EFEUrdaibai (Bizkaia)

La reserva de la biosfera de Urdaibai se convertirá en los próximos cuatro años en zona de experimentación para demostrar que una gestión forestal más sostenible puede mejorar la calidad y cantidad del agua de consumo humano, en el marco del programa europeo Life para el medio ambiente y la acción climática.

El área vizcaína acogerá el desarrollo del proyecto denominado Life Urbaso (que une las palabras en euskera "ur" y "baso", "agua" y "bosque" en castellano, respectivamente), en el que se han aliado como socios el centro de investigación y desarrollo agroalimentario y ganadero Neiker, la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), el Centro Vasco de Investigación del Cambio Climático BC3, el Consorcio de Aguas de Busturialdea y la Agencia EFE.

Urdaibai ha sido seleccionada como laboratorio por ser un espacio "muy representativo de la zona atlántica del País Vasco", además de ser un área "protegida", según explica la investigadora de Neiker Nahia Gartzia, coordinadora del proyecto, que está dotado con presupuesto de 2,2 millones de euros.

La comarca es deficitaria en agua porque, aunque llueve mucho en la zona, el recurso no se almacena y va a los ríos. Además, cuenta con plantaciones de pinos y eucaliptos que consumen agua en cantidad.

Su paisaje forestal es el de un territorio cubierto en parte significativa por una especie foránea, el pino radiata o pino de Monterrey, originario de California, introducido en la zona por un "señor" de Lekeitio en una Bizkaia desforestada a principios del siglo XX.

La virulencia con la que desde 2018 se manifestó la enfermedad del pino conocida como la banda ha afectado a esas plantaciones y algunos propietarios han optado por sustituir la especie por eucaliptos que crecen rápido consumiendo mucha agua en su juventud y que al llegar a la edad adulta se cortan, sin más esperas, para aprovechar su madera.

Resulta que el eucalipto es "como jamón de jabugo para la pasta de papel", según comparación de Ander Arias, jefe del departamento de Ciencias Forestales de Neiker, quien señala que el problema radica en la gestión que se hace de la especie, ya que "es muy distinta la cantidad de agua que consume un bosque joven que uno antiguo".

Con el proyecto Life Urbaso se pretende demostrar que haciendo una gestión forestal diferente, con una silvicultura alternativa en la zona, se puede mejorar tanto la cantidad como la calidad de agua en los puntos en los que se capta para destinarla a consumo humano.

Para ello, según detalla la coordinadora de la iniciativa, en los cuatro puntos de captación en los que se va a experimentar se van a generar "tres anillos de zonas protegidas", en los que Neiker va a implementar una silvicultura diferente en cada uno de ellos.

El primero se transformará "en un bosque de ribera con especies autóctonas y un fotobosque para sujetar el suelo y reducir la cantidad de sedimentos" en la captación de agua; el segundo acogerá una silvicultura "de bajo impacto para también reducir los sedimentos" y el último anillo tendrá, asimismo, silvicultura de bajo impacto, "pero con algo más de metalización", según detalla.

Es intención del equipo investigador elaborar una guía para que las conclusiones de la experiencia se puedan replicar en Euskadi y en Europa.

Para la experta de la UPV/EHU Ane Zabaleta, "si cambiamos hacia un tipo de bosque menos denso en cuanto a cantidad de árboles y de otro tipo de especies cuyo crecimiento es más lento" con el objetivo, no de extraer madera, sino mantener el ecosistema y la cantidad y calidad de agua, "vamos a notar diferencias".

La Universidad del País Vasco se va a centrar en hacer seguimiento de la cantidad de agua y su calidad en relación a los sedimentos o partículas procedentes del suelo que llegan a los puntos de captación que se van a controlar.

"Cuando hacemos la gestión forestal habitual" y "quitamos pinos y eucaliptos para sacar madera, el suelo queda desnudo, llueve y las partículas de suelo se transportan hasta el río y llegan a la captación" de agua, explica Zabaleta.

Según indica, "cuantas más partículas de suelo llegan a la captación el tratamiento a aplicar -para que el agua se pueda beber- es más costoso", con lo que si llegan menos partículas "nos ahorramos un dinero en la potabilización de ese agua que podemos invertir en mejoras de otro tipo".

Por ejemplo, se podría destinar a compensar a los propietarios de los bosques que disminuirían su actividad económica y beneficios con un eventual cambio hacia una gestión forestal más sostenible.

Es lo que se conoce como "pagos por servicios ambientales", que tratan de incentivar una mejor gestión teniendo en cuenta la contribución de la naturaleza al bienestar de las personas y cuya viabilidad en la comarca va a investigar el centro BC3, según señala el investigador de la entidad Bosco Lliso.

Según este especialista, se va a medir lo que perderían los propietarios privados con la aplicación de una gestión forestal menos intensiva "o más natural" a cambio de beneficios en el agua.

Este sistema se ha aplicado en distintos países y en Europa, por ejemplo, se puede ver como un pago por servicios ambientales la distribución de fondos por parte de la UE a los granjeros para compensarles por la implantación de "ciertas prácticas" en las granjas.

El experto destaca que "lo importante es que no se obligue a la gente a hacer nada", sino que los propietarios se impliquen a través de un programa participativo.

En el Consorcio de Aguas de Busturialdea se ve con interés el proyecto Life Urbasa ante la posibilidad de que sus resultados permitan aumentar el agua en una comarca en la que falta, según el representante de la entidad Xabin Lauzirika.

"En invierno habitualmente no hay problemas pero en verano sí que hay problemas reales de escasez de aguas y con los caudales ecológicos de los ríos ya que nos los bebemos", indica el técnico del Consorcio, que gestiona 39 captaciones de agua superficiales y abastece a una población dispersa que suma unas 50.000 personas.