EFEEl Cairo

Seis años han pasado desde que a Omnia Gadalla le dijeron por primera vez "no" al intentar acceder a la carrera judicial, pese a que la Constitución egipcia otorga ese derecho a las mujeres. Cada vez más sola, está dispuesta a luchar contra todo el sistema judicial de Egipto para conseguir sus derechos y los de otras juristas.

"Siento que esto me ha consumido, especialmente en el último periodo, pero no me voy a rendir y desaprovechar lo que he hecho en todos estos años", dice a Efe la profesora de Derecho en la Universidad islámica de Al Azhar, en su casa situada en el acomodado barrio de Ciudad Nasr, en el este de El Cairo.

Tras graduarse en 2014, año en el que se incluyó el acceso sin "discriminación" de la mujer a los cargos judiciales en el artículo 11 de la Carta Magna, Gadalla fue con entusiasmo al Consejo de Estado con otras veinte colegas mujeres a probar suerte. Allí le dijeron claramente: "no aceptamos a mujeres".

EL ESTRADO, TAMBIÉN PARA LAS MUJERES

Desde ese momento empezó la lucha de Gadalla, de 30 años, contra el poderoso sistema judicial egipcio, uno los pilares más sólidos del Estado y en el que sólo hay 66 mujeres frente a 16.000 hombres. Esto es, apenas el 0,5 % de los jueces son mujeres en Egipto.

Por eso, la joven egipcia ha querido alzar el mazo y, tras fundar en 2014 la iniciativa "Al Menasa Haqaha" (El estrado es un derecho para ella), presentó su primera demanda contra el Consejo de Estado, que fue rechazada.

En 2017 lo intentó otra vez, pero de nuevo fue rechazada en "un año que Egipto declaró como el año de la mujer", indica Gadalla.

"Desde 2016, he apoyado a las mujeres licenciadas en Derecho para denunciar y lo he hecho en mi nombre. Les he prometido que el nombre de las chicas no aparecería en la denuncia", explica.

Además, paga de su bolsillo ya que muchas no pueden permitirse los costos judiciales. Pero, "desgraciadamente cada vez hay menos mujeres que denuncian. Se rinden, tienen otras prioridades...", afirma desconsolada.

A ella le han llegado a preguntar: "¿Para qué pierdes tiempo en luchar contra el sistema judicial? ¿Quién eres tú para cambiar todo un sistema histórico?", cuenta.

CON PRESIONES Y SOLA

Como profesora de universidad ha tenido que escuchar comentarios de sus propias alumnas afirmando: "las mujeres no podemos ser juezas, somos muy emotivas".

Gadalla cree que la percepción que tienen las mujeres de sí mismas depende de "modelos a seguir": "Si no ven juezas, las mujeres no pueden ver que también ellas pueden ser juezas, ya que aplicarían la ley al igual que sus colegas hombres", remacha.

En su trabajo ha vivido presiones "indirectas" por su lucha contra el sistema. Por ejemplo, en una ocasión estaba invitada a una conferencia en el extranjero pero el Ministerio de Exteriores egipcio mandó un escrito para impedirle viajar.

Gadalla fue elegida en 2019 por el Ministerio de Exteriores francés como "Futura Líder" y reconocida por otras instituciones extranjeras, aunque por "ninguna egipcia" estatal, lamenta.

En un país donde las personas que critican públicamente al Gobierno se pueden enfrentar a un posible arresto, tal y como sucede a activistas políticos pero también a ciudadanos comunes, Gadalla afirma buscar el "equilibrio".

Sabe que todo lo relacionado con las autoridades judiciales es "una línea roja", dice haciendo un gesto con la mano al dudar sobre qué palabra usar.

Sin embargo, afirma que no se va a rendir, aunque su caso sea rechazado de nuevo por el Consejo de Estado, que es el órgano competente. Ahora, Gadalla quiere que sea transferido al Tribunal Constitucional como última instancia, aunque el Consejo de Estado ya rechazase esta petición el pasado octubre.

Admite no contar con la ayuda de ninguna institución, ni nacional ni extranjera, en su lucha contra un sistema muy burocrático y basado en privilegios. "Al final, estoy sola", sentencia.

Isaac J. Martín