciones para afrontar la soledad en personas mayores es el modelo de convivencia de Allison e Isabel.

Incluso el proyecto España 2050, presentado el pasado mayo por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y que condensa 50 objetivos que el país debería alcanzar de aquí a ese año, presenta como "fórmula alternativa" de convivencia la intergeneracional, en la que personas mayores y jóvenes comparten piso.

Frente a otras alternativas como las residencias, esa convivencia ofrece a los mayores la posibilidad de llevar unas vidas activas y dinámicas.

A sus 93 años, Isabel sigue siendo tan coqueta como cuando era joven. Aún se pinta las uñas y acude a la peluquería regularmente, ahora acompañada de Allison. "Me vas a sacar en la foto despeinada", bromea con Efe.

Estas compañeras de piso no se pierden series, programas o telenovelas como "Supervivientes" o "Love is the air". A Allison no le importa acompañar a Isabel en algo que entretiene a la anciana.

"Siempre se cree que si eres joven tienes más que dar", dice la joven colombiana, que añade: "puede parecer que no le he aportado mucho, pero le ha dado vida y a cambio he recibido muchas enseñanzas".

Porque aunque entre ellas hay más de medio siglo de diferencia y un océano, en este tiempo juntas han aprendido mucho la una de la otra.

Fue a través de una monja colombiana como Allison conoció esta opción de convivencia. Ninguno de sus amigos ha vivido esta experiencia ni había oído hablar de ella.

En el caso de Isabel, fue su hija la que, al irse su nieto de casa, le propuso seguir compartiendo piso, aunque, esta vez, sin compartir sangre.

UN PROGRAMA PIONERO CON MÁS DE 1.800 CONVIVENCIAS

Desde hace más de 25 años, el programa CONVIVE, de la asociación Solidarios, se encarga de poner en contacto a mayores con jóvenes de perfiles compatibles para que vivan esta experiencia.

Hasta ahora, han organizado más de 1.800 convivencias en diferentes comunidades autónomas. Solo en el último año, según indica a Efe uno de los responsables del proyecto, Marcos Böcker, se han realizado 90 emparejamientos en Madrid.

El perfil de los jóvenes que participan en esta iniciativa intergeneracional es, en un porcentaje similar, el de estudiantes españoles y latinoamericanos de entre 18 y 36 años, explica Böcker.

Para acoger en casa al estudiante, la persona mayor debe contar con una vivienda adecuada y no puede estar en una situación de dependencia avanzada para que el joven no se convierta en un mero "cuidador".

El programa es gratuito, ninguna de las dos tiene que pagar por acceder a él. El único dinero que el estudiante tiene que aportar son 70 euros en concepto de gastos ó 90 si la casa tiene acceso a internet.

Una cifra muy asequible dado el elevado precio de los alquileres y un motivo por el que Allison se decantó por la opción de convivencia, lo que le permite ahorrar dinero a la vez que vivir una experiencia "enriquecedora", según confiesa.

Tras estos meses de compartir casa con Isabel, la joven colombiana no duda en recomendar esta alternativa a otros jóvenes, a los que anima a hacerlo "si quieren potenciar su experiencia y devolverle algo bueno a la vida".

"Va a ser muy difícil que sea como ella (Allison)", responde Isabel cuando se le pregunta si repetiría la experiencia.

Las dos se miran con complicidad cuando hablan sobre los planes de futuro, un futuro que prevén seguir compartiendo porque Allison espera volver a España en septiembre y seguir viviendo con Isabel, aunque encuentre trabajo.

Por Cristina Andrade y Celia Arcos