EFENueva Delhi

Unos 80 turistas españoles permanecen atrapados en el ya no tan paraíso turístico de Goa, una antigua colonia portuguesa situada en la costa occidental india que con el estallido de la pandemia de coronavirus se ha visto desbordada, con el cierre progresivo de hoteles y escasez de víveres en las tiendas.

Con 1.300 millones de habitantes y un deficiente sistema sanitario, la India decidió blindarse del exterior antes que otros países, con la anulación de vuelos y el cierre de fronteras, a lo que se sumó el pasado miércoles el confinamiento obligatorio.

El número de casos de coronavirus en el país, con 867 infectados (tres en Goa) y 25 fallecidos hasta el momento, parecen respaldar las medidas tomadas hasta ahora por la India, aunque muchos expertos consideran que estas cifras están muy lejos de la realidad.

También se produjo un cambio en la percepción india del extranjero, cuando el hasta hace poco privilegiado ciudadano occidental empezó a ser visto como portador del virus, después de que se confirmara que entre los primeros casos en el país hubo varios turistas italianos, desencadenando el recelo al "blanco".

MIEDO AL EXTRANJERO

El cónsul general de España en Bombay, Jorge de Lucas y Cadenas, encargado del seguimiento y ayuda de los españoles en los estados del sur del país, explicó a Efe que le preocupan mucho los alrededor de 80 turistas varados en Goa, donde "hay un hostigamiento sistemático al extranjero".

"Estamos profundamente preocupados por la situación de los españoles en Goa. Se les está negando la venta de comida en locales abiertos", aseguró, algo que les ha obligado en el consulado a "realizar gestiones con la policía para asistir" a esos nacionales.

Efe contactó con varios de esos turistas en Goa, y aunque todos relataron las dificultades para adquirir comida, en general prefirieron rebajar la gravedad de la situación.

"Todo ha sido un poco odisea", reconoce a Efe la joven enfermera gallega Sandra Testa, que llegó a la India el pasado enero, y para la que su mayor pesar ahora tras la cancelación de su vuelo es la impotencia de no poder regresar a España para ayudar.

"Soy enfermera, por eso me urge volver a España. Aquí me siento inútil sin poder hacer nada", asegura desde el hotel de Goa en el que está instalada con una amiga catalana y otra madrileña, con las que intenta superar el trago de la mejor manera posible.

Tienen problemas para adquirir "fruta y verdura" y en las pocas tiendas abiertas, con muy pocos productos, deben esperar hasta tres horas de espera.

Nos alimentamos de "arroz, noodles, lentejas y cacahuetes", explica, aunque añade con humor que la compañera catalana es buena cocinera e intenta "innovar" todos los días con lo poco que tienen.

El jefe de Gobierno de Goa, Pramod Sawant, anunciaba este domingo en Twitter dos puntos en el norte y sur de la región donde la gente con problemas, "jornaleros, turistas y extranjeros", podían ir a proveerse de comida y agua, al tiempo que anunciaba que se había dado permiso para trabajar a servicios de comida a domicilio.

Muchos usuarios de la red social, sin embargo, respondían que muchos de esos servicios permanecían inactivos.

Así la experiencia juega un papel importante en esta crisis, y los turistas que llevan más tiempo en el país suelen ser los que mejor se las arreglan para encontrar alternativas.

"Una señora cerca de casa vende leche fresca" y los vecinos se están portando muy bien, dice a Efe Núria, una turista catalana instalada con su marido en un pequeño pueblo, a donde han estado viajando en el invierno europeo durante los últimos 15 años.

El vasco Julen Esnaola, entrenador de porteros del equipo de la Superliga india Bengaluru F.C., decidió pasar un periodo de vacaciones con su familia en Goa antes de regresar a España, y aunque el cierre del hotel en el que se encontraba con su mujer y dos hijos pequeños desencadenó varios días "complicados" de búsqueda de alojamiento, ahora reconoce que están bien.

Incluso "los vecinos me han dejado una bicicleta" para hacer la compra, relata a Efe.

UNA SITUACION DESESPERADA

Pero no todos han tenido esa suerte, y algunos de los españoles varados en Goa se han visto atrapados en una pesadilla continua desde que se restringió por completo el movimiento.

En la capital regional, Panaji, la compra en tiendas es muy limitada, explica a Efe un joven catalán, que prefiere mantener el anonimato para no preocupar a su familia.

Llegó con un amigo el 10 de marzo a Bombay y tres días después se trasladaron a Goa, donde se alojaron en un hotel en el que les han amenazado ya varias veces con su cierre, sin ninguna alternativa.

Allí les dan ahora un humilde desayuno por la mañana, que suele limitarse a un té negro, mientras tratan de conseguir por su cuenta víveres en las pocas tiendas disponibles, que suelen permanecer abiertas unos pocos minutos hasta que se les acaba el género.

"Comimos un bizcocho del domingo que estábamos reservando. (...) Intentamos ir guardando por lo que pueda pasar", dice, al tiempo que reconoce que apenas han podido comer sólido los últimos días.

"Nos quedan dos helados, dos paquetes de leche, zumos", concluye, enumerando su limitada dieta desde inicio del confinamiento.

Moncho Torres